Poema 335: Ruido

Ruido

Oyes el ruido de un avión y piensas

ya están aquí.

Vibran las grúas al paso invisible.

El terror de la especie.

Una mujer corre y eso un detonante.

Corren decenas, cientos, miles, corren.

¿Hacia donde corren?

Vives en una jaula que simula libertad

pero el ruido que te taladra los oídos

te recuerda tu dependencia.

Entonces tomas consciencia de tu cuerpo

miras tus manos, las conoces,

te gustan, es un consuelo que sigan ahí.

Piensas en tu rostro bronceado

curtido por los años.

Parece que puedes sentir tus dientes,

cierras la boca para comprobar que están ahí.

Has vivido y disfrutado, ves el camino detrás de ti.

Sientes que te faltan algunos abrazos

y que el tiempo se ha detenido.

Silencio.

Poema 300: Mis hijos

Mis hijos

Todavía puedo verme en los ojos de mis hijos,

inquietos burlones, ilusionados,

pletóricos de pequeñas tonterías

atentos al lenguaje desaforado e irónico.

Pasará esta unidad, el tiempo de la protección,

de la calma familiar ante la pandemia,

días en los que la muerte de Maradona

parece la única noticia que oscurece el ocaso del sol.

Ulises sigue vivo y su vuelta a Ítaca

consigue captar la atención de los niños

durante el relato hiperbólico y desenfrenado

fruto de la mala memoria y de la improvisación.

Diego Armando Maradona no era de su tiempo,

no aparece ya en sus cromos, ni en su Olimpo,

la edad de las mitificaciones parece haberse consumido

tras las derrotas democráticas de los populistas.

No sé quien soy. Cada día me reinvento

sin perder toda la predictibilidad de mis hijos,

me asomo al espejo sonriendo tranquilo,

soportando los crujidos corporales del tiempo.

La serie Gambito de Dama me hizo llorar de emoción,

abrió la compuerta para mover las piezas

sobre un tablero del que nunca me alejé del todo;

hoy, bajo demanda infantil, vuelvo a jugar con ellos.

Cada día me sorprendo por las habilidades que han adquirido,

música, estrategia en los juegos de mesa,

idiomas, lógica social, sutilezas del lenguaje,

un desarrollo exponencial del conocimiento.

Mi vida es una doble hélice con ellos,

a veces mi cara opuesta se aleja sin alejarse

cual goma elástica que vibra en la tensión

diluida en cada abrazo de buenas noches.

Poema 156: El árbol recibe

El árbol recibeIMG_8341

El árbol recibe las gotas impetuosas de lluvia

cuál semen germinativo,

absorbe, filtra, succiona,

hace reventar la savia,

florece en una sonrisa de hojas,

ya risa de blancos dientes,

alegría bajo el arcoíris sinóptico;

se nutre de elementos químicos,

devenidos en palabras,

formulados en un ocurrente idioma,

sintaxis oculta a entendimientos no iniciados;

escamotea la basura exterior

o las múltiples noticias catastróficas,

para reverdecer en cada primavera

e hibernar en posición fetal

cuando el aliento se torna gélido

y aquellas palabras formuladas son ya ácidos

elocuentes, gritos de las Furias desatadas.

El árbol recibe las gotas de lluvia y llora

de alegría en un abrazo íntimo y consolador,

se despereza y sus brotes son tiernos susurros,

presagio ya de la fuerza renovada.

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