Poema 638: Contactos

Contactos

La vida pasa a la velocidad de la amistad,

de los contactos presentes o pasados:

los indicadores de la levedad son invisibles

salvo para el ojo reflexivo de la consciencia.

¿En qué momento se bifurcaron los caminos?

¿Cuánta intimidad depositaste en otra alma?

El cerebro rellena los huecos vitales cortilargos,

traza líneas rectas en los olvidos,

cataloga las ausencias como insignificantes

o dota de gravidez y envergadura

aquella unión mística coincidente en la risa,

en la profundidad introspectiva del diálogo,

mitificando todos los aspectos incógnitos

en busca de un equilibrio imposible en la presencia.

El ritmo de tu vida deja atrás en las aceras

a viandantes tan queridos o admirados o locos como tú

que quisieron demorarse en otras artes,

o cuyas elecciones bifurcaron la comunión de un instante.

Hay presencias impuestas que acceden a un núcleo

de forma temporal o perpetua,

eventualidades, circunstancias, suma de intereses

pero también alianzas óptimas o espurias.

El observador cenital, divinidad o privilegio,

observará una coreografía infiel y evolutiva,

saltos cuánticos, apegos feroces y desengaños,

un lapso veloz de puntos bidimensionales

cuyos dibujos sobre el tapiz terrestre

definen la variedad multiforme de la vida.

Poema 595: Ascensos y descensos

Ascensos y descensos

La suma de incomodidades diarias

no está exenta de momentos brillantes.

El niño de apariencia frágil y pocos amigos

se ha convertido en un adolescente fuerte,

con gran personalidad, integrado en el mundo.

Desfilan ante mí –cuando todo se me olvida

imágenes cíclicas de abrazos, despedidas y reencuentros.

Inundaciones, soluciones a problemas diversos,

sobrevivir, por encima de todos los demás asuntos,

encajar, lesionarme, expandirme y correr,

ascender a un volcán o al pico Pinajarro,

esa suerte que me acompaña como un aura,

el miedo que se oculta tras una sonrisa

y el delicado equilibrio del agotamiento.

Y casi siempre la anécdota o el momento estelar,

esos que la apisonadora del tiempo va aplanando,

pero que superpuestos son ya cumbre y apogeo.

Cientos de poemas, casi nunca banales para mí,

me muestran esos cielos de auroras y ocasos,

el esfuerzo y el tesón, el enfoque en cada asunto,

la búsqueda de soluciones óptimas

y la minimización de los desastres inesperados.

Se pasa la vida y se pasan algunas oportunidades

de otros modus vivendi, otras cosmogonías,

una vida menos pública o el riesgo del éxito o fracaso.

El Universo expande tu mota de polvo cósmica

durante un instante infinito hasta desparecer.

Poema 450: Nada es fácil

Nada es fácil

Ni el amor, ni el olvido, ni la secuencia

finita de las rutinas diarias

esas que te enorgullecen o te envilecen,

los hitos a modo de máximos relativos

que te hacen soñar con lo extraordinario.

Nada es fácil.

Las órdenes mentales que tu cerebro dicta,

algunas automáticas, otras dulcemente pesadas

en la balanza de perjuicios y beneficios,

decisiones mínimas sobre el empleo del tiempo

o sobre las servidumbres laborales,

el veneno de la responsabilidad y el del placer

que te encumbra o envilece.

Nada es fácil.

En una mañana del verano creciente

se dilucidan decenas de decisiones juguetonas,

laberinto del que eres incapaz de escapar.

La recomendación psicológica es crear

una burbuja de presente continuo

en la que nadar y bucear y explorar,

ir sumando puntos vitales de gozo y dicha

con las menores restas posibles.

Nada es fácil.

Ni los beneficios esperados a corto plazo

por el peso del deporte en tu smartphone,

ni la dieta escasa en grasas, alcohol y proteínas,

ninguna de esas decisiones insoportables

te hará más sabio, más feliz, más longevo.

Nada es fácil.

El olvido, la contemplación de la ruina

en personas con las que has compartido risa,

mesa, el milagro de la amistad liviana,

eliminar el polvo y enfocar en primer plano

montones de libros, palabras, recuerdos,

símbolos de otras décadas ya amortizadas.

Nada es fácil.

Solo la armonía recóndita de estas palabras

libera un sustrato de bienestar;

cierto deseo y ciertas esperanzas mundanas

hacen que el resto del día se arrastre

en los caminos hollados por la masa,

en la música que anoche te sonrió un instante.

Poema 446: Llueve en la mañana de junio

Llueve en la mañana de junio

Llueve en la mañana de junio,

los heraldos destructores están llegando;

en apenas un mes

todo el poder se concentrará en el engaño

en mentiras aprovechadas,

en la ruina del pensamiento colectivo.

Vuelve la lógica del mentecato:

igualar a todos en la ignorancia,

sepultar las flores y la sutileza.

En los días infinitos cabe el solsticio,

crece la luna y alguna risa inesperada,

parece que no puedo detenerme

por miedo a que no me guste lo que veo.

Me cuesta mirar con intensidad poética,

me cuesta leer análisis políticos,

incluso en mis fuentes de información más cabales.

Cada uno construye su realidad

en forma de burbuja informativa;

ahora mismo estoy alejado de la masa,

por asepsia y por lógica, por prudencia.

Comprendo la pragmática económica

de los grupos privados mediáticos,

el ansia desmedida de capitalización pública,

el sistemático embeleco de mediocres

elevados a la fama por cualidades vulgares.

Nada nuevo en la cara vista de la Historia,

argucias, estrategias, imposiciones,

hoy más psicológicas que físicas.

Quizás existen inteligentes voces discordantes

a las que recurrir cuando el castillo de naipes

cae sin orden y sin culpabilidad aparente.

Todo es olvido y desmemoria,

destrucción y reconstrucción,

ciclos genéticos ascendentes pese a todo.

Poema 231: Las grúas del amanecer

Las grúas del amanecerIMG_6901

Las grúas del amanecer, hieráticas y dignas

sostienen la estructura

recién planificada y ya antigua.

 

La edad dispara contra la memoria

convierte las sensaciones en ilusiones

el fresco matinal en recuerdo inexistente.

 

Las grúas del amanecer construyen

sobre el espacio quemado de tu recuerdo,

verdes o grises, lentas y seguras

muestran la cara visible de tu desconcierto.

 

El huerto ecológico lleno de banderas

contrasta con el ruido incesante de camiones,

tierra-evocación desplazada

en busca de las entrañas de la Tierra.

 

Las grúas siguen allí en el ocaso

reflejan los rayos perturbadores de la luna llena,

hacen crecer el edificio sobre las ruinas.

 

No importa la edad ni la época,

silencian el olvido y dotan de brillo y asepsia

un espacio manchado de tinieblas.

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