Poema 685: El Camello

El Camello

He pasado de puntillas sobre el año nuevo

rutinas placenteras, dibujos en la arena

un baño ritual en agua helada, cortante,

el tiempo medido para no perecer.

Los cielos crean una paleta de colores pastel

en la bahía donde al fin descubro el camello

roca inmortal desafiante al mar Cantábrico.

Palacetes en el horizonte, viejas moradas

en las que imagino a un Benito envejecido

contemplando los amaneceres mientras pudo,

rememorando sus años con Emilia.

Todo descubrimiento depende del punto de vista,

enfocar desde el lado correcto o inesperado:

aquella juventud erudita y filosófica desnuda

en medio de una noche septembrina

brincando por entre las olas de la exigua playa.

El instante del crepúsculo se eleva en mi deleite

cuál hito memorable dos décadas después,

el tiempo de contemplar y de fijar calmadamente

esa luz y toda esa tormenta dispar de ideas latentes.

Poema 539: El cuerpo desnudo

El cuerpo desnudo

El cuerpo desnudo tras el baño

en el agua fría que baja de la montaña

se mimetiza con las rocas, a pesar de su blancura.

Las piedras sobre las que se asienta

se han enfriado durante la noche.

El sonido de la cascada

oculta el canto de los pájaros,

todo es verde para los ojos y la cámara.

En esa pausa de integración con la tierra

la mente ha divagado por múltiples caminos,

sin filtros ni censura,

ensoñaciones varias en el paraíso idílico.

La aventura de caminar por rutas conocidas,

seguir la senda de riachuelos y cascadas,

adaptarse al calor seco,

propicia la contemplación extracorpórea

la fusión plena con el núcleo ígneo de la piedra.

El cuerpo desnudo se ha secado,

ha regularizado su temperatura

y aguarda el fin de las ensoñaciones

para iniciar el camino descendente de vuelta.

Poema 511: La mujer desnuda

La mujer desnuda

La fotografía me impactó por la sordidez

y la belleza,

el cuerpo no escalado con el bidé ni el lavabo,

el espejo del rostro cansado

y la rotundidad del desnudo trasero.

Ni el fotógrafo ni la modelo vivirán ya;

todas las preocupaciones o las alegrías

pertenecen a un pasado olvidado

y quizás a nadie importen.

Posiblemente hacía frío fuera,

el pequeño radiador bajo el lavabo

da un toque de calidez a la estancia.

Las sombras y el juego de la luz

dotan al cuerpo de gran potencia:

claroscuro deseable, intimidad, reflexión

de manos apoyadas en el borde de la pila,

pies flexionados en el apoyo, oscuridad

frente a unas cortinas claras de primoroso ganchillo.

Al fotógrafo solo le importó el instante,

quizá la predisposición del rostro, la luz, el ángulo,

los reflejos de otras fotografías.

El espectador de la exposición de Crister Strömholm

podrá tal vez imaginar una historia

ya perdida para siempre.

Poema 333: Día de playa


Día de playa

No hace sol, es un día nublado de agosto.

Los hombres desnudos se mimetizan con la arena.

Hay pocas mujeres.

Con la marea baja puedes caminar decenas de metros

dentro del agua.

De camino a la playa has visto a las vacas tumbadas rumiando.

Una joven con el torso desnudo

trata de hacer malabares con unas mazas.

No lo consigue, es un desastre.

Una pareja en bañador entrecruza sus cuerpos sobre la toalla.

He seguido el planear de dos gaviotas,

una se ha posado en el mar y allí permanece como una boya;

la otra vigila atentamente desde una roca cercana.

Una mujer de apariencia musulmana

desciende los doscientos escalones de acceso a la playa;

se despoja del vestido. 

Ya desnuda, se quita con cuidado el pañuelo del cabello.

No hay dos personas iguales. Tampoco dos distintas.

El caracol que viste a la ida ya no está cuando vuelves.