Poema 707: Las batallas

Las batallas

Las sombrillas destrozadas y abandonadas

son un paisaje de guerra

solo comparable a las batallas internas

que una puede ignorar o considerar

ante amigas o psicólogas.

Sobrevivir es siempre el objetivo último

de cada célula, tejido, músculo, apariencia,

rutinas aprendidas durante décadas,

movimientos de respuesta rápida

o meditaciones sin aparente camino de salida.

La tortuosa vida interior, siempre mediada

por roces finos o dolorosos o inadvertidos

con el exterior, con las enfermedades,

con la conciencia social tan arraigada.

En la batalla del dolor contra el vacío

siempre pierdes;

solo la sonrisa o la risa abierta y franca

será capaz de anestesiarte durante un lapso

más o menos benigno de tiempo.

La sola mención a una guerra-espectáculo,

mediática, televisada y jaleada por el capital

sacude todos los mercados dañando a los pobres,

más desigualdad, más esclavismo, más inhumanidad.

Los cerebros reptilianos parecen estar preparados

para unirse a la llamada de vocablos ancestrales:

atacar, destrozar, domeñar, aniquilar.

Solo la inteligencia compasiva puede mediar, resistir,

elevar estructuras éticas a cumbres bien visibles,

conseguir adhesiones y finalmente triunfar.

Poema 637: La caída

La caída

En el momento más anodino acontece

lo inesperado,

ves pasar tu vida, no antes ni durante,

después.

Imaginas tu hueco vital, el desorden

Se acabaron mis problemas–, dirás

mientras evalúas los daños del vuelo ciclista:

el casco con la visera colgando,

las rodillas ensangrentadas, el labio,

un guante desgarrado, los nudillos en carne viva,

nada roto, ¡a galopar!

El efecto del pedaleo irriga la rodilla y desinflama,

menos mal que no te he atropellado–, dijo el conductor.

Reconstruyo las imágenes, la ausencia de sonido

de un vehículo demasiado veloz,

la compasión de los espectadores, la frontera

con un futuro inexistente,

el acto reflejo de clavar el freno delantero erróneamente.

El relato variará en intensidad y coloratura

tras la improvisada ducha y la auto terapia.

Los cactus del camino me distraen un instante

antes de llegar de nuevo al lugar del percance.

He sobrevivido con suerte en esta mañana de verano.