Poema 181: Ayer creí ver

Ayer creí verIMG_20180822_205822

Ayer creí ver una luna dentro de la luna,

observé el hormigón debajo del asfalto,

una ventana que no da a ningún sitio,

una ausencia de árboles en el descampado.

 

Luego ya observé el crepúsculo de nubes azuladas,

la silueta de la torre en el cielo revuelto,

un barullo de palomas asustadas por el ruido,

una cierta fealdad de adobe a la intemperie.

 

Cachivaches, fotografías de otra época

en las que el contexto anula a los personajes,

bailes y exceso de tecnología actual,

un pequeño edén de agua y plantas aromáticas.

 

Ayer creí ver una red de colaboración altruista,

personajes despojados de su rol,

la franqueza de una vuelta a los orígenes,

trabajo sin orden y sin presión.

 

Más tarde reconocí escenas repetidas,

esas que a veces calman el espíritu por conocidas,

las que no admites fuera del lugar y la circunstancia,

trampantojo y disimulo fuera del tiempo.

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Poema 180: Vida natural

Vida naturalCaptura de pantalla 2018-08-08 a las 19.19.50

El agua corre, salta, brinca, sortea rocas

grita de júbilo ante su libertad

en un descenso vertiginoso

por gargantas de enormes piedras.

 

El sonido del agua es una bendición

para el oído estresado por el tráfico

o por una jauría de centenares de adolescentes

desbocados a la hora del recreo.

 

Grillos y cigarras compiten contra el silencio,

a veces una corriente de viento susurrante

se cuela por los cañones horadados

por el agua durante milenios.

 

Desnudo, tumbado en la roca,

mi cuerpo absorbe el calor del día,

el oído capta todos los matices del agua

y la vista se relaja en las hojas móviles del castaño.

 

Cada hora pasada en la naturaleza

es un regalo y un privilegio,

el recuerdo ancestral almacenado en los genes,

un gozo para todos los sentidos.

 

Las huellas de uno o varios lobos,

en la umbría de la Pista Heidi

descarga mi adrenalina y tensa mis músculos,

aguzo vista y oído mientras sigo caminando.

 

Hay moscas, arrancamoños, zarzas,

parásitos escondidos en los helechos

que flanquean el camino centenario

entre vallados de prados escalonados en terrazas.

 

La fuerza de tu espíritu se pone a prueba

con el calor sofocante, los pinchazos, el sudor,

las ortigas que inoculan su veneno en tu piel,

y los múltiples obstáculos que esconde cada senda.

 

Minimizas todos esos inconvenientes

o los sopesas con la luz cambiante e indescriptible,

la fragancia aromática de las riberas del río

o la sensación atávica de libertad.

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Poema 179: Desnudo

DesnudoIMG_20180730_110442

Sale el sol entre las crestas del Pinajarro,

camino aún medio dormido

entre el olor de las huertas que despiertan.

 

La piedra Rosetta está rodeada de turistas,

es un símbolo que nada dice al no iniciado,

como si poseyera un poder mágico al tocarla.

 

Asciendo por un paisaje que podría enumerar dormido,

albergue, piscifactoría, presa, casa de Marinejo,

casa de la luz, treinta y tres revueltas,

el canal siempre lleno de moscas y un paisaje inabarcable.

 

La cabeza de Ramsés Segundo, majestuosa

preside una sala llena de tesoros egipcios,

la multitud tiraría de las vendas de cada momia,

querría saber qué hay debajo, destruyendo el objeto

de tres milenios de antigüedad.

 

Los ojos avizores desentrañan riadas,

un nuevo puente de madera,

la vegetación recién segada junto al canal vacío;

asciendo el tramo final para encontrar la Chorrera

carismático salto de agua de quince metros de altura

tal y como corresponde a un año lluvioso.

 

El Moais de la isla de Pascua impone por su tamaño,

¿Cuál era el misterio que albergaba esa estatua?

¿Cuánto poder otorgaba a su constructor?

Las formas sencillas de la piedra conmueven a la masa.

 

Desnudo me baño en la charca helada de la montaña,

mi cuerpo ya no es joven en la encrucijada vital,

sopla una brisa cálida que asciende por el cañón,

seca la piel y la ropa;

sentado en la postura del loto, mi vista se maravilla.

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