
El lugar de los ritos
La toponimia delata un lugar mágico
fuera de las expectativas de los lugareños
que han perdido la continuidad del relato.
Lagares Celtas, piedras enormes talladas
en las que el caminante imagina sacrificios
o fiestas de la vendimia pisando las uvas.
Tres paisanos se afanan en repartir el riego
por inundación ancestral de sus olivos,
ingeniería del agua sobre árboles centenarios.
El lugar semiabandonado, levemente señalizado
desprende un aura de lugar comunal
ya olvidado e integrado entre vallados privados.
No es difícil imaginar la comunión con la naturaleza
en estos parajes místicos de ceremonias y cultos:
al llegar la primavera celebrarían el culto a Ataecina,
diosa ctónica de la fertilidad y el renacimiento;
en el otoño los ritos serían alrededor de Sucellus
dios lusitano de los bosques, la medicina y el vino.
Un caballo pasta con lentitud y mirada perdida
en el prado aledaño sombreado por alcornoques,
único vestigio ya de la vida pretérita de los Lagares.
