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El sonido de las motos

El sonido de las motos se enseñorea

de la vía pública principal:

no existe nada más, ellos anónimos,

son lo único importante. Un día. Unas horas.

Dentro de cien años habrá una foto icónica,

un río de lava motera, muda, en blanco y negro.

Ser protagonista de algo, ser observado:

el desfile de la victoria, Porta Triunphalis.

La lluvia y la soledad encarnada en el viejo árbol,

contrastan con el bullicio cálido, el rugido,

emergente de los motores. Frío, alcohol,

el motero polaco, brinda un poema a su dama.

Demasiadas Harley Davidson en esa acera,

caprichosos colonizadores del hotel de lujo,

movimientos de amor en las paredes,

vorágine vital, relato de días de gloria.

Prisa y sonido, perturbación del espacio,

los caballeros en sus monturas se aprestan

al torneo sustitutivo, pericia, caballitos, equilibrio,

adrenalina evolutiva en el combate teórico.

El poeta polaco, barbado e inflamado,

eleva las manos al cielo que rezuma agua,

asemeja un profeta apocalíptico

mas su imagen será el icono recordado.

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