Poema 651: Fuego

Fuego

El sufrimiento de los vecinos es indescriptible,

la tierra tan amada, los árboles, el paisaje

todo lo que parecía estable y nos sobreviviría

queda herido de muerte.

Dramas, animales, personas, casas,

todo lo que era sólido puede ser devorado

incluso la propia vida.

Las noticias descontrolan y amplifican los fuegos

la sensación de que un paraje conocido puede arder,

la concatenación de lenguas flamígeras,

la evocación ancestral de los rayos prehistóricos.

El cerebro reptiliano atesora fuegos antepasados,

establece alertas, miedos, horrores imparables:

nada ni nadie es ignífugo y llega la noche

entonces las llamas se vuelven colosales,

crean sombras dantescas, expresionistas,

y el crepitar destructivo impregna el silencio.

Siempre hay culpables, gobernantes, ingenuos pasivos,

motivos múltiples: pirómanos, despoblación, abandono.

La destrucción del espacio que has habitado

es un infortunio psicológico terrible,

una pérdida sensorial irreparable.

Mueren las aves alcanzadas por el humo,

mueren animales atrapados por las llamas,

mueren las esperanzas y los días futuros.

Poema 515: Lugares propicios para leer

Lugares propicios para leer

A menudo me descubro evaluando lugares

en los que me apetecería sentarme a leer:

casas, terrazas, bancos debajo de un árbol,

un acantilado protegido del viento terrestre,

la rotonda cuidada de un centro comercial.

En la cima de una montaña eché en falta un libro,

también en el embarcadero flotante del río;

no lo hice sin embargo en el contrafuerte visigótico,

pero sí me habría gustado hacerlo en Los Zumacales.

El invierno me sorprendió con un poema,

helado frente a la pista de skate;

deseé entonces el fuego familiar de una chimenea,

las llamas crepitando en la cocina de mi madre,

aislarme en medio del bullicio bajo la escalera del desván.

Y sin embargo, en esa localización de exteriores

rara vez me detengo a leer,

si lo hago solo es la pose de un instante

incapaz de ahogar la llama del deseo de lo inalcanzable:

cuando estoy aquí quiero estar allí

y entonces mi imaginación se desborda

y vive vidas que en realidad no me corresponden.

Poema 311: Seda

Seda

Aquella chica que lee acurrucada en el sofá

al lado de la chimenea

mientras todos duermen en la casa

está creando una imagen idílica para siempre.

No importa el libro, aunque lo memorizará

en su mitificación,

importa el lugar y la circunstancia, la belleza

el bienestar que está sintiendo,

lo singular que ella es en ese grupo y en cualquier otro.

Ya no es una chica, es una mujer

y se ha arreglado para tomar un café conmigo.

Casi solo existen sus ojos que devoran palabras,

enhiestas pestañas que los agrandan;

hace preguntas clave y con ellas crea un mundo

lo desarrolla en una maqueta

construye gruesos cimientos bien soportados

duda, y en esa duda está toda su energía.

La luz intimista de la chimenea dota de continuidad

a las palabras fabuladas,

después vendrá el esfuerzo, la evaluación

el gusto innato por aprender cada mecanismo.

La literatura ha amortiguado la competitividad.

Poema 287: Un día en el lago

Un día en el lago

El fuego del cielo es solo una medida,

existen muchas otras:

un castillo de formas rectangulares,

un problema de geometría entretenido,

bañarte en un lago entre risas infantiles,

observar la dinámica vital de una pareja joven,

la cantidad de tatuajes que llevan los bañistas,

y cerrar el ciclo otra vez con las nubes anaranjadas.

 

Sin mucho esfuerzo, olvidas la pandemia,

disfrutas de tu cuerpo al sol,

lanzas piedras que rebotan en la superficie

sin apenas olas del embalse,

una ardilla o un petirrojo son una novedad

en el mundo increíble de los niños.

 

El camino que rodea el agua tiene la forma de un ojo,

pescadores, parejas solitarias y adolescentes

ocupan su nicho en cada cala,

los peces zigzaguean en el agua transparente de la orilla,

los grupos de homínidos se refrescan;

el día transcurre de forma atemporal en la sombra.

 

Baile, movimiento, formas geométricas,

son simplificaciones, clasificaciones mentales

para poder transitar de forma ordenada por la vida,

casi todas las sensaciones se procesan por eliminación

de datos superfluos, idealización o demonización.

 

El castillo había sido destruido para convertirlo en silo,

la circunstancia que lo hizo posible es Historia,

tras siglos de conversiones religiosas y puritanismo,

el lago ha recobrado su pujanza de turismo interior,

allí mirando la superficie dinámica del agua

reconsideras el sentido inercial de todas tus decisiones.

 

 

 

 

 

Poema 194: El fuego

El fuegoIMG_2252 (1)

El fuego bello que en la mañana

ilumina mi rostro, transmuta

la orientación del pensamiento.

Llega la llama tras el verde incógnito

los charcos sobre la arcilla,

la maravilla de producción infinita.

 

El fuego me produce sosiego,

anticipa el curso escondido del Duero,

el desvío ya inevitable hacia las Maricas.

Deshago el camino, el físico

para instalarme en un mundo de ideas,

voz, imagen o relato.

 

El fuego es la alegría y el júbilo,

es calor en medio de la niebla o la helada,

una llama maderera,

también es ya la Tenoria de mi relato,

un día corriendo bajo la niebla,

es noviembre y la luz violácea de la mañana.

 

Cuando muera, el fuego seguirá tal vez,

unas manos ateridas lo alimentarán;

será la señal de vida y humanidad

en un mundo aséptico de futuro.

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