Poema 619: La panera de la tía Fernanda

La panera de la tía Fernanda

Los rostros han sufrido trabajos y desgracias,

nadie está indemne, pero hacen bromas,

algunos cuentan chascarrillos novedosos

mientras en el horno de Pereruela hierve el pote.

Nos conocemos desde la infancia,

esa que rememoran unos y otros entre ruinas,

cárcavas, tirachinas, juegos de toda índole,

casas abiertas, familias, genealogía,

ubicación precisa en el espacio-tiempo.

Existe un espacio común y un personaje aglutinante,

trabajo, planificación-improvisación y recursos,

mucha cooperación y la voluntad continuada

de permanecer ajenos al tiempo.

El lugar, antigua panera de la tía Fernanda,

es un habitáculo singular y mágico,

conservado y mejorado,

lleno de recuerdos y novedades.

El éxito es el acudir presuroso desde los extremos,

la cordial acogida de quien aparece con discontinuidad,

la risa franca, generosa, hospitalaria y descomunal.

Los lazos que unen a unos y a otros son enrevesados,

diversos, a veces difusos, pero siempre vitalicios y definitivos:

parentesco, amistad, deporte, afinidad electiva,

la integración amalgamada de comer juntos

cada cual con sus costumbres ancestrales y caprichosas.

El oasis permanece en la memoria esencial colectiva

bajo la apariencia de la despoblación y la ruina,

el empeño de los puntos cumbre de felicidad activa.

Poema 618: Espectáculo

Espectáculo

El espectáculo turístico de filas de encapuchados

se repite cada año tras la primera luna llena de primavera,

la teatralidad del juego adopta un aire solemne:

obediencia y orden, disciplinas propias y ajenas,

espíritu gregario de la masa que desfila

y enseñoramiento de figurones que van y vienen.

Los capirotes entroncan con una inquisición extinta,

difuminan la individualidad en la masa,

marchan al son de cornetas y tambores.

La religiosidad de cada cofrade se integra en la congregación,

un intento ascético de llegar a un trance rítmico

al difuminar la conciencia individual en el conjunto.

El patrimonio iconográfico fue una inversión exitosa

proyectada en un futuro de siglos:

tallas impecables, colores, una escenografía trágica,

toda la crueldad humana enfocada en un mártir.

Varias proclamas, saetas, cánticos dispares

acompañan a los penitentes en su deambular,

discursos vanos, carentes de contenido real

párrafos virtuosos que una IA lograría en segundos,

alejados de la realidad mundanal sangrienta.

El conjunto escénico mueve la economía turística,

cientos de cámaras apuntan a cada virgen,

cada instante diferencial diurno o nocturno,

cada novedad intercalada para alimentar la llama

en un juego relumbrante de intensa exhibición.

Poema 617: Allí estaba Ray

Allí estaba Ray

Allí estaba Ray, pero yo no estaba del todo,

merodeaba entre mesas de novedades

y de clásicos reeditados con portadas increíbles.

Llegaba desde otra no-concentración estética:

Maruja Mallo charlando con Paloma Chamorro

en la bahía.

La luz azulada, grisácea, a veces verdosa del mar

se fundía en la geometría tan estudiada de la composición,

en desnudos perfectos, en rostros de trazo-secuencia

como si quisiera simplificar la apariencia de cada persona.

Ray decía cosas interesantes, algo capté en un altavoz

que se enseñoreaba de libros de todos los colores:

–Las nuevas IA podrían confundirse con un escritor malo–, decía,

mientras el presentador evocaba sus propias lecturas.

A Ray no lo he leído todavía, aunque tengo un libro suyo

adquirido al principio de los tiempos: El hombre que inventó Manhattan,

supongo ahora que escrito aún en sus tiempos con Cristina.

Ray tiene un parche en un ojo, cicatriz de un tumor que casi lo mata,

enuncia con voz grave su ausencia tecnológica,

el alivio de que aquella pelota cerebral no era culpa suya.

La librería era un hormigueo de ávidos lectores eruditos,

dependientes nerviosos por las ventas,

por el cómputo de la montaña de libros del autor disponibles.

Afuera resonaban los ecos de tambores pascuales

que la brisa del mar transportaba por las rúas comerciales.

