Poema 539: El cuerpo desnudo

El cuerpo desnudo

El cuerpo desnudo tras el baño

en el agua fría que baja de la montaña

se mimetiza con las rocas, a pesar de su blancura.

Las piedras sobre las que se asienta

se han enfriado durante la noche.

El sonido de la cascada

oculta el canto de los pájaros,

todo es verde para los ojos y la cámara.

En esa pausa de integración con la tierra

la mente ha divagado por múltiples caminos,

sin filtros ni censura,

ensoñaciones varias en el paraíso idílico.

La aventura de caminar por rutas conocidas,

seguir la senda de riachuelos y cascadas,

adaptarse al calor seco,

propicia la contemplación extracorpórea

la fusión plena con el núcleo ígneo de la piedra.

El cuerpo desnudo se ha secado,

ha regularizado su temperatura

y aguarda el fin de las ensoñaciones

para iniciar el camino descendente de vuelta.

Poema 538: Días de bici

Días de bici

El calor húmedo de la Costa Brava

es insoslayable a finales de julio,

solo el pedaleo en compañía y el agua

mitigan el cansancio extremo.

La luz hiere los ojos al mediodía,

unas cervezas y unas aceitunas

atenúan la dureza de la ruta.

Ayuda, ánimo, una conversación,

la belleza natural del camino,

sentir la fuerza de los músculos

para manejar el peso de la bicicleta,

me hacen sentir un privilegiado

en estos días de descanso laboral.

El consenso estupendo en el grupo,

la tolerancia compartida y conocida,

el reparto generoso de roles,

convierten cada jornada en ilusión,

en descubrimiento de paisajes,

lugares, personas, historias míticas.

Una piscina en un pueblo anónimo

es un oasis temporal en medio del camino:

bajar la temperatura corporal,

ingerir alimentos veraniegos

para recuperar toda la energía posible.

La alegría personal se integra

en un júbilo comunal multiplicativo,

juegos de palabras, bromas recurrentes,

trivialidades que conviven con confesiones

profundas, íntimas o recién elaboradas

en las arduas jornadas pirenaicas.

La vida fluye alegre a través del esfuerzo,

de la asociación de mentes cultivadas.

Poema 537: Pirinexus

Pirinexus

El camino de ronda sobre la iglesia 

muestra el territorio fronterizo y defensivo,

en un lugar de la historia codiciado y cambiante.

El camino del exilio hace ochenta y cinco años

convierte estos parajes montañosos 

en míticas rutas de salvación.

El camino ciclista circular atraviesa la frontera 

a más de mil quinientos metros de altitud,

serpentea hasta Prats de Molló,

lugar inexpugnable de entrada a los Pirineos.

Coinciden todas las rutas mentales en planos paralelos,

en vidas diferentes, el metaverso del espacio compartido.

Los ciclistas han colmado sus retinas de verdes pastos,

de perfiles montañosos en planos superpuestos,

de un agradable sol de julio.

Descenderán siguiendo el curso de ríos pirenaicos,

llegarán al mar en una mañana calurosa de julio,

cerca de las excavaciones veraniegas de Ampurias.

Antes se habrán alojado en una casa de apariencia provenzal,

se habrán bañado en una cala preciosa y masificada,

y, agotados, planificarán la ruta del día siguiente.

Poema 536: Sendas volcánicas

Sendas volcánicas

Dentro del cráter surge la duda:

¿qué harías si esto empezara a temblar?

Dice la lógica, que lleva veinte mil años en reposo,

que cientos de miles de personas han pisado allí,

pero el atávico miedo a la erupción volcánica

permanece en algún lugar recóndito de mi cerebro.

Las imágenes que puedo recrear son ficción

o realidad a través de un objetivo:

soy el dueño absoluto del desastre,

del color rojo vivo de la lengua de lava imparable.

En los tubos volcánicos impera la música New Age,

el sonido del viento mezclado con agudas notas de violín

y los graves lamentos del contrabajo.

Me acerco al trance, a la geometría de la lava,

estafilitos, chimeneas, el azar del discurrir hacia el mar,

unas condiciones no aptas para la vida.

Los caminos humanos se abren entre los basaltos,

dividen la tierra baldía, conducen al epicentro

localizado con círculos triláteros;

allí uno se empequeñece y observa las formas descomunales,

la elevación del interior de la corteza terrestre,

el juego de presiones y temperatura que conduce

a la renovación estructural de las condiciones iniciales.

Poema 535: Aprovechamiento

Aprovechamiento

En el interior del cráter, abierto al Malpaís

los labriegos cultivaban la tierra fértil

rodeada de rocas volcánicas baldías.

En el centro geométrico del volcán

trazaron un círculo para compartir la era.

Los sectores de corona circular

eran arados por mulos y sembrados de cereal.

La mecanización del campo

derrotó este aprovechamiento del oasis.

Hoy los caminantes acumulan un cono de piedras,

dejan su pequeña impronta-reconocimiento

a quienes sobrevivieron allí casi tres siglos.

