Poema 569: Inmune a la belleza del otoño

Inmune a la belleza del otoño

Inmune a la belleza del otoño

corro por las márgenes, –caminos de sirga–,

del gran canal ideado para el transporte de trigo.

Una garza imperturbable aguarda

hasta el último momento;

despega elegante, azulada y altiva

para volver a darme otra oportunidad contemplativa.

No accede a mí la belleza,

no penetra en mis poros o en mi ser intrínseco

no llega a mi intimidad.

La máscara-cúpula protectora está activada,

Sin embargo, he atravesado por el parque

en el que la política plantó su sede,

transversal cual bicicleta sagital,

gotas de lluvia en el rostro, frío,

cumpliendo el reto matinal de la velocidad.

Sí me atraviesan en forma de hélice

las palabras de un artículo sobre deidades modernas,

la risa oculta, o la viñeta de la secuencia valenciana

en la que la cúpula de autoridad estuvo ausente.

La catástrofe nos bombardea cada día,

llena de barro nuestra conciencia

mientras soslayamos las lágrimas

en aras de una continuidad familiar y laboral

que equilibra el horror con la belleza.

Poema 485: La diosa garza

La diosa garza

La diosa garza alza el vuelo al paso corredor,

se posa unos metros más allá sin inmutarse,

planea serena en un vuelo corto y elegante.

Según mi amigo arqueólogo, nos ha protegido

de la lluvia que comienza en ese instante:

diosa votiva, diosa cantada, diosa sacrificada.

La belleza de la niebla gris semeja mi mente agotada,

tiempo de supervivencia sin perder la presencia,

el ánimo o la autoestima:

correr por inercia, la de los mágicos ritos,

el campamento motero lleno de hogueras en la noche,

rugidos del motor, alcohol y música rockera.

Solo atisbo la velocidad de los tiempos,

el delicado equilibrio mental de la abundancia,

las interacciones lectoras, musicales, fílmicas,

tratar superficialmente un tema hasta agotarlo,

quedarme dormido en medio de un artículo interesante.

La diosa garza nos ha protegido en este clima de enero,

ha despertado la posibilidad de un síndrome de Stendhal,

un aura de hermosa belleza sanadora.

Poema 343: El pruno

El pruno

El otoño del pruno es una maravilla,

el gran chopo se alza por encima y lo protege.

Sin embargo el sauce joven se entremezcla

entre sus ramas y lo asfixia.

El sauce, vigoroso ahora, morirá pronto

y el pruno huésped vivirá una viudez intensa

llena de mirlos juguetones.

Los colores cíclicos denotan su estado de ánimo.

En el canal, los patos violadores

trazan sus flechas acuáticas en la sombra

mientras llueven hojas coloradas.

El sufrimiento del pruno al perder sus hojas

parece tan intenso como un cambio hormonal.

Los runners del camino de sirga junto al canal

admiramos la belleza madura,

la decoloración progresiva de su estructura externa,

el aroma que deja en el aire tras la lluvia nocturna.

Libarán abejas en la primavera,

soportará podas y desnudez

para seguir floreciendo con tanta intensidad

y fragancia

que hará que todas las miradas se posen en él.