Poema 308: Ese tiempo desperdiciado

Ese tiempo desperdiciado

Ese tiempo desperdiciado no es mío,

es algo ajeno que me acontece y arrolla,

el vehículo imparable, gran tonelaje

de banalidades sin fin.

Raramente me enojo cada día

solo sombras de puerilidad o de imbecilidad

una invasión capitolina, una balanza

en la que no salgo bien parado.

El enorme placer de madrugar en soledad

de contemplar los tejados blancos por la helada

o la luna que ya difusa se oculta deprisa

como si no quisiera ver el desmadre

de tipejos que no cumplen las normas pandémicas.

La belleza es de una soledad desconcertante,

también la lectura,

abro un cuaderno con páginas blancas por delante

y garabateo lo que libremente fluya

sin cortapisas ni censura.

La alegría es efímera, o al menos esa alegría.

Soy consciente de que vivo dedicado a una suma

de instantes:

fotografías en ese momento de luz, un encuadre

efímero en un barrido ciclista,

el olor de un bosque en el que encuentras un níscalo,

esas nubes de formas aleatorias movidas por el viento.

Llega enseguida la alegría social impostada,

el juego maldito en el que acepté participar.

Estoy sometido al contraste necesario,

a un contrapunto de muchos instrumentos que dialogan,

una suma neoliberal de valores cotizados:

familia, soledad, abrazos y besos,

buenas y malas noticias, inestabilidad, energía,

ese instante en que la orquesta resucita las Variaciones Enigma,

una voz que decanta notas mágicas tras una ventana

horas antes del solsticio.

Mi tiempo social es melifluo,

contrapesado por decenas de libros apilados

esperando su lectura urgente y deseada.

Cuando haga balance vital habré olvidado los intersticios,

ese tiempo ya inexistente

en aras de belleza, cariño y una cierta soledad de fondo.

Poema 285: Time

Time

No hay tiempo

para esto o para lo otro,

desvías minutos egoístamente,

pierdes las horas muertas,

inconsciente, tecleas el móvil.

Los perfiles de las montañas,

múltiples planos superpuestos,

secuestran hipnóticamente la mirada,

bruma, verde,  fractal,

imposibles de aprehender en una fotografía.

Prados, robles, castaños,

piedras de formas caprichosas,

vacas, cabras, ovejas rumiando,

atraen, imantan, llenan los oídos

de música natural.

El tiempo vacacional llena vacíos,

despierta intereses olvidados,

ocupa, expandiéndose, intersticios mentales,

puedes despreciarlo un instante,

pero entonces redescubres su valor.

Las caminatas al amanecer sustraen

horas al sueño, tiempo de cama inerte,

se cobran después minutos en la siesta,

absorben cualquier instante del día

en el que poder caer en brazos de Morfeo.

Pero la redistribución del tiempo está ahí,

puedes hacer cálculos de ciclos de sueño,

aprovechamiento mental o juego,

conversar con alguien o leer,

al final la suma de todo tiende a coincidir.

Sabes que existen dilataciones: leer, viajar, meditar,

en esa búsqueda te desordenas,

en el arte, en la música, en llenar los espacios

mentales con los que haces tu cómputo;

ese es el truco de los dioses que no siempre funciona.

Poema 232: Cada día

Cada díaIMG_20190821_181922

Cada día existe un tobogán en tu vida,

cada día te vuelves loco un rato,

alcanzas cimas vitales y te desesperas

por tu perra suerte que es la de siempre.

 

Naufragas en la imagen que recibes del espejo,

te emocionas cuando alguien te abraza,

dedicas medio día al mundo virtual,

acechas al tiempo para ver como estirarlo.

 

Cada día tienes un rato de lucidez:

miras la magnífica geometría de las nubes,

descubres una luz o un instante de silencio,

te emocionas con una canción antigua.

 

La coraza que te pones puede durar unas horas,

luego empieza a resquebrajarse,

te deja indefenso y vulnerable:

un solo recuerdo puede trastornarte.

 

Cada día llegas a dudar de todo,

a bosquejar el vórtice de tu vitalidad,

sopesas los hilos invisibles que te unen

a tu centro de gravedad permanente.

 

El juego de luces y espejos venecianos

te desampara o eleva, te derrota,

te hace fuerte y escéptico

para volver a sonreír a borbotones.

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