Poema 679: El tiempo blanco

El tiempo blanco

Aislado y azul

amanece el invierno aséptico

voces en un coro presuntamente navideño

muchos tics de labores realizadas

el placer se escapa

en la multiplicidad veloz del aprovechamiento

lo pasado es una imagen fugaz

solo lo por venir habita el cerebro

The Nutcracker llegó donde no había máscaras

en una soledad armoniosa

con coro contemplativo y respetuoso

un espacio sonoro de abrazos fraternos

en un final propio del espíritu de adviento

los cielos engañan cual trampantojos

de anuncios níveos nunca concretados

palabras que engarzan reflexiones

hilos y pensamientos voraces

sostenido por ideas fijas eternas inmutables

de apariencia inmortal

sobrevuela el río con sus corrientes convectivas

aquella garza que azulea la piedra

junto al puente desmemoriado

llega el tiempo constreñido y taciturno

un azar hogareño lector y reflexivo

Poema 569: Inmune a la belleza del otoño

Inmune a la belleza del otoño

Inmune a la belleza del otoño

corro por las márgenes, –caminos de sirga–,

del gran canal ideado para el transporte de trigo.

Una garza imperturbable aguarda

hasta el último momento;

despega elegante, azulada y altiva

para volver a darme otra oportunidad contemplativa.

No accede a mí la belleza,

no penetra en mis poros o en mi ser intrínseco

no llega a mi intimidad.

La máscara-cúpula protectora está activada,

Sin embargo, he atravesado por el parque

en el que la política plantó su sede,

transversal cual bicicleta sagital,

gotas de lluvia en el rostro, frío,

cumpliendo el reto matinal de la velocidad.

Sí me atraviesan en forma de hélice

las palabras de un artículo sobre deidades modernas,

la risa oculta, o la viñeta de la secuencia valenciana

en la que la cúpula de autoridad estuvo ausente.

La catástrofe nos bombardea cada día,

llena de barro nuestra conciencia

mientras soslayamos las lágrimas

en aras de una continuidad familiar y laboral

que equilibra el horror con la belleza.

Poema 485: La diosa garza

La diosa garza

La diosa garza alza el vuelo al paso corredor,

se posa unos metros más allá sin inmutarse,

planea serena en un vuelo corto y elegante.

Según mi amigo arqueólogo, nos ha protegido

de la lluvia que comienza en ese instante:

diosa votiva, diosa cantada, diosa sacrificada.

La belleza de la niebla gris semeja mi mente agotada,

tiempo de supervivencia sin perder la presencia,

el ánimo o la autoestima:

correr por inercia, la de los mágicos ritos,

el campamento motero lleno de hogueras en la noche,

rugidos del motor, alcohol y música rockera.

Solo atisbo la velocidad de los tiempos,

el delicado equilibrio mental de la abundancia,

las interacciones lectoras, musicales, fílmicas,

tratar superficialmente un tema hasta agotarlo,

quedarme dormido en medio de un artículo interesante.

La diosa garza nos ha protegido en este clima de enero,

ha despertado la posibilidad de un síndrome de Stendhal,

un aura de hermosa belleza sanadora.