Poema 534: Casa de Pilar y José

Casa de Pilar y José

Tal y como imaginaba el lugar era fascinante,

vistas sobre la costa y calma, mucha calma.

La censura del Evangelio Según Jesucristo los trajo aquí

a la isla diferente:

Pilar buscó esta casa y la adaptaron para ellos

antes de que llegara el Nobel y el enorme reconocimiento.

La vivienda es ahora un museo, una memoria, un santuario,

una incitación a la imaginación de cómo vivieron

estos escritores eruditos y sus allegados:

sencillez, arte y muchos libros ordenados.

Ella modeló al escritor y vertió al castellano sus novelas,

le regaló tiempo para que pudiera escribir,

detallar, imaginar, sobrevivir.

Creó una biblioteca que es envidia y modelo,

un rincón de mujeres ordenadas alfabéticamente

para que sus libros no convivan con quienes las desdeñaron.

Vivienda blanca con carpintería verde,

jardín de membrillos, algarrobos y olivos,

recuerdos rocosos de su paso por el mundo,

cerámicas alentejanas, retratos, relojes y caballos,

todo un universo de seguridad en la fértil vejez literaria.

Poema 533: La promesa de los volcanes

La promesa de los volcanes

La promesa de los volcanes

es una esperanza y una sonrisa matinal,

alejarse de la ruta-paseo marítimo de clubes,

de locales con música y diversión decadente

tras la comida rápida precocinada.

Allá donde estuvo Raquel Welch bañándose,

secuestrada por un archaeopterix volador,

hoy florece un excepcional parque protegido,

un orgullo centenario de lavas y coladas.

El volcán de la Corona ofrece una referencia mítica,

aprovechada su falda para cultivos vinícolas

en medio de semicilindros protectores del viento.

La piedra del volcán es la base de la cultura,

el desarrollo de la inteligencia colectiva

durante generaciones de supervivientes.

El Charco de los Clicos, tan verde,

es una reminiscencia de algas y de azufre,

un contraste con el negro volcánico y el azul marítimo.

El paseo por Timanfaya promete paisajes lunares,

la visión aún virgen para el ojo del visitante,

una experiencia mística y sensual cerca del trance.

Poema 532: Volcánica

Volcánica

El disco opaco lucha con la calima,

aparece tras unas palmeras en la playa negra,

se eleva suavemente cual Atlántico golpeando

sobre los restos volcánicos insulares.

Deportistas de todo aspecto y condición

trotan o marchan sobre el paseo marítimo;

huele a café y a tostadas en los chiringuitos,

se desperezan algunos yoguis saludando al sol,

es aún la hora mágica de los madrugadores.

Al suroeste, siguiendo la línea de la costa,

las montañas volcánicas se vuelven doradas,

todo el paisaje africano tiene algo de irreal.

Me he sentado en la arena negrísima frente al mar,

unas gaviotas planean sin esfuerzo aparente,

se introducen en la espuma de las olas,

picotean aquí y allá en busca de alimento matinal.

Mis reflexiones son contradictorias,

absorben la línea costera, el lugar y el instante,

se llenan de júbilo por la belleza y la calma

añoran una juventud que se me escapa.

Poema 531: Tierra de Lavanda

Tierra de Lavanda

Violetas, campos violetas,

luz que pareciera provenzal

en surcos plenos de espigas olorosas,

tierra de campos góticos,

altiplano testigo entre valles fluviales,

el Sequillo, el Bajoz,

concentración de cultivo floral,

ilusión poblacional en medio de la nada.

Los cielos se alían en encendidos ocasos

decenas de estetas fotografían los campos

en contraluces agradecidos,

mientras degustan una cerveza artesana.

Todo surge del alambique: esencias, mieles,

lúpulos, jabones y perfumes.

Durante unas semanas al año,

hay color en los campos, turismo y esperanza.

Poema 530: Costa Lavajos

Costa Lavajos

La puesta de sol sobre el lavajo

tiene algo de mágico y ancestral,

el agua escasa en esta tierra de cereal

que antes fue viñedo y subsistencia,

la luz infinita que se demora en naranjas,

magentas, índigos, añiles, cobaltos…

Ha llovido en la tarde calurosa,

los futuros girasoles lo agradecen,

también las patatas, maíces, viñedos,

cuanto verde permanece en la campiña.

Huele al cereal aún no recolectado;

voy hollando con la bicicleta caminos

aún vírgenes tras la tormenta.

Las aves rapaces andan revueltas en un rastrojo,

planean, descienden en picado,

atrapan algún roedor que rebaña los últimos granos.

No hay mar, no hay sal ni yodo,

ni la brisa nocturna que equilibra el bochorno del día.

Hay planicie, cereal en sazón, un infinito mirar

hacia la curvatura excelsa de la Tierra,

el sonido del viento que mece las espigas,

la calma del lugar y la circunstancia.