Poema 652: El reino de Oku

El reino de Oku

A espaldas del conocimiento mundano

en un lugar mítico de la memoria

se hallan los vestigios palaciegos del reino de Oku.

De no existir la sala San Ambrosio en las redes

diríase un reino fantasma,

el reino surgido de la inventiva de algún explorador

decimonónico y olvidado.

Máscaras y rituales, tronos y lechos nupciales,

el saludo y la cesión documentada del monarca

ya desaparecido de este mundo.

La búsqueda del misterio me lleva a Camerún,

pero las regalías monárquicas nos transportan a un reverso

en el que las sociedades secretas regulan la ley:

instrumentos musicales exóticos y arcaicos,

la música y la danza son la poderosa medicina

que cohesiona con sus ritmos el poder del fon.

Campanas, tambores de ranura, idiófonos y guimbaras,

ritmos litúrgicos para alcanzar el trance.

La exposición de trajes ceremoniales con máscara

nos transporta a un altiplano verde esmeralda

en el que las columnas talladas del palacio real

o de casas como la de la guerra

dan idea del poder teocrático de los gobernantes.

Tronos tallados con profusión de elementos mágicos,

idolillos fetiche para la divinización del fon supremo,

personaje excepcional, juez máximo, gestor territorial

símbolo de la fecundidad y de la prosperidad de su pueblo.

Toda esta magia está expuesta en el palacio colegial.

Poema 530: Costa Lavajos

Costa Lavajos

La puesta de sol sobre el lavajo

tiene algo de mágico y ancestral,

el agua escasa en esta tierra de cereal

que antes fue viñedo y subsistencia,

la luz infinita que se demora en naranjas,

magentas, índigos, añiles, cobaltos…

Ha llovido en la tarde calurosa,

los futuros girasoles lo agradecen,

también las patatas, maíces, viñedos,

cuanto verde permanece en la campiña.

Huele al cereal aún no recolectado;

voy hollando con la bicicleta caminos

aún vírgenes tras la tormenta.

Las aves rapaces andan revueltas en un rastrojo,

planean, descienden en picado,

atrapan algún roedor que rebaña los últimos granos.

No hay mar, no hay sal ni yodo,

ni la brisa nocturna que equilibra el bochorno del día.

Hay planicie, cereal en sazón, un infinito mirar

hacia la curvatura excelsa de la Tierra,

el sonido del viento que mece las espigas,

la calma del lugar y la circunstancia.

Poema 517: La magia del campo

La magia del campo

Llueve, sale el sol, viento,

ni un alma en los caminos que llevaban a las eras

colonizadas por casas con persianas bajadas.

Huele a cebada espigándose, a flores en las cunetas,

limpios los campos, uniformizados

por el efecto de los selectivos herbicidas.

Se ondulan las colinas en esta perspectiva

sobre el valle ancestralmente habitado,

algunos árboles, caminos, divisiones humanas,

al fondo los elevados edificios de la ciudad.

Camino solitario en medio de la belleza,

de la luz de un sol que se filtra entre los pinos,

a escasos minutos de la música,

de la gran autopista exportadora de ruido infame.

Soy un punto minúsculo en el vasto espacio,

heredero de los domeñadores de la tierra,

en una tarde azarosa de primavera.

Poema 384: El Rey León

El rey Leon

Tantas ilusiones concentradas en la última actuación:

ensayos, vestidos, decorados,

la magia de juntar muchas habilidades en un instante,

belleza, inocencia y verdad,

todas protagonistas y todas indispensables.

Salvo en apariencia, la idea, la escritura y la tolerancia,

el arte de dirigir sin casi ser visto,

ahí radica la potencia mística de la suma de individualidades.

Supongo que el tiempo de hacer esta obra una vez más

y el anhelo social de libertad total

contribuyen a esa honda emoción desatada en la sala.

Se terminan los números, las canciones, el desparpajo

y llega el silencio atronador.

Todo es éxito, bondad, alegría en cada uno de los rostros.

La vida sigue pero la cumbre de ese instante

cambiará la percepción del futuro en todos los asistentes.

Poema 154: Algunas noches leía cuentos con mis hijos

Algunas noches leía cuentos con mis hijosIMG_20180126_224757

Algunas noches leía cuentos con mis hijos,

creaba un espacio de voces y magia,

marcaba las palabras o repetía tics que les gustaban,

a veces bostezaba y ellos se contagiaban.

