Poema 626: Amistades físicas

Amistades físicas

Corríamos por el Pinar de Antequera

afianzando la edad desde hacía lustros,

también una amistad del corredor

intercambiando estados físicos y anímicos.

No paran de hablar esas mujeres caminantes–,

dijo el más alto de nosotros;

Van sembrando palabras por el pinar–,

le respondí en un arranque lírico.

Qué metáfora más bonita–, me espetó.

Algún día crecerán– le dije, –y no será tan hermoso–.

En estas, llegó otro poeta en bicicleta

y se detuvo, conversador y amistoso.

Las damas emprendieron el camino de vuelta

comentando asuntos procesales.

A diferencia de nosotros, la más alta iba en cabeza.

Terminamos el ritual dominguero

recolectando unos espárragos trigueros,

hablando de probabilidades y apuestas

y de los arqueólogos poetas o vigilantes jurados.

La liturgia amistosa por hoy había terminado.

Poema 609: Vuelta a casa

Vuelta a casa

Llegó como un lucero en medio de la lluvia

encendiendo los charcos con su sonrisa

dividida entre la alegría del reencuentro

y la pérdida de una amistad profunda.

Se adaptó a la nieve y a las circunstancias,

liberó un torrente de verbalidad atrapada

en días de intensidad memorable.

Su fuerza narrativa fue desgranando hechos,

sentimientos, análisis de causas y consecuencias,

un viaje soñado, planificado, esperado,

la velocidad con que se sucede la realidad.

Su presencia llenó de risa y de burbujas la casa,

quería ser escuchada en cada detalle:

mi hija desafiaba al sueño y al agotamiento

alternando entre la alegría y el desconsuelo adolescente.

La fuerza radical de decisiones volanderas

se acoplaba con el amparo de la escucha materna:

ojos repletos de ilusión vital, ávidos de experiencias,

precavidos ante la volubilidad de sus semejantes.

Dormirá múltiples horas seguidas en su cama,

asentará sus sensaciones y reinventará significados,

modelará su memoria y su consciencia,

fortalecerá su paso firme en la protección devota

de su centro de gravedad adolescente.

Su presencia completa de nuevo este hogar.

Poema 574: Seguimos igual

Seguimos igual

Preocupados por minucias cotidianas,

sorbiendo la belleza de las imágenes

cual moribundo que inhala oxígeno

incapaces de conciliar deseo y realidad.

¡Sujétame culpa ajena!

Se sortean las semanas con una lectura

o un cúmulo de música e imágenes

impermeables a la felicidad de cada hora

eternos figurantes en el infierno dantesco.

Las palabras, las emociones, la perspectiva

que enfoca en el hecho equivocado

para después nivelar los relatos del pasado.

Solo la inevitabilidad de la muerte

otorga un valor absoluto a las vivencias,

cuatro mil días de escritura nocturna

y una soledad que pesa con el mes húmedo.

Si te reconcilias contigo mismo tendrás la paz

dice el sabio, canta el poeta,

mas los murmullos y las voces mentecatas

provocan espejismos tras las lluvias,

desordenan la lógica esperanza de los tiempos.

–Homo homini lupus–, a través de los siglos,

de nada sirve la abnegación individual

frente a la asociación facinerosa.

La luz disminuye y solo queda purgar

el aventamiento de la inmundicia voceada.

Poema 569: Inmune a la belleza del otoño

Inmune a la belleza del otoño

Inmune a la belleza del otoño

corro por las márgenes, –caminos de sirga–,

del gran canal ideado para el transporte de trigo.

Una garza imperturbable aguarda

hasta el último momento;

despega elegante, azulada y altiva

para volver a darme otra oportunidad contemplativa.

No accede a mí la belleza,

no penetra en mis poros o en mi ser intrínseco

no llega a mi intimidad.

La máscara-cúpula protectora está activada,

Sin embargo, he atravesado por el parque

en el que la política plantó su sede,

transversal cual bicicleta sagital,

gotas de lluvia en el rostro, frío,

cumpliendo el reto matinal de la velocidad.

Sí me atraviesan en forma de hélice

las palabras de un artículo sobre deidades modernas,

la risa oculta, o la viñeta de la secuencia valenciana

en la que la cúpula de autoridad estuvo ausente.

