Poema 96: Poesía

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Un sonido, un instante

olvidado bajo la niebla, la lluvia,

la carrera,

una chispa del azar,

una deformación estética,

miope encuadre aislado

un detalle evocador

una luz, otro poema.


Un razonamiento matemático

unas hojas que caen con suavidad

la estela leve de un avión en el cielo,

el rumor

sencillo de una fuente,

quietud, una silueta anciana

recortada contra la niebla.


Un juego de nubes cambiantes

en una tarde inesperada de otoño,

agujas de pino casi transparentes,

blanco y azul,

nostalgia, melancolía,

la sonrisa inmediata:

contrapunto estético de quien escribió un poema

y no puede repetirlo.

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Poema 94: Rumor de hojas

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Rumor de hojas que caen,

sol, el parque mágico

en la soledad de un mediodía

paz, niños y perros.


En un traveling abrupto, niebla,

bruma marina, húmeda oscuridad,

los fantasmas de las hojas

reencarnados en olas de blanca espuma.


Miedo. Noches de difuntos y espectros,

voracidad, anacrónicos cascos

de caballo con jinete descabezado en la playa,

una risa sardónica amplificada por la niebla.


Sientes la humedad en tu piel,

el temor frío alcanza el tuétano

de tus huesos fuertes, tiemblas,

la luna acunada ya no va a aparecer.


Toda la leyenda colectiva pasea

esta noche por tu mente,

altera el razonamiento lógico

lo somete al ritmo paralizante del miedo.

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Poema 63: Días grises de invierno

Días grises del invierno     FB_IMG_1456224423824

El árbol mágico no tiene nidos,

contiene en su interior una farola;

su silueta en la niebla muestra

varias ramas amputadas,

es gris como todo bajo el espeso manto

de la diosa pucelana.

 

Un gato se ovilla al lado del río;

una pareja de joviales ancianos

desmigaja y esparce cuscurros de pan

ante la atenta mirada de las palomas

carroñeras y las inteligente urracas.

 

Las comadres más enteradas,

se aprestan a cargar con los problemas

ajenos, oralidad que ya no se frena,

el poder social de organismos desocupados,

una salida gris a la  cotidianeidad.

 

El quiosquero feo ya no me saluda:

no compro allí el periódico, no escucho

sus comentarios misóginos, su pesimismo

flota en el aire cargado de juguetes

de escaparate desvaídos por el sol.

 

La fachada del ángulo inverosímil

se ha agrietado; varios coches aparcan

inmisericordes sobre el césped

reseco por la helada y las roderas,

los municipales silban mirando al sol

impotente, embobados por el rítmico

taconeo de una madre joven.

 

Hay días en que la mirada poética

se regenera en la feladad mecánica,

verbaliza flujos catárticos de miseria,

se apresta al contraste de la luz,

del ciclo hormonal que redime e inspira.

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Poema 58: El mundo invisible

    El mundo invisible
“The tiny invisible spores in the air we breathe,
        that settle harmlessly on our drinking water
        and our skin, happen to come together
        with certain conditionson the forest floor”
Del poema “ Morir” de Robert Pinsky
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Pequeñas esporas se posan por doquier,
penetran en cada poro. La piel
se ha llenado de micro-partículas,
las cenizas de un crematorio,
el absurdo polvo transportado
por una mosca coprófaga.
Un cierto horror invisible, una muda
mañana de diciembre.
La magia de las fechas se diluye
día a día; se encumbran tardes
erigidas en míticas por su morosidad
por la luz límbica, ora onda, ora partícula,
quietud, lentitud, susurros, formas.
Por cada orificio del cuerpo penetra
esa niebla matinal, el frescor apenas
soportable, en su belleza, de la poesía
experimental de una chica de diecisiete años,
magia de palabras y sentimientos,
voz llena de imágenes, fotografías
elevadas al arte del acompañamiento.
Una luna al cincuenta y uno por cien
de su luminosidad, se recuesta naranja
en la noche de focos y ausencia:
uno es consecuencia de todo
lo que adquiere sin ser consciente de ello,
se alimenta de cada partícula, palabra,
sustancia imperceptible, detalles
desapercibidos, volcánicos, mágicos,
conceptos volátiles y voces amigas.
Mi propia esencia vive en alguna parte
incorpórea, sutil, elegante; convive allí
con miríadas de ideas, con imaginación,
con música deseada, rodeada
de fuerza invisible, de la luz creciente.
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Poema 22: Deambular en la niebla

