Poema 749: La luna de los miopes

La luna de los miopes

Sale la luna sobre el lago por entre las montañas,

anaranjada y decreciente amplifica su volumen

al mirarla desde mi miopía del siglo veintiuno.

Las moles montañosas se superponen en planos indiscernibles,

crean una sensación de sueño o irrealidad.

Miles de luces cual luciérnagas fijas

surgen de la ribera, estratificadas y aleatorias.

Los grillos silencian todos los ruidos nocturnos,

oscuridad de siluetas iluminadas por el satélite convexo

mientras descansa el mundo a orillas del gran lago italiano.

Se entremezclan los palacios con la arboleda

en estas noches irrepetibles del agosto caluroso.

La montaña penetra en la villa en forma animal,

observatorio privilegiado de insectos noctámbulos,

o un macho cabrío que pasta distraídamente

antes de saltar liviano entre bancales y vallados.

La estela lunar convierte la visión sin lentes

en alucinado impresionismo imaginado,

ora definido, ora difuminado en multitud de luminarias.

La inseguridad del miope se vuelve arte,

belleza, formas fantásticas y lugares evocados,

una constelación propia y enigmática

antes de aguzar la vista en una transición onírica.

Tratas de aprehender toda la belleza plana,

sin puntos de fuga ni composiciones áureas,

una suma humana de avances e invasiones imparables

desde que Turner inmortalizara el lago en el diecinueve.

Descansa el valle de las campanas diurnas,

de todo el tráfico turístico en ambas orillas,

de las hordas de pasajeros que desembarcan

invadiendo plazas y callejuelas, tiendas y cafés

en la búsqueda de la mejor fotografía instagrameable.

La luna ilumina la paz, el sosiego y el descanso

antes de una nueva jornada exploradora.

Screenshot

Poema 13: Niebla

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Vuelve Turner, un bidón ardiendo,

el sacrificio de la luz tamizada, bordón

que surge de las tinieblas y te reclama,

voz encinta, sensual, monocorde.


Atraviesas la barrera psicológica

de tu timidez, accedes al virtual mundo

neblinoso e incógnito de tu fantasía,

el reino de lo posible, de lo deseable.


Ella te espera, te desordena,

prolonga tu deseo, lo moldea,

súcubo de formas sibilinas,

envés de tu lujuria desmedida.


Practicas un ritual de sensualidad,

en libre asociación de inventiva abstrusa,

veleidad divino tesoro, otrora nefando,

hoy encumbrado cabalgas colosal.


Un fornicio de brumas y leyendas,

placer de etiología incógnita,

accesible en la unicidad decembrina,

salmodia monótona, voz de arúspice.


Regresas del mundo sensual, ahíto,

extraes con sumo cuidado tu cuerpo

del color amarillento del óleo magistral,

frotas tus manos frías sobre el fuego.


Eres el mismo ser, transformado

por el conocimiento supino de la diosa

desterrada por su femineidad aventurada,

voz, faro y guía del universo mundo.


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