La catástrofe nos bombardea cada día,

llena de barro nuestra conciencia

mientras soslayamos las lágrimas

en aras de una continuidad familiar y laboral

que equilibra el horror con la belleza.

Poema 409: La intimidad del poema

La intimidad del poema

Ese instante en el que has recogido la casa,

todo parece ordenado, según tu orden,

sientes que todo está limpio

aunque en un examen profundo haya polvo,

ácaros silenciosos o no,

el momento en el que a través de la ventana

coexiste el ruido de coches con el de pájaros

aún los árboles verdes y la vista

conserva un único acceso al campo como un tesoro.

En ese momento no vas a escribir

como un encargo hecho por ti mismo;

habrás encontrado un hilo o un motivo,

una necesidad expresiva en tu interior.

La intimidad del poema que escribirás

solo se mostrará según se vayan decantando

los versos,

las palabras, la uniformidad temática,

el ansia de todos los pensamientos que se agolpan.

Esa llamada inspiración puede surgir de otro poema,

o de una luz, una música, una soledad,

un estado emocional sensible a cualquier estímulo:

aprovecha el momento, parece decir tu otro yo.

Has encontrado quizá la forma de construir un poema

con ladrillos que has recopilado de aquí y de allá.

Después lo revisas y lees y relees,

pules esto y aquello, tomas decisiones,

evitas repeticiones y buscas sinónimos.

Una vez fuiste impresionista y otra adoraste las elipsis,

durante un tiempo hubo guerra en tus poemas,

la geometría que nunca te abandona.

Se podrán clasificar, –te dijo una voz íntima–,

en tres o cuatro temáticas,

sentiste entonces el corsé autoimpuesto

o la limitación de tu entendimiento poético,

pero no por eso desististe o aminoraste

el celo poético, el cauce de ideas manidas.

Te despides del poema como aquella pastilla de luz,

o el vago rumor de una campana que aquí no escuchas,

sin capacidad real de verlo en perspectiva.

Poema 406: El tiempo de la noche

El tiempo de la noche

La noche se extiende por las horas de la tarde

no es el frío, ni la lluvia:

en el pueblo nadie ocupa las calles desiertas.

Cinco caminantes con un libro bajo el brazo,

palabras, emociones condensadas,

pequeño teatro personal e íntimo:

algunas conexiones suficientes

para sostener vidas y sonrisas.

Desde mi butaca, una vez superado el sueño,

observo dos altillos decrépitos,

ventanucos mágicos en desuso.

Una vez más quiero asomarme a ellos,

repararlos, tomar posesión una vida entera,

calcular los difíciles ángulos diédricos con el tejado,

como aquella vez en la que construí una maqueta.

Allí hubo una vida que el tiempo de la noche ocultó,

rostros que escudriñaban el peligro,

quizás fusiles de otra época.

El tiempo de la noche invita al recogimiento,

al calor de unas sopas de ajo,

a las luces cálidas, anaranjadas de baja intensidad,

a sumergirse en voces susurrantes y acogedoras.

La poesía es un deseo al alcance de la mano,

nadie ha previsto el frío:

surge como un recuerdo cíclico

la promesa del lecho hasta el amanecer.

Poema 345: La máquina aleatoria

La máquina aleatoria

Tengo preparada la máquina de hacer poemas,

la engraso cada día,

busco los ingredientes, las imágenes,

y sin embargo no siempre funciona.

–Es random–, diría mi hijo,

inspiración, decían los antiguos,

predisposición mental o estado de ánimo,

puede llegar a pensarse,

y sin embargo hay un trabajo oculto, soterrado,

y existe el instante en que prenden unos versos

y una línea clara abre el poema.

Después, a veces en forma de avalancha

y otras de paciente construcción

fluyen las palabras, la prisa, la máquina,

se encienden los motores

y el torrente es ya imparable.

Quizás el poema que leo cada mañana

es una pieza de la maquinaria,

o la mirada atenta al espectáculo cotidiano

dentro y fuera de los muros del hogar.

Otras veces se llenan los ojos de color, de belleza

pero nada fluye,

no hay ruptura, ni corriente, ni vocación,

los estímulos y la motivación son minúsculos,

la batería de la máquina parece agotada.

Y repentinamente la ola sube y sube,

las palabras se agolpan, las metáforas,

algunas exageraciones y la fuente cantarina

del interior vuelve a manar,

corre ya imparable por la pradera

reverdece cuanto toca y lo dota de vida.