 

Los besos reales se escapaban volando,

un dragón era salvado por una princesa de incógnito,

la ovejita rescataba al lobo de su soledad,

la bruja Margarita movía sus orejas con cada hechizo.

 

Eran tiempos felices que aún perduran,

días agotadores de pura supervivencia,

quizás podía desgranar un poema o un relato,

aislarme unos instantes del mundo de los niños.

 

A veces fotografiaba un anochecer

o una luna incipiente y hermosa en el frío invierno,

los muñones de los árboles recién podados,

las sombras y los reflejos siempre cambiantes del río.

 

La cebra Camila aprendía la lección de la vida,

el dragón Zog conseguía su medalla dorada,

el ratón pequeño conseguía burlar al Grúfalo

y el sucio señor García salía volando hacia el espacio exterior.

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Poema 142: Cada día

Cada díaIMG_20171117_171341

Cada día es un tesoro que esconde tesoros:

magia, belleza, misterio, sorpresas,

pequeñas perlas estimulantes,

hilos por los que viajar y continuar.

 

Inmersos en sobrevivir, apenas

alcanzamos a vislumbrar nuestra vida,

estiramos el tiempo y lo estamos encogiendo,

apenas leemos o reflexionamos,

ocupados en inventar eventos,

en sumergirnos en una vorágine

que nos impida pensar en la decadencia.

 

Cada día es una maravilla de imágenes,

ideas, textos breves de conocimiento

o recreo de los sentidos,

pero también de dolor y contrariedad,

de menoscabo personal o de decepción.

 

Cada día está plagado de noticias a toda página,

novedades efímeras voceadas

que duran un instante,

intercambiadas por otras aleluyas,

indignación real o fingida,

abismos que no conocemos pero imaginamos.

 

Cada día es un tesoro inapreciable,

una palabra o la voz amiga que te destaca,

un cómputo inaprensible de pensamientos,

una suma inabarcable de acciones,

la sensación de ser protagonista

en el interior diametral de unos palmos.

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Poema 129: He ascendido

He ascendidoIMG_20170815_105717

He ascendido hasta lo alto

de la Cañada Soriana Occidental.

El ascenso es vertiginoso,

cubierto de sudor escalo por las rocas.

 

Estas piedras ya existían, no el embalse

espejo minorado por la sequía,

sí estas y otras zarzamoras,

las ovejas darían buena cuenta de ellas.

 

El roble bajo el que me siento.

cobija una gran piedra-mesa;

es en realidad un balcón al valle del Ambroz

y a la sierra que corona el Pinajarro.

 

El día está caliginoso y no se ve más allá,

escucho centenarias esquilas irreales,

el grito rudo de los pastores, silbos y gruñidos,

veo el brillo de la navaja que corta el queso.

 

Moscas en torno al sudor, debió haberlas a millones,

huele a hierba de los prados colindantes,

un jilguero y un gallo lejano engañan al sonido de la autovía,

pueblos blancos entre la masa arbórea.

 

Un vacío histórico y una soledad placentera

me causan sensaciones contradictorias,

me siento minúsculo y a un tiempo inflamado de ideas

de deseos, del esplendor de la edad madura.

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Poema 7: La magia

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La magia

La magia ha hecho su efecto:

todas las fauces han engullido la poción amarga,

fuerza de la colectividad, enardecimiento.


La quijada del coyote descarnada, danza

alrededor del fuego, salta sobre las ascuas:

miríadas de chispas invaden el pequeño firmamento.


Los tambores se han detenido un instante

los cánticos aún resuenan en mis tímpanos;

el sonido mozartiano de un móvil perturba el trance.


Todas las miradas convergen en el transgresor;

dos fornidos ayudantes levantan el cuerpo liviano

extraen el teléfono y siguen el protocolo establecido.


La maza gigante, trasunto de martillo ceremonial

destroza el aparato colocado sobre un tocón de pino

con un golpe seco y certero que excita a la masa.


Trabajo me va a costar mantener la integridad física

del impostor: cada cual porta sólo la piel ceremonial

el mínimo atuendo necesario para la sugestión animal.


Tras la danza, el cántico rítmico y la apoteosis,

hombres y mujeres se adentran en las tiendas cónicas;

aún subidos en mi nube, copularán de forma primigenia.


Soy el espíritu de todos, maestro de voluntades conjuntas,

en mi elección privilegiada encuentro unos ojos diferentes,

una fuerza sobresaliente o una voracidad desmesurada.

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