Poema 428: La Ciudad

La Ciudad

Ciudad sucia, deslavazada,

granito sobre el que se ocultan sombras,

figurantes de la urbe,

despojos humanos perseguidos.

Churretones, pises, el suelo poético hundido

por el peso del tráfico,

sin apenas mobiliario urbano donde sentarse.

Ruido y obra permanente,

un templo del neoliberalismo salvaje.

Algunas florecillas como reclamo:

un musical, una exposición culta,

restaurantes temáticos,

lugares donde monetizar al turista.

Se reúnen cinco jóvenes ciclistas:

son repartidores alegres al lado de Ópera,

sobreviven en esta jungla,

saltan de liana en liana y sonríen

listan sus cuitas y sus rutas de servicio

para no terminar siendo sombras.

La policía a caballo es un reclamo turístico:

largas porras, enormes animales,

el suelo rugoso retumba bajo las herraduras.

Artistas de tercera fila son desplazados,

la cultura vive en otros barrios, exiliada,

más allá del anillo contaminado.

Franquicias y mercados ocultan

pequeñas librerías amistosas,

lugares en los que se reúnen los desterrados,

un submundo oculto a la vista basta,

a los movimientos salvajes crematísticos.

La vida renace en los intersticios del granito,

de las losas sepulcrales de la ciudad:

entre el ruido de las taladradoras

se eleva un Nessun Dorma tenor

en el corazón mismo de la Puerta del Sol.

Poema 146: Otoño en Oporto

Otoño en OportoIMG_7589

El humo de la castañera de Sao Bento

se confunde con la niebla y la llovizna,

tráfico absurdo por entre las estatuas,

una multitud aguarda en la cola de Lello.

 

Libros, bicicletas y suspensorios,

azulejos para ilustrar al pueblo,

un mercado cerrado que parece un cementerio,

todo sorprende en la bocana del Duero.

 

Una voz maravillosa acompaña al órgano en la Sé,

el sonido vocálico nasal me resulta erótico,

como las uñas rojas perfectas de la dependienta

del centro comercial llegado del futuro.

 

Los nombres de las calles adoquinadas

están llenos de prohombres, clérigos, escritores,

alcaldes, políticos y santos.

¿Dónde están las mujeres?

 

En el faro rayado de colores, unos pescadores

flirtean con turistas de impolutos pantalones blancos;

la suciedad se desvanece con la lluvia,

solo el verde de la bajamar permanece.

 

Apenas quedan unas hojas amarillas,

y el hueco vital de miles de turistas,

el fantasma de los vinos en el puerto

y la luz mortecina del puente en la niebla.

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Poema 67: Nadie sonríe

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Mira por tu ventana,

existe la vida, alguien

arrastra los pies,

el tipo de la pipa viste bien,

una madre joven carga con sus hijos,

nadie sonríe.

Un tipo deforme cruza el pasadizo,

la cabeza alta, erguido,

mucha gente le mira al pasar,

él lo sabe y le alimenta.

Escuchas un poema de un youtuber,

con más de cinco mil reproducciones,

desamor un punto cínico,

sensibilidad a flor de piel.

Varios adolescentes caminan en grupo,

obsesionados con sus teléfonos móviles,

sus rostros inexpresivos son prisioneros

de la última foto que alguien se hizo en su baño.

Nadie parece escapar de la tecnología,

de las calles atestadas de vehículos,

de la orgía de ruidos chirriantes,

ni de la prisa social inconsecuente.

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