Poema 275: Flores

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En el atrio de la modernidad

las letraheridas van sonrojándose,

algunos tatuajes brillan en la piel

aún indemne por los daños del tiempo.

 

En el arco de la luz de junio

sacan todos sus vestidos al césped,

recitan poemas que no entienden,

versan la carnalidad en un susurro.

 

En la terraza de verano

el dinero se alía con colores y banderas,

flotan en el aire los deseos no cumplidos,

las trincheras cavadas en el lujo.

 

Una ola de estupor desconocida,

cambia la mezcla de color en las pupilas,

desencadena sonrisas y arrumacos

rotos todos los frenos y preámbulos.

 

En el atrio de la modernidad

insulsos contendientes reposan alineados,

observan las flores exquisitas

abiertas por la luz de un bello día.

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Poema 213: Metapoema

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Atonía de espacios abiertos llenos de luz,

demasiada luz,

cerebro y flores demasiado expuestos,

ángulo agudo al despertar del sueño

de media tarde.

 

Voy en el coche conduciendo,

leo un poema de Simic en un semáforo;

–esto no puedes escribirlo, alguien te denunciará–,

pero podría habérmelo inventado,

–¿qué estás diciendo que mientes en tus poemas?

¿Toda tu poesía es mentira?–

 

Reviso los doscientos doce poemas de mi blog,

quizás he inventado historias en algunos,

quizá en todos…

 

Acabo de despertar, soñaba

con vecinos que tendían la ropa en los columpios.

Era bonito, parecía un barco con velas remendadas,

un colorido de espantapájaros,

el sonido del viento deshidratando la colada,

–eso lo has visto en una película china–

 

–Este poema terminará en tu blog–

no hay problema, no lo lee apenas nadie,

puedo poner mi sueño y decorarlo

con una puesta de sol sobre una ría

o con flores amarillas de tojo en un sendero.

 

–Demasiada luz–.

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Poema 184: Llueven flores de otoño

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Apenas existe el aire que respiras,

apenas las nubes dibujan formas

en el cielo o muestran su belleza,

apenas percibes el frescor de la mañana.

 

Vagamente recuerdas la pertinaz sequía

de hace justo un año,

o la visita a la playa de hace dos semanas

embebido en fórmulas y compromisos.

 

Podría acabarse el mundo hoy,

podrían cesar tus privilegios:

tus hijos caminando contigo

o esos besos infantiles de felicidad.

 

La lluvia que tanto esperas

llevará asociado un decaer del ánimo,

una falta espeluznante de luz,

el regreso de monstruos que crees olvidados.

 

Todo es provisional, tu sonrisa también,

el libro que postergas o la música

que has proyectado escuchar;

también el poema que no vas a escribir.

 

El aroma de un jardín que no es tuyo

te embelesa, perturba todos tus recuerdos,

excita tus deseos hasta límites insospechados,

llueven flores de otoño durante unos minutos.

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Poema 173: Primavera desperdiciada

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Estoy desperdiciando otra primavera,

este año es una de las buenas:

sol, agua, cunetas llenas de flores,

el impagable olor de las plantas

que evoca mi infancia en bicicleta.

 

El valle que he mitificado,

las jaras florecidas que alguien

me anunció este verano,

un embalse lleno,

la montaña que quiero escalar

antes de cumplir cincuenta.

 

Todo el día vago cansado,

lleno de ocupaciones informáticas,

ajeno a quienes eran mis amigos,

con apenas capacidad de una mirada

poética, ahora dependiente de la casualidad.

 

El cuerpo se acostumbra al asfalto,

a la contaminación cotidiana,

rutas urbanas de flores solo en vestidos,

miseria y ruido.

 

Estoy desperdiciando otra primavera

en el tiempo confortable de la madurez.

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Poema 163: Primera luna

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La primera luna de primavera todo preside,

henchida, desde el cenit celeste.

 

Hay un corazón hortera enorme

pintado en blanco en la pared,

bien podría ser un culo.

 

Hormiguean cientos de personas

agolpadas en torno a una virgen,

cada cual busca su salida y su razón

con toda la prisa del mundo.

 

El aire cálido despierta olores y deseo,

la espuma de las cervezas

es un reclamo en cada terraza.

 

Vestidos de flores se alternan con ropa oscura,

ancianos abrigados sienten frío interno,

murmullos aún quedos, precavidos,

demasiado atentos a las previsiones del tiempo.

 

La luna provoca una extraña lucidez nocturna,

preside y embelesa,

llena de fervor y de palabras,

modifica la conducta humana en rituales atávicos,

pasa inadvertida en medio de los rascacielos.

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Poema 32: La primavera es un perro vestido

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La primavera es un perrito vestido

acariciado por su dueña en una terraza,

el anciano que encorvado arrastra los pies

en un paso de cebra, bien abrigado pese al calor.


Es una imagen de niñez, una tarde soleada

perdido en un cúmulo de bodegas horadadas,

desorientación y transgresión, búsqueda

y la alegría infinita de varios adultos al encontrarte.


La primavera es un vestido que ondea,

unas caderas que perturban el aire,

cuerpos que se destapan, cuellos esbeltos

que florecen, aún níveos, no besados.


Son lágrimas de emoción, lluvia en un mar

impostado, sueños de un barco blanco y elíptico,

un poema en monólogo abrasador,

la mirada que levita un instante y fija y memoriza.


La primavera son las palomitas blancas

en los almendros florecidos, el olor intenso

de una planta en la verticalidad del sol,

la invitación de la piel al roce sensual de la luz.


Es el cielo invidente vestido de azul,

un azar de ojos coincidentes en brillo,

la verde pelusa imaginada en un campo,

el quehacer desesperado de una cigüeña.


La primavera es un beso volátil desdibujado,

un encuentro simétrico en horas prohibidas,

una mirada triste de dulce despedida,

un crepúsculo rojo de inmenso esplendor.

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