Poema 331: Fotografía

Fotografía

La contraluz de la puesta de sol

ilumina los rostros,

muestra la serenidad de la contemplación,

unos minutos de silencio voraces

la repetición milenaria de ese instante.

El mar rompe suavemente contra la arena,

durante un instante parece detenerse el sonido;

es de una regularidad rítmica desconcertante

aunque sepas de sus leves cambios por las mareas.

No estás solo, otros clanes semidesnudos

aguardan con paciencia la maravilla de la luz:

una hermosa joven se tumba sobre su amado,

unos niños corretean por la orilla,

algunos adultos disimulan la herida de la belleza.

Tratas de memorizar la escena en tus ojos,

fotografías aquí y allá, buscas planos y panorámicas,

despojas el paisaje de todo lo humano en el encuadre,

han llegado las gaviotas que se posan en la arena

y forman un círculo amenazante a tu alrededor.

No eres joven y has contemplado otros ocasos,

rememoras sin pausa algunas escenas,

los perfiles sobre los que se acostaba el sol,

tienes suerte de haber olvidado el dolor.

La geometría que dejan las olas en la arena

invade toda la fotografía del litoral,

esas formas suaves, derivables, fugadas

hacia la desembocadura del río frontera

producen éxtasis, olvido y una cierta felicidad.

Poema 222: Ovnis

Los ovnisIMG_20190615_143336-EFFECTS

Los ovnis sobrevuelan el atardecer,

los he visto enredados en los zapatos de los transeúntes,

en los rostros de comulgantes,

en la mirada de un lisiado a la puerta del templo.

 

Los hay en la plaga de palomos turcos,

asoman en mi dolor de cabeza sabatino,

crean el viento para frenar la bicicleta.

 

Los ovnis polinizan árboles olorosos,

anclan tu cuerpo a una silla todo el día,

cambian la presión a su antojo,

atrasan cada día la puesta de sol.

 

 

Se difuminan en una fotografía borrosa,

siempre han estado ahí,

hablan por boca del perturbado

que dialoga con ellos en un idioma inventado,

se presentan en los sueños de forma inesperada,

cambian tu humor en un instante,

te embriagan de aromas del campo

mientras bajas la mirada y olvidas lo que sabes.

IMG_4794

 

 

Poema 204: Noctem

NoctemIMG_20190119_205304

Cae la tarde y llueve.

No es verdad que llueva,

puedo visualizar esa lluvia

pero hoy ha hecho una tarde espléndida

y el ocaso es lento y sereno,

desgrana naranjas sobre los tirantes del puente,

hiela el rostro de los ciclistas que regresan

de esos caminos de la tarde.

 

No llueve, no hay lágrimas,

las oculta el deseo y el verbo,

las luces de los coches restringidos

por la contaminación invisible,

hacen vibrar levemente los cristales.

 

Desde mi atalaya en penumbra

atisbo peatones de invierno,

aves sueltas en la curva del Pisuerga,

quietud de la ciudad que se dispone

a la fiesta del sábado noche.

 

Lloverá y los reflejos de los semáforos

en el asfalto producirán destellos,

encogidos los transeúntes caminaran erráticos,

las palabras llevarán el ritmo de la lluvia

y se escuchará el cántico de árboles

alimentándose del agua celeste.

 

La ciudad se abre a la noche,

enciende sus luces, se enniebla

se traviste de gasa y rocío

cierra a cal y canto sus calles

a la música atronadora de locales subterráneos.

 

No hay lluvia ni viento, ni las nubes caprichosas,

es la noche de los focos y el alcohol,

de cuerpos girando en busca de trance,

permuta de noche por día,

destellos de verdad y de dolor,

la soledad interior de quien se despoja de todo.

IMG_3389

Poema 182: Ausencias mentales

Ausencias mentalesIMG_20180825_212126

En los actos y no en las palabras,

en la búsqueda y quizás también en el despiste,

en los días anodinos y en los momentos inspirados,

en las largas esperas y en el ajetreo embobado

de las tareas rutinarias:

ahí está tu forma de ser innata,

la chispa que alumbra tus andanzas.

