Poema 689: Nieve

Nieve

Nieva en la burbuja que puedo alcanzar,

un entorno local de singularidad paralizante,

temor, frío amplificado, elevado por agoreros:

la nieve conecta nuestro paisaje con la geopolítica

los inuit se visualizan en el páramo castellano.

Algo fluye en nuestro interior ancestral,

oportunidad de caza, agua garantizada,

conservación de las viandas

pero también frío extremo, ventiscas mortales,

desorientación y búsqueda inmediata de refugio.

La luz blanca y los paisajes sin color

deslumbran al espectador que desafía la nevada

convierten la vida sedentaria de pantallas

en realidad digitalizable y protagonista.

La nieve es un meteorito estructurante,

se mezcla con la materia orgánica, la penetra

la transmuta en un barro informe germinal.

Delata también huellas, pisadas, roderas,

quién pisó primero, quien rodó esa bola gigante

que es la base de un muñeco grotesco.

Los copos son una bendición histórica,

una recarga de arroyos y acuíferos imprescindible,

la garantía de una primavera impetuosa y alegre.

Griterío adolescente que se lanza bolas apretadas

y encaja en el cuerpo los agravios amicales,

empapados y felices de rememorar su infancia.

Poema 683: Antropología de madurez

Antropología de madurez

Descubro pequeños gestos de insumisión

como consecuencia de gestos ancestrales;

festividades veraniegas

como contrapunto rebelde a la cooperación

y sometimiento leve a las órdenes de un jefe.

Leer hace reflexionar, también la escucha activa

la consciencia de la invasión en la vida ajena

o la incoherencia necesaria en la vitalidad,

en el deseo o en las perspectivas de otro futuro:

inversiones inseguras y tal vez aleatorias,

extremos teóricamente innecesarios

y sin embargo capaces de mantener iluminada

la esfera subconsciente, los circuitos afectivos,

esos hilos de apariencia superflua que todo conectan.

El excedente de tiempo lento cual cocción a la lumbre

eleva el nivel de ideas y pensamientos,

excede las rutas cotidianas de sencillas rutinas mentales

arriesga e ilumina, ordena y aconseja,

permite una visión cenital del entorno reducido

en el que está el espacio-tiempo en el que te mueves

y todo lo que en él entra, sale y se afana,

salvo tú mismo, que te debates entre necesidad y contingencia.

La creatividad humana deja manchas de colores potenciales

en cada individuo, en cada colectividad,

contrapone y define, aísla y condiciona, genera identidad

al tiempo que comparte, relaciona e integra saberes

con resultado opuesto a la idiosincrasia intuitiva inicial.

El conocimiento no exime de la tristeza vital.

Poema 625: La belleza de los caminos en primavera

La belleza de los caminos en primavera

Conozco la belleza de los caminos en primavera,

el olor inalcanzable de algunas plantas al despertar,

el colorido en las cunetas donde no llega el herbicida.

Desearía pasar por allí una y otra vez, eternamente.

El ciclista atesora todo eso entre el sudor y el esfuerzo,

siente una vitalidad desbordante,

piensa en su privilegio viajero de esfuerzo improductivo,

en urbanitas que nunca podrán disfrutar de esas ondulaciones

de los valles cerealísticos acompasados por el viento.

El pedalear sin rumbo otorga una falsa sensación de libertad,

una capacidad espejística de elección,

una añoranza de un pasado lejano anti tecnológico.

Al llegar al valle en el que transcurre un riachuelo

por el que serpentea una senda casi invisible

me detengo a escuchar el sonido de los grillos omnipresentes,

aquí no hay guerra, ni injusticia, ni vocingleros del mal,

ni la competitividad humana a veces tan sutil.

Pienso que estar aquí una vez más,

sería un motivo categórico de querer seguir viviendo;

después, consciente de mi egoísmo, pienso en personas

en el hueco relacional que ocupo,

quiero mostrarles la belleza de un día anónimo y soleado

en mitad de ninguna parte.

Aquí, escuchando el zumbido de los insectos polinizadores,

dejo la mente en blanco y me integro con la tierra

en la que un día desapareceré sin apenas dejar rastro.