Poema 616: Imágenes futuras

Imágenes futuras

El ascenso hacia el ocaso es arduo, sudoroso, vital,

pesan las piernas y pesa el cúmulo de recuerdos,

la edad y algunas desgracias colaterales

en las que puedes ver reflejada tu propia imagen futura.

Asciendes en pos de la juventud, de tu propia juventud,

elevas la vista y atisbas una cumbre panorámica,

flores de brezo, el océano a la izquierda, rumor de olas,

un verano futuro en el que nada era imposible.

El poso de la desmemoria llama insistentemente,

desaloja las imágenes presentes, ese encuadre magnífico

que consigues como trampantojo de tu presencia,

la belleza programada y mostrada como trofeo de viaje.

Acumulas vivencias, aventuras, ejercicio, fuerza,

bulle tu mente en busca de sendas lunares, cielos rosáceos,

una cierta individualidad creativa entreverada de diálogos,

la pausa que simula inmortalidad en un engaño holístico.

Conviven las tradiciones autárquicas con el bullir turístico,

vacas al sol de los pastos coloreados por el pintor,

que copulan, paren, enferman, son exprimidas

cuando el voyeur desaparece en sábanas pasteurizadas.

La naturaleza en la que simulas licuarte es hirsuta y espinosa,

muestra flores y coloridos señuelos antes de engullirte,

es parte de ti y tú eres parte de ella, en una amalgama

ineludible, mística, evolutiva, consentida y esencial.

Cierras el ciclo de la senda zigzagueante y escabrosa

tomando una cerveza en la pradera marítima y animada:

decenas de semejantes burlando la subsistencia remota,

un humano acompañarse en una intimidad resplandeciente.

Poema 615: Domingo de Ramos

Domingo de Ramos

Rayos de sol tras la tormenta de anoche,

una borrasca con gran aparato mediático:

nombre masculino.

Anhelo la orfandad de las borrascas.

Los rayos de sol contrastan con el fondo de niebla

en la colina del Barrio Grande.

Los rayos no tienen nombre todavía.

Un coro de pájaros saluda alborozado

la quietud y los reflejos del alba.

Píldoras mínimas de arte o de poesía banal,

en esta quietud de Domingo de Ramos.

Resquicios meteóricos y silencio,

golpes de compás y de mando. Pasos.

Alborozo simbolizado en la borriquilla de cartón piedra,

un recuerdo inmortalizado por una fotografía,

otra luz, otra edad, otras esperanzas.

Poema 614: Márgenes

Márgenes

Escribo desde la centralidad del sistema,

no en los márgenes ni en la periferia,

lejos de la montaña y la llanura,

esas que a veces me llaman

y a las que acudo desde mi privilegio

de hombre blanco hetero con estudios.

Acomodado en mi sofá se infiltran noticias de magnates

o desdichados paganos de la avaricia;

se entrelazan con avances científicos

o pequeñas joyas culturales no para cualquiera.

Fotografío la luna creciente o la puesta de sol abrileña

preludio de las mil lluvias del refrán,

escucho Pulchinella potenciando los graves,

mientras paseo la vista por docenas de libros

a cuál más fascinante y prometedor.

Casi en los márgenes he debatido sobre el miedo,

el temor, la preocupación, el efecto subjetivo

que las palabras producen en quien las recibe.

Mi subconsciente ha evaluado a un sospechoso:

forma, tamaño, volumen, actitud al caminar;

lo he ignorado al no considerarlo peligroso.

Hoy no he paseado ningún libro en la tarde calurosa,

he leído una inscripción en la Fuente de la Salud

sobre unas tropas francesas acantonadas allí

hace dos siglos y medio largos, sin continuidad de días,

y he caminado de vuelta a mi referencia hogareña.

Un cierre cíclico del deambular centrífugo,

el placer de estar clausurando la tarde poética.

Poema 613: Mapas

Mapas

Desvistes una vez tras otra la realidad que tus sentidos detectan

cual murciélago que emite sonidos y recibe respuestas.

Construyes un mapa mental que das por bueno,

por veraz y por perfecto, aunque solo es tu mapa mental.

