Poema 337: Ligaduras

Ligaduras

No participo en el secreto,

si participase, ya no lo sería;

sí comprendo la lentitud y en ello estoy,

en ese caminar despistado por el paseo

de lo que antes fueron almendros y hoy son plátanos,

de esa mujer con tacones y una correa en la mano

mientras su perrito husmea y micciona.

Llueve con esa calma que silencia la noche,

este lunes recuerda el confinamiento,

largas veladas de series televisivas,

apenas el ruido de la lluvia y el frescor que deja.

Se detiene y parece que observa

pero está distraída, protegida por la presencia

viva y animada de su animal.

Quizás nadie la espera,

su ligadura emocional está ahí

maravillándose de un olor nuevo o un rastro.

Otro solitario custodio de perro saluda,

hay una sonrisa retenida por la espera,

los perros también se miran y olisquean.

Poema 286: Canto del caminar

Canto del caminarIMG_2075

A media luz, tras el ritual del despertar,

atraviesas un pueblo ajetreado en sus huertos,

lindo caminar sin otra intención que el placer

sensorial encerrado en tu caja craneal.

 

Ahí sumas experiencia, intuición, imaginación,

la vida que pasa por delante cada año,

miedo a extraños ruidos del amanecer,

la locura o el olvido que pueden acaecer.

 

Se afana el agricultor en abrir la trampilla

del riego por inundación, ingeniería del surco,

voracidad de la invasión acuática

murmullo de las acequias llenas de vida.

 

Asciendes por pistas y sendas tan diferentes

de las que has conocido en tu  niñez,

de los caminos que hollaron tus antepasados

en la meseta horadada por cuencas fluviales.

 

Te sorprenden las formas abigarradas de los árboles,

la piedra de aspecto fálico que parece coronar el valle,

la luz solar que va abriéndose paso por las gargantas

y torna dorada la penumbra y la oscura masa vegetal.

 

Tus piernas son tu conexión con la naturaleza,

ellas te permiten ver aquello que poca gente ve,

subir y calcular y volver, son tu medio de transporte,

la forma de huir si te acechan varios perros salvajes.

 

Por allí hay un canchal, aquí un manantial, allá

una torrentera que ahora baja seca y descarnada,

un pilón lleno de agua te muestra el ganado que no ves,

huellas, boñigas, silbos, cencerros, el todo habitado.

 

Decides regresar sin acercarte siquiera a las cumbres,

deben seguir siendo inaccesibles para ti,

son la ilusión por cumplir, el proyecto de tu madurez,

la medida creciente de esperanza y futuro.

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Poema 265: Geometrías del confinamiento

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La línea del renglón se inclina hacia abajo

como lo hace la señora que camina por la calle

con su bolsa de la compra repleta de alimentos.

 

Se cruza con una encapuchada de un azul tenue

que marcha veloz y silenciosa, en línea recta.

 

El perro zigzaguea aleatoriamente,

los ojos envidiosos del observador trazan un camino,

seco y anguloso

el que une su balcón con el cono de luz del movimiento animal.

 

Los palomos se esparcen a sus anchas en la enredadera

planean siguiendo una curva suave de aterrizaje en el césped

plagado de margaritas.

 

Las ondas musicales tras el aplauso a las ocho de la tarde

reverberan en los edificios hasta extinguirse

se acoplan con otros reproductores en curva sinuidal.

 

Enfila recto el vehículo de la policía tan alborotada

por el estado de alarma tras veintisiete días.

 

Subo y bajo escaleras una y otra vez en un circuito helicoide

procurando no tocar las barandas,

concentrado en pulsaciones y tiempo de ascensión.

 

Las pelotas de ping-pong sobre la mesa del salón

describen parábolas invertidas

antes de chocar con los botes de tomate en conserva

que hemos colocado como red.

 

Las piezas del puzzle que hacen mis hijos forman un mapa

de fronteras coloreadas, cabos y golfos que se unen

en un rectángulo final de gran belleza.

 

Mi vista traza diagonales en la lectura de artículos de prensa,

a veces traza círculos en la difícil concentración de un párrafo

del tercer libro de lectura sofisticada.

 

El sol y las nubes diseñan formas caprichosas

vórtices de viento, conos invertidos,

un sumidero que parece absorber todas las almas encerradas.

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Poema 148: Nada parece ser realmente así

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Nada parece ser realmente así,

la imagen idílica de unas personas con sus perros

en un parque al atardecer:

casi es Navidad y conversan animados

mientras los perros saltan los setos,

corretean y hacen sus necesidades.

 

Unos pájaros migratorios vuelan en uve,

los niños los señalan, admirados de la disciplina de la bandada.

 

El pez, que desde hace dos años nada en la pecera

parece haber envejecido:

ya no hace cabriolas y burbujas

y a veces reposa en el fondo esperando la luz.

 

El hielo y la niebla invisibilizan a los palomos,

no así a sus excrementos que cubren el suelo.

 

La luna creciente, acostada, es apenas un hilillo;

suspendida del techo de una habitación infantil

transmite calma y serenidad bajo el frío del solsticio.

 

Cada cual ignora los termómetros urbanos hasta que es asaltado

por recuerdos de infancia sin calefacción,

memoria colectiva de cientos de miles de años

al raso o en una caverna al calor del rescoldo de una hoguera:

el hombre con el cartón de vino en el banco del parque.IMG_6646