Poema 698: Cuarenta días

Cuarenta días

Cuarenta días o más atribuidos a enero

ausencia de luz

lluvia viento sensación térmica

una cierta congoja de espíritu

y procrastinación conteniendo la respiración.

Cada día es un puzle de piezas variables

en el que vas colocando y desechando

pequeñas indicaciones vitales

asuntos más graves en las zonas oscuras.

Inopinadamente sale el sol nubes blancas

algodón sobre la dispersión de Rayleigh celeste

no se ha terminado el frío de las corrientes árticas

aunque hay más luz diurna.

Dormir seis ciclos de sueño completos de un tirón

antes de asomarte aún anestesiado

a todos los colores perceptibles

al bullicio de las tardes crecientes de optimismo.

Los cuerpos se desperezan y aligeran

las presiones más altas nos afianzan al terruño

una hoja que despunta o el incipiente renacer

de las pentámeras rosadas del almendro.

Bulle la sangre cual savia creadora

para expandir el cerebro en su singularidad

ideas prometedoras factibles renovadas

inician un vuelo de atisbos primaverales.

Los ciclos estacionales son aún discernibles

en la maraña de trampantojos artísticos

resultantes de las deformaciones del hielo.

Poema 697: Desde la ventana

Desde la ventana

Dos cigüeñas se persiguen por San Blas

siguiendo las corrientes convectivas del Pisuerga

embobado por su vuelo sagital

descuidé despedir a mi hija un instante.

Sombras negras sobre fondo gris

árboles difusos desnudos

cargados de frutos lóbregos estériles

la bóveda celeste tan opaca

comprime el enorme privilegio de vivir.

Existen prisiones económicas mentales

enfermedades que condenan

amores constrictores o inalcanzables.

Desde la ventana imagino en el caminar

o en el paseo matutino de los perros

los vuelos personales de los viandantes

siguiendo las corrientes convectivas

inercias renuncias nubes alojadas

minusvaloraciones o abusos directos.

El desgaste temporal del vivir

renovado cada día por un giro astral

y un dormir reparador si es posible

ondea en los transeúntes magullados por la prisa.

Poema 661: Vértigos

Vértigos

Los días se balancean de forma tenue

dejan de ser estáticos, irrelevantes

para transfigurarse en frenética oscilación.

La verticalidad es un lujo soberano:

fijas la vista y sigues corriendo,

despreocupado por las raíces u oquedades.

Dormir es un acto de rebeldía,

despertar es una lotería maximalista

mientras te acercas al espejo dictaminador.

La vida continúa, los nombres, los saludos,

los hitos en el camino laboral,

los premios nobeles que algún día no escucharás.

Ejercitas tus músculos sin perseverancia,

te aíslas de malos hábitos lecto-escritores,

cargas con pesos insoslayables en tu espalda.

Surgen consejos por doquier, sesudos o irrelevantes

difíciles de llevar a cabo en la vorágine vital

en el carácter que te acompaña desde siempre.

La inestabilidad es asumida como banal

por todo tu entorno y por ti mismo,

una molestia pasajera que no afecta a tu integridad.

Continúas escribiendo, corriendo, conversando,

meditas acerca de la levedad personal,

de un futuro incierto o desértico o vertiginoso,

mientras transcurren los soleados días de octubre.

Poema 486: Como cada día

Como cada día

Como cada día, leo un poema de Safo

y otro de Fosse.

Como cada día, leo la prensa, y procuro

escuchar la risa cantarina de Laura Barrachina.

Como cada día escucho el Poema de la Pasión,

y miro con intensidad y concentración

a ver si atisbo el bidón encendido.

Como cada día procuro mirar el río,

caminar por una u otra pasarela fluvial.

Como cada día ando varios kilómetros,

miro el podómetro en el móvil y sonrío.

Como cada día consulto mi dispositivo personal

unos centenares de veces o más.

Como cada día, trato de escribir alguna frase

o de hacer una fotografía bonita.

Como cada día atisbo el amanecer

en la percepción de quien me observa y se mofa.

Como cada día hago la cena con primor,

anhelo el tiempo propio de soledad.

Como cada día llego a mi cama agotado y dormido,

anoto un día más en los que me ha tocado vivir.

Poema 485: La diosa garza

La diosa garza

La diosa garza alza el vuelo al paso corredor,

se posa unos metros más allá sin inmutarse,

planea serena en un vuelo corto y elegante.

Según mi amigo arqueólogo, nos ha protegido

de la lluvia que comienza en ese instante:

diosa votiva, diosa cantada, diosa sacrificada.

La belleza de la niebla gris semeja mi mente agotada,

tiempo de supervivencia sin perder la presencia,

el ánimo o la autoestima:

correr por inercia, la de los mágicos ritos,

el campamento motero lleno de hogueras en la noche,

rugidos del motor, alcohol y música rockera.

Solo atisbo la velocidad de los tiempos,

el delicado equilibrio mental de la abundancia,

las interacciones lectoras, musicales, fílmicas,

tratar superficialmente un tema hasta agotarlo,

quedarme dormido en medio de un artículo interesante.

La diosa garza nos ha protegido en este clima de enero,

ha despertado la posibilidad de un síndrome de Stendhal,

un aura de hermosa belleza sanadora.