Poema 278: Un día idílico

Un día idílico 

Acontece que todo lo quieres realizar,

el agua pura y cristalina

la marea baja y el fondo arenoso

verde, verde, verde de toda tonalidad,

cuerpos desnudos,

ansia de aire, luz, sol,

capturas fotografías sin medida,

no haces prisioneros,

simulas libertad durante unos minutos,

un baño con prisa entre las algas al anochecer,

la mirada perpleja de los confinados,

el libro en el que posas los ojos

pero no procesas más allá de unas líneas,

todo es provisional y nada te pertenece,

rozas la maravilla sin penetrar en ella.

Dulce día de julio,

sed de la ebriedad de la brisa,

de la mecánica del paseo y el olor

a ráfagas fugaces de polen y hierba de los prados,

arena y sal en la piel,

terapia y placer, 

el conocimiento y la pausa 

en días de madurez que evocan tu infancia.

Poema 223: El color del mar

El color del marIMG_5169 (1)

El color del mar es una fotografía,

un sordo romper continuo de olas,

una conversación banal,

la silueta ambigua de una nube reflejada.

 

Los niños asoman su carácter,

pululan aquí y allá cual mariposa,

señalan, observan, destruyen,

ensayan sin pudor su vida futura.

 

El viaje expansivo se apodera de ti,

te atraviesa osmótico,

engulle tus preocupaciones cotidianas,

las pospone o relativiza sin pausa.

 

El color del mar da forma a la luz

que pueden absorber tus ojos cansados,

produce pequeños destellos mentales,

te recuerda tu aún conexa juventud.

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Poema 197: Permanencia

PermanenciaIMG_2692

Las vacas siguen el en mismo lugar

al lado del mar,

hay sol y pastos verdes,

se escucha la masa marina en movimiento.

 

Apenas hay cambios en la belleza

del paisaje,

te imaginas corriendo sobre el acantilado,

con toda la luz del mar en tus ojos.

 

La barba de varios días te envejece

más que tus distracciones u olvidos,

te recuerda tu mortalidad evidente,

los años percutiendo estos senderos marinos.

 

Huele a hierba y a humedad

en el reino de caracoles y babosas,

no hay motores en esta parte del mundo

que perturben el sosiego de Nochebuena.

 

La arena amarilla es un misterio en este paisaje,

hay regalos intensos para tus ojos

tras cada curva del sendero,

sosiego e ilusión de permanencia aún un poco más.

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Poema 152: En el litoral de las Cerrias

En el litoral de las CerriasIMG_20180101_121743

Cada piedra en el camino del acantilado

retumba en mi cabeza,

mi lengua pastosa

aún recuerda los excesos del fin de año.
Al llegar al mar

mis pulmones se ensanchan al fin.

Ha llovido más que el fin de año

y la playa nudista está totalmente desnuda.

 

Leo versos terribles en un libro rosa.

 

El sol cambia el color de las dunas.
Viento y olas,

el espectáculo de oleos de Turner en la bruma.
Una pareja,

ajena a mi presencia lectora,

se desnuda y se acerca vacilante

a las olas de la orilla.

Ese baño sella su amor por este año.

Enormes masas de agua les hacen retroceder,

mas han completado su inmersión.
Dice Helder:

“Espero que o amor enleve a minha melancolia.
E flores sazonadas estalem e apodreçan
Docemente no ar.”

La muralla de agua

con los picos nevados al fondo

atrae a los paseantes y ocasionales fotógrafos.
Permanezco leyendo para purificar el año nuevo.IMG_20171231_115430

Poema 131: Atareados

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¿Cuántos amaneceres has contemplado?

¿Cuántas la masa marina gris en invierno?

¿Cuántos días has madrugado por placer?

¿Cuántos te has detenido en un río de cauce seco?

 

En la finitud sencilla de nuestros días

aplazamos mirar el cielo cotidiano,

múltiples pantallas nos muestran artificios,

brillos y colores hábilmente retocados.

