Poema 241: Recuerdos otoñales

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En la luz decreciente de la tarde

veo danzar el fuego;

un encapuchado perpetra su modus vivendi,

otro parece huir del frío castellano.

 

Protestas y manifestaciones históricas,

miedo y ofuscación,

la retórica política es desoladora,

no así los futuros cíclicos de esperanza.

 

Estoy rodeado de objetos cuyo significado

son la memoria de mi vida,

un búho francés, una piedra volcánica insular,

aquella caja hecha a mano en la Praga comunista.

 

Están los libros que leía con avidez en mi juventud,

trofeos, la máquina de escribir,

cuadernos escolares que apenas recuerdo,

un cajón que atesora minúsculos tesoros.

 

Este espacio, esta silla, esta mesa,

me anclan a un pasado de formación y dudas,

a la inocencia que quizás ya he perdido,

al tiempo de los graves estudios y el deporte.

 

Es mi otoño, las hojas de múltiples colores,

el viento frío y la condena del frío a borbotones,

con horas soleadas y heladas nocturnas,

el tiempo maduro de tanta belleza.

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Poema 201: Yo fui abril y mayo

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Yo fui abril y mayo lleno de flores

del regocijo alborozado de un juego de palabras,

yo fui capitán de un cómic

y antihéroe del tebeo.

 

Yo jugaba a un futbolín minúsculo

y me disfrazaba en carnaval.

 

Yo fui noche y madrugada,

siempre desorientado y lleno de dudas,

fui niño siendo adulto,

fui un verano calmo e inquieto.

 

Tuve suerte y me faltó suerte,

aprendí golpeándome una y otra vez.

 

El final del verano está siendo

un continuo tobogán de vida:

alegría exponencial y fuga abismal,

escritura sostenida en poemas ambiguos,

un retrato pleno de soledad interior,

una solidez verbal pausada,

una paciencia elástica con punto de ruptura.

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Poema 147: Algunos días

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Algunos días las cosas no salen bien

y llega la superstición,

los números (sean cuales sean)

se encadenan y ofrecen escenas dantescas

en la imaginación desmesurada

de quien conjura miedo y soledad

con juegos numéricos y alegorías.

 

Algunos días llega el dolor de cabeza,

el optimismo intangible se apaga,

todo se vuelve gris,

mas una vez superado, el mundo se abre

a la innovación, a la mirada poética;

se abren inopinadamente múltiples caminos,

vuelves a observar con devoción

el bidón encendido cuya llama rasga la niebla.

 

Algunos días el cansancio te abruma,

apenas puedes distinguir la solución correcta

en una maraña de datos,

la madurez te enlentece y derrota,

pero ya sabes que no tienes nada que perder:

sigues descubriendo e imaginando,

puedes escribir un poema cifrado

o imaginar la potencia de la luz en un viaje.

 

Algunos días callas, otros navegas aquí y allá

sin caminos ni guía,

hasta que un detalle te despierta,

el juego de la vida, con apariencia aleatoria,

estructuras y caminos, patrones y evolución,

la oculta matemática que todo preside.

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Poema 120: Matemáticas

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Una lección de matemáticas:

conceptos frente al cálculo gris,

el cómputo de cifras que nada significan.

 

Búsqueda de la lógica, inutilidad,

tras la enorme complejidad teórica

para un aspirante a ingeniero.

 

Confórmate con el final del proceso

el algoritmo simple sin apenas decisiones,

la banalidad de una fórmula,

y, ¡Eureka!, la potencia de un resultado

incuestionable y con apariencia de veracidad.

 

Cada día se sostiene en un complicado

equilibrio de lógica y esperanza;

la mente racional juega a ocultar lo inasequible,

a disfrazarlo de banalidad.

 

Te asomas a una puerta poética

y dejas que tus ideas se contaminen

y expandan por entre unos versos

traducidos, viajeros y sugerentes

del aspirante nórdico a Cavafis.

 

Ahí encuentras muchas verdades

y un tono vital alejado de la decepción

que sientes al fracasar tus poemas

o tus relatos, caminantes sin éxito

por un concurso que otrora te estimulaba.

 

Las matemáticas son un placer en sí mismas

patrones, atajos, procedimientos,

la facilidad para encuadrar decisiones,

el ritmo vital presente en el balance

de tu neurocórtex con tus sentimientos

sensaciones guiadas por el difícil

razonamiento geométrico.

 

Nada se te pone por delante: ni peligro, ni erudición;

consciente de que la gracilidad te abandona

admiras y valoras el respeto juvenil,

el tesoro de la vida sonriente por delante.

 

Estabilidad madura, placer inusitado

de todos tus sentidos, recompensa y puente

hacia la serenidad matemática del pensamiento.

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Poema 100: Sensaciones

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Algunos detalles, imágenes, se introducen

con fuerza entre mis circunvoluciones cerebrales.

Ya no son las mismas,

las he reelaborado y mitificado,

he difuminado ciertos fragmentos y ensalzado otros.


Si buceo con intensidad en el recuerdo

aparecen ellas, las sensaciones,

la angustia del abandono o la soledad,

la alegría infinita del sol y el mar,

la libertad de pedalear en tierra extraña.


Ante esos recuerdos sonrío

o me encojo aún temeroso y mínimo,

el olor de la cebada en la era,

vagar desorientado por lugares conocidos,

el dolor intenso de una luxación.

 

La experiencia me dicta, en medio del recuerdo

inspirar profundamente y detener el tiempo,

registrar ese instante de plenitud,

ojos, cara, sonrisa, el viento cargado de aromas,

el último beso que le di a mi abuela.


Muerte, sudor, infinito cansancio en la media maratón,

la película mejicana en el cine una noche lejana,

un roce de labios, unas manos enlazadas,

el llanto de un niño recién nacido,

un viaje en tren tras un día espléndido.


Recuerdo una multitud especiada

en el zoco de fez, laberinto y mercado,

un juego de escondite infantil temblando

bajo un abrigo con la niña que te gustaba,

el ciervo de Font de Gaume que lame a su hembra herida.


Hierba recién cortada en un minifundio,

un río helado y los tojos que pinchan,

el fútbol en el cruceiro,

el mazazo del anuncio de la muerte,

mi hija llena de cables en una incubadora.


Podría evocar versos tristes y alegres noticias,

infancia y adolescencia,

la madurez magnífica o el dolor insoportable,

pero me quedo en la repetición constante

de mi sonrisa en el espejo cada mañana.

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