Poema 595: Ascensos y descensos

Ascensos y descensos

La suma de incomodidades diarias

no está exenta de momentos brillantes.

El niño de apariencia frágil y pocos amigos

se ha convertido en un adolescente fuerte,

con gran personalidad, integrado en el mundo.

Desfilan ante mí –cuando todo se me olvida

imágenes cíclicas de abrazos, despedidas y reencuentros.

Inundaciones, soluciones a problemas diversos,

sobrevivir, por encima de todos los demás asuntos,

encajar, lesionarme, expandirme y correr,

ascender a un volcán o al pico Pinajarro,

esa suerte que me acompaña como un aura,

el miedo que se oculta tras una sonrisa

y el delicado equilibrio del agotamiento.

Y casi siempre la anécdota o el momento estelar,

esos que la apisonadora del tiempo va aplanando,

pero que superpuestos son ya cumbre y apogeo.

Cientos de poemas, casi nunca banales para mí,

me muestran esos cielos de auroras y ocasos,

el esfuerzo y el tesón, el enfoque en cada asunto,

la búsqueda de soluciones óptimas

y la minimización de los desastres inesperados.

Se pasa la vida y se pasan algunas oportunidades

de otros modus vivendi, otras cosmogonías,

una vida menos pública o el riesgo del éxito o fracaso.

El Universo expande tu mota de polvo cósmica

durante un instante infinito hasta desparecer.

Poema 540: Al fondo, antes de las montañas

Al fondo, antes de las montañas

El embalse del fondo parece infinito.

Quisiera estar allí y aquí al mismo tiempo

Ascender, tal como veo a las águilas,

en espiral hasta alcanzar la corriente y planear

contemplar el contorno,

buscar un fractal que lo aproxime,

fijar en la memoria de águila-humana

la forma geométrica exacta de la mega represa.

Brilla como un espejo con el sol poniente,

refleja naranjas y el verde del valle de regadío,

también devuelve el perfil montañoso

que la bruma convierte en masas superpuestas,

un decorado de fondo de ópera austro-germánica.

Un gran nogal oculta un tercio del valle,

serenidad, masas arbóreas,

rapaces sosteniendo su vuelo,

el movimiento rectilíneo y en apariencia uniforme

de los vehículos-hormiga por una autovía invisible.

El dios caótico que dibujó los perfiles montañosos

se olvidó de diseñar un valle homogéneo;

el viento sobre la noguera y unas pequeñas nubes blancas

dotan de vida a la escenografía natural.

Una mirada atenta con prismáticos

permite dilucidar que los penachos blancos móviles

son aspersores que alfombran de verde

las superficies geométricas menos frondosas.

Al fondo permanece azul-cielo

el intrincado perímetro del acopio artificial de agua.

Poema 285: Time

Time

No hay tiempo

para esto o para lo otro,

desvías minutos egoístamente,

pierdes las horas muertas,

inconsciente, tecleas el móvil.

Los perfiles de las montañas,

múltiples planos superpuestos,

secuestran hipnóticamente la mirada,

bruma, verde,  fractal,

imposibles de aprehender en una fotografía.

Prados, robles, castaños,

piedras de formas caprichosas,

vacas, cabras, ovejas rumiando,

atraen, imantan, llenan los oídos

de música natural.

El tiempo vacacional llena vacíos,

despierta intereses olvidados,

ocupa, expandiéndose, intersticios mentales,

puedes despreciarlo un instante,

pero entonces redescubres su valor.

Las caminatas al amanecer sustraen

horas al sueño, tiempo de cama inerte,

se cobran después minutos en la siesta,

absorben cualquier instante del día

en el que poder caer en brazos de Morfeo.

Pero la redistribución del tiempo está ahí,

puedes hacer cálculos de ciclos de sueño,

aprovechamiento mental o juego,

conversar con alguien o leer,

al final la suma de todo tiende a coincidir.

Sabes que existen dilataciones: leer, viajar, meditar,

en esa búsqueda te desordenas,

en el arte, en la música, en llenar los espacios

mentales con los que haces tu cómputo;

ese es el truco de los dioses que no siempre funciona.