Poema 653: La casa de mis padres

La casa de mis padres

El regreso a la casa familiar está lleno de placeres:

coger higos directamente de la higuera,

comer un tomate recién cortado de la mata,

darse un baño nocturno en una piscina caliente,

disfrutar de una cena en el patio en medio de la familia.

Cantan los pájaros al abrir la ventana por la mañana,

el colorido es indescriptible: geranios, hortensias,

rosales silvestres o delicadas rosas,

ánforas de tiempos inmemoriales, una damajuana,

y el verde frondoso de setos, árboles y céspedes.

El centro de gravedad territorial es este:

las paredes que ayudaste a restaurar, el diseño

de parterres y huertos, el enjalbegado del recinto,

cavar y cavar para convertir un solar en un vergel.

Leer o escribir en este lugar es otro gozo matinal,

tanto como el cariño y el respeto que se respira

en medio del clan familiar siempre dispuesto a acoger

siempre dispuesto a cohesionar a sus individuos.

Poema 645: La casa del limonero

La casa del limonero

La fotografía de la contrapuesta de sol

alcanzó a recibirme enmarcando la casa amarilla,

un limonero feraz y una extensión enorme ajardinada.

Me maravilló el silencio.

También la luz, el aroma a hierba recién cortada,

La casa nos absorbió como si fuésemos hormigas

minúsculas, coordinadas, ordenadas,

pareció cobrar vida al limpiar las bajantes

de donde surgió imperial un hermoso sapo atrapado.

Crecen las hortensias de color azulado

en vivo contraste con los colores circundantes,

movimiento, luz, algarabía expectante en el desayuno,

un centro de operaciones acogedor muy cuidado

por unos anfitriones que se mimetizan con la estructura.

Regresar al final de un día esplendoroso

de playas peligrosas, de acantilados horadados,

de sendas casi ocultas por las que peregrinan solitarios

y también estirados en columna, los numerosos invitados.

Cada cuál ocupa su rincón con sus alforjas,

halla enchufes, colchones, se defiende de los mosquitos,

encuentra momentos escuetos de soledad entre la masa.

La morada amarilla es un punto de referencia imantado,

un hogar mítico en medio de días de bicicletas soleadas

de bromas y referencias que llevarán a la risa instantánea,

de sufrimiento físico y olvido de las terribles noticias externas.

Días de limones y convivencia y pedaleo gastronómico.

Poema 547: Inventario veraniego

Inventario veraniego

Continuidad, suaves transiciones de la edad,

y, sin embargo, saltos físicos, imágenes del pasado,

el trampantojo de las repeticiones,

baños ancestrales en las mismas aguas ya diferentes.

En esencia la estructura permanece:

caminar, pedalear luengas jornadas, nadar,

leer con ritmos e intensidades diferentes,

la casa familiar como meta tras las andanzas,

los descubrimientos y los hitos.

Me he bañado en tres mares diferentes,

hemos escalado volcanes y cimas graníticas,

atravesado canchales y piornos amenazantes.

Observé las sombras inquietas de los árboles

en las pozas heladoras de ríos de montaña,

un teatro en unas ruinas romanas,

el espectáculo orquestal que nadie contemplaba,

una casa mítica para la cultura,

y una abadía contenedora de reliquias inmemoriales.

El verano se parece a una jubilación vislumbrada,

un dulce viajar, leer, escribir, ejercitar,

llegar allí donde la energía y la imaginación te lleven.

La escala de las sombras se amplifica o se reduce

oculta por el veloz movimiento cotidiano,

se alterna con la luz que elonga los días,

con una corriente subrepticia alegre y vitalista.

El verano es el punto geodésico del año,

al que solo accedes tras arduo y placido camino.

Poema 534: Casa de Pilar y José

Casa de Pilar y José

Tal y como imaginaba el lugar era fascinante,

vistas sobre la costa y calma, mucha calma.

La censura del Evangelio Según Jesucristo los trajo aquí

a la isla diferente:

Pilar buscó esta casa y la adaptaron para ellos

antes de que llegara el Nobel y el enorme reconocimiento.

La vivienda es ahora un museo, una memoria, un santuario,

una incitación a la imaginación de cómo vivieron

estos escritores eruditos y sus allegados:

sencillez, arte y muchos libros ordenados.

Ella modeló al escritor y vertió al castellano sus novelas,

le regaló tiempo para que pudiera escribir,

detallar, imaginar, sobrevivir.

Creó una biblioteca que es envidia y modelo,

un rincón de mujeres ordenadas alfabéticamente

para que sus libros no convivan con quienes las desdeñaron.

Vivienda blanca con carpintería verde,

jardín de membrillos, algarrobos y olivos,

recuerdos rocosos de su paso por el mundo,

cerámicas alentejanas, retratos, relojes y caballos,

todo un universo de seguridad en la fértil vejez literaria.

Poema 501: Casa a medio hacer

Casa a medio hacer

La casa está a medio hacer,

un trampantojo, un monumento abierto,

colorido, sin parte de atrás,

está inclinada y fue un monumento al cine,

ese que entró en tantos proyectos

y continúa deslavazadamente a trompicones.

La ciudad de cine se desvanece,

nunca fue tal, –esa era mi tesis–,

la SEMINCI fue un oasis cultural en la dictadura,

un desgajarse de la Semana Santa,

una prolongación turística de honda religiosidad.

La escultura de Oppenheim está descuidada,

nadie reparó los plásticos de la base,

algunas piedras de desalmados han dejado secuelas,

necesitaría limpieza y restauración.

Detrás de los prunos floridos, la vista es magnífica,

alegra el ánimo en medio del bulevar,

es un Guggenheim a pequeña escala,

arte para sortear los grises días castellanos.