Poema 96: Poesía

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Un sonido, un instante

olvidado bajo la niebla, la lluvia,

la carrera,

una chispa del azar,

una deformación estética,

miope encuadre aislado

un detalle evocador

una luz, otro poema.


Un razonamiento matemático

unas hojas que caen con suavidad

la estela leve de un avión en el cielo,

el rumor

sencillo de una fuente,

quietud, una silueta anciana

recortada contra la niebla.


Un juego de nubes cambiantes

en una tarde inesperada de otoño,

agujas de pino casi transparentes,

blanco y azul,

nostalgia, melancolía,

la sonrisa inmediata:

contrapunto estético de quien escribió un poema

y no puede repetirlo.

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Poema 95: Personaje feminista en busca de relato

Personaje feminista en busca de relato img_20161104_160458

Miasmas, escorrentías, llueve

hojitas amarillas bajo el árbol mágico,

se ha renovado el aire

y el personaje crece y busca su salida.


Rueda como una bola de nieve,

se enriquece, absorbe aquí y allá,

se nutre de cada conversación

de cada idea filtrada por la razón.


Ella tendrá su visión del mundo,

sus expectativas, sus miedos,

caminará sola sufriendo miradas

machistas humillantes.


Despreciará la cómoda insensibilidad

ignorante o la tolerancia pasiva

de sus congéneres, luchará por su libertad

social y su idea de sí misma.


Deseará y será deseada en igualdad,

leerá e investigará los motivos seculares

de su yugo religioso y comunitario,

florecerá su sexualidad sin límites.


Ella continúa definiéndose cada hora,

en paralelo decenas de relatos la rozan

o llaman con insistencia: amante, asesina,

guardiana o directora de orquesta.


Llueve, todo se renueva, el peso

de las hojas de los árboles es incalculable,

camino sin paraguas, sostenido por la imagen

de mi personaje en busca de su relato.

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Poema 90: Al fin la lluvia

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Al fin la lluvia de gotas enormes,

tormenta, viento, furias desatadas,

erinias en busca de víctimas,

un relámpago de ángulos agudos,

el castigo de un trueno tras otro,

petricor, brilla el suelo agradecido,

se serenan los elementos, hueco cenital

para la mansa lluvia de sonido monótono.


Mi hueco vital no deja seco el suelo,

quizás ya no estoy, solo soy el fantasma

de mí mismo, las gotas no empapan mis gafas,

ninguna ropa se ciñe húmeda al contorno

de mi pecho, no siento frío,

pero sí el olor, sí la luz mortecina y gris,

sí las miles de gotas fundiéndose

en pequeñas torrenteras calle abajo,

un perro que ladra y el piar alborotado

de los pájaros refugiados en los árboles.


Esta lluvia penetrará un centímetro,

dos quizás, en la tierra, me llevará con ella

un instante, licuado, permeable

fundido en ella, lejos de cualquier cita física,

de trabajos y proyectos; seré luz

débil y monotonía cíclica y eterna,

no tendré ropa, ni olor, ni voz,

seré puro deseo, pura antimateria

de sensibilidad excepcional intrínseca.


Arrecia, el olor y la humedad marean,

mi rostro imperturbable languidece,

solo las manos teclean ajenas

algunas palabras enlazadas por hilos

invisibles, por cadenetas tejidas

en las sinapsis potenciales de otros lectores,

quietud, inspiraciones rítmicas:

una caricia deseada me llevaría al paraíso.

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Poema 50: Certeza

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Tengo la certeza de haber vivido

en pocas casas y en un solo templo.

El gato de ojos verdes no me observa,

la lluvia huele a la playa matinal,

¿de qué hablan y rien esas mujeres?

Parezco un caballero con paraguas,

azul oscuro, el cielo está cerca.

El centro comercial se despereza,

piano mudo, silencio, media luz.

Sonrío a una sonrisa conocida,

todo se detiene, aspiro hondo.

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