La tecnología de la máquina es cada vez

más avanzada,

simplifica los procesos, depura insustancialidades,

suaviza los ruidos y acorta los tiempos,

proporciona satisfacción en el proceso

y alegría tras el resultado final.

Poema 234: Arte y artistas

Arte y artistasIMG_20190818_161650

En el aire escasean ya las palabras

es otoño y pese al calor se nota el fresco

de la caída de la tarde.

 

Las palabras buscan arte y definen

con paciencia los recovecos y gustos no afines

evitan enredar o disolver el espejismo.

 

El arte convierte a los artistas en genios

los consagra y enaltece, los eleva a taumaturgos

ocultando la artesanía inicial y el aprendizaje.

 

Aprendices de formas y sutilezas

llenos de dudas de decisiones y de trabajo,

perseverantes o feroces en sus egos.

 

Trabajo afinado, reformado, mejorado

las dudas sobre la suerte o el azar

la capacidad medida por hordas de admiradores.

 

Azar en compañías y gustos, en llamaradas de amor

nichos y grietas por los que llegar al cielo

de todo lo que su genialidad ha intuido.

 

Cielo, producción etérea, post producción

ya libre de dudas, de miserias morales,

el viento a favor para la alta estima del mundo.

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Poema 205: Contradicciones

ContradiccionesIMG_3425

 

Las palabras muestran u ocultan,

sugieren caminos,

usan su libertad en el cerebro de cada cual,

expanden o contraen,

son rigurosas o poéticas,

se acompañan de música o de silencio.

 

Deseas soledad y el mágico recitar

del Cántico Espiritual a la luz del ocaso,

mas a un tiempo necesitas el barullo

caótico de los niños.

 

Urdes una historia de tres páginas,

la revisas y la encumbras en tu imaginario,

deseas pertenecer a ese mundo ficticio

en el que introduces amigos, roces cotidianos,

al mismo tiempo que te anclas a la vida real.

 

I need you, I don’t need you,

canta Leonard Cohen ya desaparecido,

su voz te embriaga de gravedad,

más de cuarenta años después

esa letra se encuentra con tus nudos

los traspasa y te deja desnudo y confuso.

 

Las palabras prometen e insuflan

valor o desesperanza,

crean mundos y los derriban

provocan lágrimas o comunión sublime,

son llave y veneno,

prosodia mágica de ascenso místico,

nexo y engarce de planos disímiles necesarios.IMG_3416 (1)

 

 

Poema 202: Homenaje

Homenaje

«¿Qué se llevan los muertos en el viaje?
¿Qué se abisma en sus ojos hacia dentro?
¿Hacia dónde cae o sube?»
José Manuel de la Huerga “La casa del poema”

IMG_20190201_105546Días, horas, minutos y segundos,

han pasado con vértigo de actividad,

con opiniones y voces,

protagonistas y ajenos al tiempo.

 

La palabra se hace casa y retorno

en las palabras inocentes de los alumnos,

voces inseguras, auténticas,

alejadas de cualquier impostación poética.

 

La casa del poema es mi tierra,

es tu tierra, el camino de tu infancia,

su voz recordada para sus familiares,

a cada cuál le llega un estímulo de emoción

en la sonoridad de un tiempo perdido.

 

Jóvenes y docentes, autoridades y amigos,

un cúmulo de seres vanidosos

o expectantes en la honra del difunto:

orden estudiado y trabajado,

discursos y alocuciones profundas,

un camino de palabras de serena armonía.

 

Ambiente cálido y de desasosiego contenido,

belleza y sencillez,

una ofrenda a los supervivientes,

símbolos y lentas frases pronunciadas

como ofrenda inmaculada,

quizás protección del viviente.

 

No todos caben por la ancha puerta,

el pudor bloquea más que los cuerpos,

el saludo y la sonrisa se elevan sobre lágrimas

ya serenas en la asunción de la ausencia infinita.

 

Expiación, purificación, catarsis,

decenas de humanos han creado una fraternidad

momentánea de ojos lacrimosos

y recuerdo ya mitificado o embalsamado

de quien perduran sus libros relucientes.

 

El acto es una comunión gloriosa de los presentes,

enaltecimiento y descarga de conciencias,

recuerdos y fijación en la memoria,

también ofrenda y respeto,

la sociedad unida en contra de la muerte.IMG_20190201_182058