Poema 313: Inexpresivos rostros

Inexpresivos rostros

Los rostros se vuelven inexpresivos

se apagan al acercarse el toque de queda,

el amor que estaba en el aire

ha quedado suspendido en el ocaso.

Casi todo el mundo camina envuelto

en su mascarilla de diseño,

un disfraz y una protección mental leve

ante el desorden neuronal pandémico.

Los homínidos se dispersan en todas direcciones

caminantes, buscadores, deportistas,

un hormiguear en un terrario,

todos poseedores de la verdad suprema.

Se multiplican los jugadores virtuales,

afloran los tramposos en pos de las vacunas,

otros disfrutan de bajas laborales

o se ponen en cuarentena por contacto estrecho.

Todo el mundo ve series al destajo

quizás sin la necesaria introspección,

una idea del mundo expandida al milímetro

por guionistas creadores de opinión.

Los cuerpos se acostumbran a la soledad

del entorno familiar,

a la propia burbuja sostenida in extremis

por una efímera esperanza de futuro.

El carnaval luce espléndido, los ojos fijos

en días iguales a los anteriores,

la mísera muerte aleatoria en lontananza,

las bocas carnosas no muerden la manzana.

Poema 269: El mundo después de estos días

El mundo después de estos díasIMG_6358

Lo que estaba muerto estará vivo y verde

cuando salgamos al campo,

algunas flores ya se habrán desbaratado,

ríos que se han desbordado

siluetas que ya no recordamos.

 

Las drogas que nos sustentan cada día,

oxígeno, engaños mentales con forma humana,

ángeles olvidados desde hace eones,

píldoras amorosas como gotas de lluvia,

ahora ya no son necesarias en el retiro.

 

Sumergirse en una historia, serie, película,

libro, narración oral o vínculo de Youtube,

un olvidar el presente y sus consecuencias,

no anticipar, ni sopesar, ni presuponer,

es la única forma de salir del círculo vicioso.

 

No habrá apoteosis, ni vivas, ni alegría desbordada,

seremos predicadores de Twitter,

o ínsulas táctiles en medio de una masa ingente

de personas desbordadas y egoístas,

antes de ser arrastrados por los ríos antiguos.

 

A lo sumo quedará un poema, el recuerdo

filtrado de las semanas confinados, las cervezas,

las partidas de ping-pong en la mesa de la cocina,

todas las borrascas que dejaron un mapa

en medio de tu cabeza inhabitable esos días.

 

El tiempo en el que te lamentarás

de solo haber leído tres libros extraños,

de haber publicado una docena de poemas,

cuando el tiempo muerto se abría en esplendor

solo para ti, gran falacia de egoísmo profético incumplido.

 

Comprimidos poéticos, música de la Filarmónica de Berlín,

algunos retazos entrevistos de ópera,

subir escaleras corriendo para obtener

las necesarias sustancias neuronales de alegría,

todos esos gestos condensados en un aplauso al atardecer,

han conseguido mantenerte con vida cada día.

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