Poema 605: Iglesia de Vik

Iglesia de Vik

Esencia simple de líneas rectas,

emblemático lugar a media altura,

observable desde el mar y la montaña

blanco y rojo primarios,

alrededor la nada nívea y el frío norteño.

Contrasta la plataforma con los pastos desiertos,

el flujo incesante de fotógrafos,

la lluvia o la nieve en ventiscas directas

parecen rebotar en su campo magnético.

La iglesia es un icono arquitectónico,

atrapa la mirada a la salida del único supermercado

en muchos kilómetros a la redonda.

Diríase un edificio de un dibujo animado,

quizás una iglesia en los Alpes de Heidi.

Hay una magia probablemente ancestral en el lugar,

la sensación de belleza de proporciones,

el modelo con el que se erigirían decenas de templos.

Impresiona la austeridad, el enclave perfecto,

la luz, el sonido del viento y del Atlántico Norte.

El rojo vivo de la cubierta y la torre atrapa la mirada

cual tela de araña pacientemente tejida

para atrapar al incauto turista y colonizar su mente.

El icono visual trasciende su significado místico

y lo eleva al altar turístico de la devoción viajera.

Poema 458: La línea del tiempo

La línea del tiempo

La línea del tiempo es singular,

me lleva y me trae, entre olvidos

ocupaciones y preocupaciones varias,

mi infancia y adolescencia parecen estar

a un tiro de piedra del recuerdo,

recuperables siempre,

así como las personas queridas que murieron.

La inercia se encarga del resto:

estoy y participo y disfruto el instante,

sin fijar los momentos, llenos de fotografías

e incluso de algún poema también inercial.

El móvil me absorbe el cuarenta por cien de todo,

pegado a mí participa en debates, recuerdos,

menciones, imágenes, citas y referencias.

Ocupamos el mismo espacio que ocupábamos:

¿Durante cuánto tiempo?

¿Qué reminiscencias leves quedarán tras de mí?

La calle y la noche son ahora de otros jóvenes,

también la alegría desbocada sin horizonte,

el desconocimiento de la fugacidad,

la huida hacia adelante renovada por generaciones.

El tiempo jibarizado en una exposición aleatoria,

recortes de hitos y recuerdos macabros,

la forma de sostener una comunidad inconexa.

En mi recuerdo se producen pliegues extraños,

atajos a momentos vitales estelares

insignificantes en el cómputo global comunitario.

Las líneas siguen un relato simplificado,

más allá de la losa de tristeza que duró un instante

una emoción y unas palabras íntimas y profundas,

la conexión y el llamamiento comunitario

a un pensamiento conjunto de misticismo y elevación.

El tiempo es un espacio topológico que puedo deformar

una goma maleable, deformable, plegable,

pero finita e irrompible, y finalmente inexorable.