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Camino atravesando distintos planos temporales,

hoy conectados por una niebla sólida y húmeda

a través de la cual llegan sonidos conocidos

algunos atemporales: campanas, gritos de niños.

Al pasar al lado del cráter enorme lleno de agua

verdosa, se hace el silencio, un silencio lúgubre;

retrocedo sin saberlo en mi memoria, tratando

de recordar la siniestra historia de un ahogamiento,

una vida segada en un atrevimiento inconsciente,

valor, ausencia de modelos con más éxito evolutivo,

quizás la competencia incipiente entre machos

de una sociedad en la regresión de posguerra.

Mi voz algo ronca me devuelve al tiempo actual,

en tanto que divago sobre la transmisión futura

de esa historia que quizás no contaré a mis hijos,

un relato perdido en un lavajo que trato de evitar.

Me asomo a otro tiempo y lugar, una traslación

permitida por mi mente caminante, el presente

voraz, la melancolía, los contornos difuminados

y amenazadores de mi mundo siempre en equilibrio

frágil, hoy por fin sin prisa decido la aventura

de llegar hasta el monte oscuro, de bucear

en mi miedo, de desnortarme unos minutos,

quizás horas, atravesando campos a la contra.

Cuando al fin encuentro el camino, aflora mi sonrisa:

he entrevisto las huellas del lobo, de las aves

en los sembrados ya helados, he deambulado

sopesando mi reacción ante el ataque sorpresivo

de un animal, desarmado y solo, la carrera

como reacción instintiva y seguramente errónea,

una vida en la que no he aprendido nada

sobre la supervivencia primaria en la naturaleza.

Mi mirada busca piedras, palos, árboles;

nada ha cambiado en milenios.

El calor de la marcha y el ejercicio elevan

mi percepción nueva del entorno ya conocido:

decido en un acto poético-amoroso, fotografiar

la niebla, captar la esencia de la fría tarde

con la luz filtrada, de una hermosura inhabitual,

la felicidad de ese instante recién revelada

y fugaz, cual sonrisa entrevista, cual belleza

interior reconocida en un semblante amado.

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Poema 13: Niebla

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Vuelve Turner, un bidón ardiendo,

el sacrificio de la luz tamizada, bordón

que surge de las tinieblas y te reclama,

voz encinta, sensual, monocorde.


Atraviesas la barrera psicológica

de tu timidez, accedes al virtual mundo

neblinoso e incógnito de tu fantasía,

el reino de lo posible, de lo deseable.


Ella te espera, te desordena,

prolonga tu deseo, lo moldea,

súcubo de formas sibilinas,

envés de tu lujuria desmedida.


Practicas un ritual de sensualidad,

en libre asociación de inventiva abstrusa,

veleidad divino tesoro, otrora nefando,

hoy encumbrado cabalgas colosal.


Un fornicio de brumas y leyendas,

placer de etiología incógnita,

accesible en la unicidad decembrina,

salmodia monótona, voz de arúspice.


Regresas del mundo sensual, ahíto,

extraes con sumo cuidado tu cuerpo

del color amarillento del óleo magistral,

frotas tus manos frías sobre el fuego.


Eres el mismo ser, transformado

por el conocimiento supino de la diosa

desterrada por su femineidad aventurada,

voz, faro y guía del universo mundo.


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