Poema 494: La hermética belleza

La hermética belleza

La hermética belleza es el estado de ánimo

al contemplar una flor,

el deseo de vivir en un lugar por el que transitas,

una silla vacía en una terraza con vistas,

poder mirar al mar o a la montaña

(paisajes siempre cambiantes, siempre hermosos).

Llueve en estos días de transición

aún el invierno resistiéndose,

el dios Marte campando a sus anchas por el mundo.

Ese ladrillo no me gusta y ahí habrá mosquitos,

las ventanas son estrechas y oscurece pronto,

el ruido de los automóviles en la autopista,

lejos de todo, lejos de todo.

Solo hay un banco no recién pintado;

ahí leo el poder colectivo de los sueños,

la función social en los clanes y tribus,

la belleza imaginada, soñada, compartida,

el proceloso proceso de abstracción

y la incansable búsqueda de lo sublime

plasmado esquemáticamente en un santuario.

Capturo la imagen de la flor, la edito levemente,

desaparecen los contornos,

deja de existir el mundo y solo quedan palabras

la voz que expresa ese sueño oscuro,

la mente inteligente que lo analiza y exprime,

esa tarde diáfana y cálida ya memorable.

Poema 222: Ovnis

Los ovnisIMG_20190615_143336-EFFECTS

Los ovnis sobrevuelan el atardecer,

los he visto enredados en los zapatos de los transeúntes,

en los rostros de comulgantes,

en la mirada de un lisiado a la puerta del templo.

 

Los hay en la plaga de palomos turcos,

asoman en mi dolor de cabeza sabatino,

crean el viento para frenar la bicicleta.

 

Los ovnis polinizan árboles olorosos,

anclan tu cuerpo a una silla todo el día,

cambian la presión a su antojo,

atrasan cada día la puesta de sol.

 

 

Se difuminan en una fotografía borrosa,

siempre han estado ahí,

hablan por boca del perturbado

que dialoga con ellos en un idioma inventado,

se presentan en los sueños de forma inesperada,

cambian tu humor en un instante,

te embriagan de aromas del campo

mientras bajas la mirada y olvidas lo que sabes.

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Poema 189: Hojas en la calle

Hojas en la calleIMG_20181107_090250

Las hojas estrelladas tras la lluvia

son una anormalidad en las calles asépticas,

el asfalto no tolera intrusos,

son cicatriz en un cuerpo desnudo,

color indescriptible en la vida gris.

 

El escape visual desata imágenes,

el color de las playas atestadas en movimiento,

un centro comercial abigarrado y ruidoso,

una desconexión ancestral con la tierra.

 

La costumbre de pulcritud cromática

hace llamar sordamente al barrendero,

al meteorólogo para que no permita la lluvia,

a convertir las frondas arbóreas en muñones.

 

Una invasión así de formas y humedad

puede llevar a éxtasis indeseados,

abrir las compuertas del sueño y el deseo,

despertar los sentidos abotargados,

desencadenar una revolución de masas.

 

Quizás haya regresiones a la infancia,

el deseo potente de chapotear en un charco,

miradas de nuevo atraídas por el color

o el potente caminar ensayado de una mujer

en el espejo infalible de los ojos de un hombre.

 

La locura colectiva se desatará en las calles

en un ensayo sobre la fealdad reinante:

¡Retiren con premura la materia orgánica,

devuelvan la neutralidad al asfalto anodino!

 

Los ojos de los viandantes seguirán sometidos

a los férreos patrones cuadriculados de las aceras,

al mobiliario urbano que apenas se despeina

cada día en un ejercicio de supremo inmovilismo.

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Poema 78: voces

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Locura transitoria, indistinguible

en medio de la belleza.

Voces onomatopéyicas, agua y más agua,

degradación moral y miedo

interno a tus propios actos.

 

Voces impostadas de actor

cuando ya apenas hay público,

nubes de desorden,

danza ejecutada ante la cámara

potencia muscular de apariencia sexual,

ritmo y golpeteo, los ojos

concentrados en la vida interior.

 

Voces exhaladas con apenas ya

un hálito de vida, la barba

no se resiste a crecer en el rostro moribundo,

los ojos no saben donde posarse.

 

Voces a la deriva, desesperadas

surgen de una niebla marina,

encogen tu corazón,

miedo a los límites

incógnitas de la moral superviviente.

 

Voces rítmicas, la repetición inane

de una casette,

el aullido degenerado en ronquera.

 

Voces sedientas de otras voces,

voces nutricias, una inflexión familiar

en medio de la distorsión turbulenta,

conoces e ignoras, el extraño

tan conocido no es tu alter ego,

es una entidad capaz de fantasmas,

es una otredad reptiliana

repleta de fuerza y deseo.

