Poema 702: Granada

Granada

La luz del sur hacía daño a los ojos:

viento, reverberación del Mediterráneo,

el efecto de la claridad tras las oscuras borrascas.

La nieve tuvo que esperar,

atisbada a lo lejos en las cumbres nazaríes

parecía no llegar nunca.

Lorca tenía un paseo en un pueblo recóndito

lleno de versos, de fuentes cantarinas,

de la belleza aún cruda del invierno alpujarreño.

Fugaz fue mi visita al centro que le rinde homenaje,

un momento de soledad tan necesario,

poder caminar deprisa apurando el tiempo:

rutas de fuga, centro de gravedad.

Me sorprendí odiando al lugar y las circunstancias

en el que fue detenido el genio,

toda la ciudad y todas sus gentes por extensión

aunque noventa años después la vida sea diferente

salvo la exaltación y el homenaje que no llega.

Poema 302: Funeral

Funeral

La muerte me conectó de nuevo con mi infancia,

con mi adolescencia,

con mis raíces.

El cielo parecía transmitir el desgarro y el frío

que la pérdida dejaba en los presentes.

Nubes deformes, colores de una agonía solar

sobre campos recién sembrados frente al cementerio.

El viaje a mis orígenes me regaló un disco:

Carestini el castrati,

la voz de Jaroussky, pura técnica vocal y bondad.

Mientras conducía por serpenteantes carreteras

evocaba otros viajes en soledad hacia la muerte,

la belleza del contraste con la tristeza,

los meses húmedos de campos baldíos y desiertos.

Fui consciente del regalo que deja en los vivos un funeral:

aprehender cada hierba, cada color, cada sonido,

la consciencia de lo efímero que será todo eso;

y al mismo tiempo, un homenaje al difunto,

el recuerdo amplificado y la desolación y el vórtice

que deja en sus seres más queridos.

La sustancia del funeral es la compañía,

fuerza de unción de voluntades, presencias silentes

capaces de unirse en atmósfera protectora.

Después esa energía se canalizará como consuelo.

Poema 202: Homenaje

Homenaje

«¿Qué se llevan los muertos en el viaje?
¿Qué se abisma en sus ojos hacia dentro?
¿Hacia dónde cae o sube?»
José Manuel de la Huerga “La casa del poema”

IMG_20190201_105546Días, horas, minutos y segundos,

han pasado con vértigo de actividad,

con opiniones y voces,

protagonistas y ajenos al tiempo.

 

La palabra se hace casa y retorno

en las palabras inocentes de los alumnos,

voces inseguras, auténticas,

alejadas de cualquier impostación poética.

 

La casa del poema es mi tierra,

es tu tierra, el camino de tu infancia,

su voz recordada para sus familiares,

a cada cuál le llega un estímulo de emoción

en la sonoridad de un tiempo perdido.

 

Jóvenes y docentes, autoridades y amigos,

un cúmulo de seres vanidosos

o expectantes en la honra del difunto:

orden estudiado y trabajado,

discursos y alocuciones profundas,

un camino de palabras de serena armonía.

 

Ambiente cálido y de desasosiego contenido,

belleza y sencillez,

una ofrenda a los supervivientes,

símbolos y lentas frases pronunciadas

como ofrenda inmaculada,

quizás protección del viviente.

 

No todos caben por la ancha puerta,

el pudor bloquea más que los cuerpos,

el saludo y la sonrisa se elevan sobre lágrimas

ya serenas en la asunción de la ausencia infinita.

 

Expiación, purificación, catarsis,

decenas de humanos han creado una fraternidad

momentánea de ojos lacrimosos

y recuerdo ya mitificado o embalsamado

de quien perduran sus libros relucientes.

 

El acto es una comunión gloriosa de los presentes,

enaltecimiento y descarga de conciencias,

recuerdos y fijación en la memoria,

también ofrenda y respeto,

la sociedad unida en contra de la muerte.IMG_20190201_182058