Puedes ser un maestro del puntillismo o del cubismo,

esmerarte mucho, entrenarte en perfeccionar los detalles.

Sólo tú posees tu mapa.

Tratas de aproximarte, –casi siempre inútilmente–,

a quienes crees que elaboran mapas e imágenes parecidos a los tuyos.

Cuando consigues un pretendido acercamiento

se produce comunión y gran alborozo.

Aprendes a mostrar solo la punta del iceberg de tu concepción holística,

construida con retazos de percepciones, de estudios, de lógica, de erudición,

del caminar errante aquí y allá.

Te cuesta mucho imaginar los mapas ajenos.

Cuando consigues conectar las fronteras de ideas ajenas periféricas

obtienes tu atlas del mundo.

Necesitas un salto dimensional o un agujero de gusano

para poder alcanzar a vislumbrar otros mundos.

Poema 612: Flores

Flores

Vivo en un mundo veloz, lleno de eventos,

algunos programados,

la mayoría improvisados al subirme en trenes

que deceleran para que pueda incorporarme en marcha.

La belleza asoma tras las nubes

de una tristeza siempre atenta a ocupar los espacios vacíos.

¿Eres feliz?

Solo en algunos instantes soy consciente de esa felicidad.

Mi optimismo me hace saltar de flor en flor

sobre campos embarrados y fertilizados.

Flor poética, flor de conocimiento y aprendizaje,

flor de un cariño inesperado, flor risueña de grandes besos-pétalos.

Cuando yerras el salto caes y te embarras,

hasta que la lluvia te limpia y renueva.

En la caída definitiva pasas a formar parte del humus Interfloral.

Poema 611: Eclipse

Eclipse

No había previsto el acontecimiento,

pedaleaba despistado saliendo de la ciudad.

En un semáforo me detuve a mirar el móvil:

a las once treinta uno la científica whatsapeó:

–…estoy viendo el eclipse, ya ha comenzado…–

Me senté en un banco sabiendo que no podía mirar;

nubes, el filtro magnífico, –y fugaz–.

La primera fotografía fue una maravilla;

corrían veloces las nubes, había que esperar.

Coloqué una serie de cuatro instantáneas en Instagram

con música de Jesucrista Superstar.

La científica recomendaba una radiografía o un filtro específico,

también habló de una piedra de obsidiana azteca.

Hubo una discusión en el grupo sobre si el vidrio volcánico

era o no apto para proteger la retina, del hijo de Tea e Hiperión.

Declinaba el eclipse, –una luna que mordiera al sol–,

un mínimo pedacito visible en estas latitudes.

Solo los colores filtrados por el sol en las nubes atmosféricas

denotaban el abandono astral, la luz inusual,

un coro de pájaros revueltos, la expectación mundial

y el ínfimo poder del ser más poderoso de la humanidad.

Poema 610: El Puente

El puente

BRAN deitándose sobre o río
a cabeza nunha ribeira, os pés noutra,
dixo: Quén é o deus que seña a ponte!
E asi o pobo e o gando poideron pasar
dun país a outro.
                  Álvaro Cunqueiro. “Herba aquí ou acolá”

Los sauces llorones tienen que llorar,

si les podas las lágrimas, se secan.

Apoyado en el pretil del puente medieval

observo la crecida inusual del río Pisuerga.

Vibran las piedras por el golpeteo del agua

o por la necesidad estructural de esa tolerancia.

Recordé la predilección de Cunqueiro por los puentes,

la sensación de equilibrio al observar la corriente.

Puentes de madera, puentes colgantes, puentes levadizos,

un arroyo de montaña con un puente elevadísimo

o el solitario lugar de lectura anhelado

escuchando la cantarina voz de un riachuelo.

Siempre aconteció un puente en mi camino,

mas nunca sentí la vitalidad de la piedra,

el movimiento transferido al cuerpo

cual orgánico abrazo a un árbol.

El puente medieval recién restaurado

alberga un gran sauce muerto entre sus ojos,

la corriente agitada de aguas revueltas lo castiga

en un espectáculo decreciente y magnífico.

La estructura se ha fundido conmigo un instante

acomodando su esencia pétrea a mi carne:

quizás Bran al fin se transfiguró en puente.