 

Ciclos hormonales o hundimientos cotidianos

nos privan de la mirada sencilla,

del enfoque posible de todos los sentidos

hacia actos milagrosos, sublimes y ordinarios.

 

Estamos ocupados, nos preocupa no estarlo,

la riqueza vital proviene del atareamiento,

bucles sin sentido ni objetivo, la nada

llena de vaguedades inexplicables, puro instinto.

 

Una urraca lista, el aleteo febril de una mariposa

emergente de su crisálida,

una rosa única en medio del calor estival,

el sonido de un cuco en la lejanía boscosa, nos asombran.

 

Transitamos parasitando la Tierra, removiendo

suplantando, cultivando saberes sin ton ni son,

ocupamos y degradamos el espacio, inconscientes

de la belleza y del placer presentes y alcanzables.

 

Hoy o mañana se nos terminará la vida,

hoy o mañana sufriremos la melancolía de antaño,

arderá un bosque por mano de un imbécil

o perecerá la mariposa una vez apareada.

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Poema 126: Viaje

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Expectativa de vuelo, barco, mar,

de otra luz, de otra forma de ver

el diseño fractal de la costa.

En tus ojos está la diferencia,

atisbas detalles, sonidos, olores,

la luna nueva no brillará en el mar Egeo.

Grandiosidad, muchas maravillas,

mucha gente, muchas ruinas, mucha antigüedad,

el viento de la historia y la destrucción.

Colores y atmósfera, cambiantes

según la luz del día, un verso recitado por un muecín

se confunde con una llamada a la oración.

Poco a poco, día a día, la ilusión se apodera de ti,

te llena de preguntas, revive otros viajes,

maravillas de oriente, tránsito.

Almacenarás recuerdos, rincones, soledad

en medio del bullicio, un verso que seas capaz

de llevar a un papel, una sonrisa de alegría.

Si eres capaz de traspasar algunas capas superpuestas

atisbarás voces y luchas, una civilización

dominante en el Mediterráneo.

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Poema 103: La noche

    La noche

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La noche. Humedad, babosas,

bichos incógnitos en la sombra,

la oveja dormida es una piedra,

una vaca rumia en la penumbra.

 

Ruge el mar en mi cono de sombra,

la costa resplandece,

miedo, barro, el camino conocido

desciende cauteloso hacia la playa.

 

El faro a ráfagas me ilumina el rostro,

espuma en la mar,

no hay parejas esta noche,

Erizo Sibarita en mis oídos.

 

Frío, la vista se complace,

tiemblan mis rodillas,

soledad, ecos de una novela,

belleza en la luz amarilla de la farola.

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Poema 76: Caricias

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La caricia de la chica, mirando al mar,

el sueño reparador de esa mujer un martes

tumbada en el asiento delantero del coche,

la diosa sexagenaria desnuda en la playa:

cuerpo de mujer, esencia del mundo.

Envidia de esa mano repleta de caricias,

de la seguridad de un sueño en público,

del paseo nudista bajo el pelo plateado.

El azar te hace contemplar escenas ajenas

que no son para ti, mirada poética,

búsqueda de belleza, insondable observar:

unas flores o el cuerpo inmarcesible

que esquiva las frías aguas del Cantábrico.

Ella, recién estrenado su carné de conducir

observa con pasión el rostro amado,

lo sondea con sus manos, lo envuelve e hipnotiza.

Melancolía de la edad, tesoros gnómicos

escondidos en los pliegues de mi cerebro,

flores amarillas de los tojos espinosos,

el azul reverberante del mar en mis ojos,

un olor a hierba que emerge de los prados,

el viento ondulante sobre mi cuerpo desnudo,

la novela centrífuga que leo en la playa;

todo eso me hechiza y me conforma,

define mi deseo, lo moldea y expande,

maravilla y fuente de vida, luz propia.

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