 

Voces del inframundo en tu sueño,

puertas y puertas que te llaman

por tu nombre, todas terribles

iguales en blancura grisácea.

 

La voz animal dicta sentencia,

produce una perturbación

en la superficie de la piel,

eriza el vello, contrae todo tu cuerpo.

 

Voz del averno, voz dramática,

la voz que atrae al suicida,

todos los vicios y todos los pecados

en la voz inflexionada,

en la puerta del cuerpo y del alma.

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Poema 32: La primavera es un perro vestido

La primavera es un perrito vestidoIMG_20150221_131734

La primavera es un perrito vestido

acariciado por su dueña en una terraza,

el anciano que encorvado arrastra los pies

en un paso de cebra, bien abrigado pese al calor.


Es una imagen de niñez, una tarde soleada

perdido en un cúmulo de bodegas horadadas,

desorientación y transgresión, búsqueda

y la alegría infinita de varios adultos al encontrarte.


La primavera es un vestido que ondea,

unas caderas que perturban el aire,

cuerpos que se destapan, cuellos esbeltos

que florecen, aún níveos, no besados.


Son lágrimas de emoción, lluvia en un mar

impostado, sueños de un barco blanco y elíptico,

un poema en monólogo abrasador,

la mirada que levita un instante y fija y memoriza.


La primavera son las palomitas blancas

en los almendros florecidos, el olor intenso

de una planta en la verticalidad del sol,

la invitación de la piel al roce sensual de la luz.


Es el cielo invidente vestido de azul,

un azar de ojos coincidentes en brillo,

la verde pelusa imaginada en un campo,

el quehacer desesperado de una cigüeña.


La primavera es un beso volátil desdibujado,

un encuentro simétrico en horas prohibidas,

una mirada triste de dulce despedida,

un crepúsculo rojo de inmenso esplendor.

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Poema 17: Sueños imposibles

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SUEÑOS IMPOSIBLES

Me desperté sentado en una hipotenusa,
soñaba con un fulano soberbio pronunciando
una frase tópica sin haber mirado el prospecto,
pensé en catetos, en la distorsión del lenguaje,
en los equívocos del sueño, en el rozamiento
del suave deslizarme por la inclinada pendiente.

Aquel día soplaba un viento endemoniado, torbellinos
de ramas pequeñas amenazaban con engullirme;
al penetrar en la habitación, el sueño dejó el remolino afuera,
la luz única de la chimenea caldeaba la estancia vacía
paredes verdes, un cubo sin mobiliario, salvo una alfombra
que invitaba a desnudarse, a tumbarse boca arriba
para ver las sombras del fuego proyectadas en el techo.21627_NOSFERATU-1

Te deslizas sobre el suelo a través de una puerta secreta,
blanca, desnuda. Tu silueta zigzagueante avanza por la pared,
la contemplas, te demoras, te observas, ríes fuerte y seco,
ensayas movimientos sinuosos: manos, caderas, piernas;
tu rostro permanece en penumbra, apaciguado o sereno,
blancos dientes, todo el cuerpo divertido, ruidos leves
cual fantasma gigante delante del fuego, Nosferatu.

Sabes quién soy, he llegado desde mi sueño al tuyo,
a la habitación verde que has acomodado para mí,
minimalista; me preparas para satisfacer tu deseo,
hay clavos dispuestos en las esquinas del tapiz vitruvio11 (1)
a los que me amarras con cordones invisibles;
Hombre de Vitruvio, rendido, esclavizado,
sin atreverme a levantar la mirada, sometida
a la magia del sueño. Me dispones suavemente
hacia la entrada en tu reino lúbrico; dolor,
amortiguado por sensaciones antiquísimas;
gimes y una sombra se desgaja de ti en la pared,
pequeña, difusa, bailarina. Pronto hay todo un coro
de danzantes coreografiados, la fuerza
se ha apoderado de mí, tenso las cuerdas con tu olor:
los clavos se han soltado del suelo, Adán sixtino, coloso
a punto de ejercer su dominio permitido por la dirección
de tu sueño, lugar de empujes y embestidas de profundidad.

Nada se interpone entre el mando y la acción, seguro
de mi tiempo y lugar en tu interior, de la sapiencia,
ejerzo de perfecta marioneta dispensadora de virtudes
hasta que me agotas en la alfombra profunda del bien dormir.

Afuera el vendaval continúa, vuelvo a la hipotenusa,
a subir la rampa tediosa de ese triángulo olvidado,
soluciono los pequeños abusos de soberbia ignorante,
y vuelvo al calor del lecho que no he abandonado.