 

Te puedes quedar embobado mirando la luna,

la nube rojiza que oculta el sol antes del ocaso,

la suspensión en el viento de una rapaz,

el sonido de las olas sobre las rocas desgastadas.

 

No reaccionas o no eres capaz de ir más allá

de la simpleza enormemente bella de la naturaleza.

 

Caminas sin rumbo, dudas, consultas tu base de datos mental,

eres un ausente en esa acera fea y recóndita,

nadie te alcanza con su mirada inquisitiva,

no hay poder que te devuelva la cordura.

 

No eres ya tú, eres tu sombra o tu carcasa.

 

Ninguna vida te hará sonreír como lo hiciste en esta,

ningún mago te desvelará sus trucos,

ningún niño se parará a tu lado y te mirará para cruzar la calle.

 

El reflejo de un salto inesperado,

pasar la noche a la sombra de la luna llena,

recibir el relente del amanecer

embobado en los brazos amigos, muerto de sueño.

Esa luna y ese sol del amanecer no son tuyos ya,

Has compartido la propiedad con miles de millones

de semejantes tan distintos, tan llenos de su propia vida.

IMG_20180902_115747

 

 

 

Poema 89: El ocaso púrpura

   El ocaso púrpuraIMG_20160819_212839

El ocaso púrpura, doliente,

solo para ojos aguerridos,

te recibe bárbaro, símbolo

de otros tiempos enfangados

en que mirar al cielo era imposible.


Decenas de burbujas presiden tus recuerdos

en este pequeño espacio,

en el oasis de tu juventud feraz,

nostalgia, felicidad, melancolía,

nombres que aún ignorabas.


Los adobes centenarios, barro

descolorido y desconchado,

fealdad y dejadez en algunas tapias,

te reciben cuando vuelves de tu ruta

ciclista y dejan tu estética en suspenso.


Amistad y deporte, y siempre

el refugio inestimable de la familia,

la paz del caserón heredado,

reconstruido, lleno de alegría y color,

dan vida a tus difusas rememoraciones.


Un verano fue Crimen y Castigo,

otro el Kaspar Hauser de Hesse,

las Elgías de Duíno

o el antiquísimo ejemplar de La Galatea

en horas sustraídas al sueño o a la fiesta.


El cielo encierra toda la belleza,

al fin levantas la cabeza orgulloso

miras con toda la emoción posible

el desgarro de un ocaso desde la atalaya

de la construcción mental de ti mismo.

IMG_20160813_070445

Poema 66: Ondular

          OndularIMG_20160302_123849

En el reverso de la tarde ya no sopla

el viento, no atardece, no avanza

si no en el ondulante modular

de una falda corta, desafiante,

horas y horas de luz y sol radiante

para los lastimeros herederos del invierno.

 

En la furia contenida durante horas

despliegas toda la pasión, la ensalzas,

volteas tus propios pensamientos

para elevarte por encima de tus expectativas

carnales, de tu conocimiento escaso

de tu propia lucidez, ya ocaso o continuo ondular.

 

Asideros de la razón, monstruos

de vida disoluta, la calle, el lugar

en el que se desarrolla el espíritu

enfermo y el tedioso y el anquilosado

transcurrir de jubilaciones decrépitas.

 

Allí donde todo sucede oscila el tiempo,

se deforman las siluetas a la manera

de ciertos cuadros de El Greco,

el mismo dolor solar en la hora del ocaso,

luces y tinieblas entremezcladas.

 

La paleta de la vida, el color del tedio,

ejercicio de moda, correr y correr,

coloridos atletas repletos de grasa,

fumadores empedernidos, suicidas

que aún vuelven la cabeza ante un ritmo.

 

Duele en los ojos el secreto de la belleza

oculta meses y meses, cuidada,

embadurnada de cremas hidratantes,

el caminar sinuoso de unas caderas

capaces de hacer levitar todas las miradas.

 

La piel prohibida, la creencia en sí mismo,

autosuficiencia que no es tal, necesitada

de admiración, de giros imposibles

de cabezas ante el taconeo tan peinado

de un pelo ondulante y sedoso en primavera.

IMG_20160302_122304