Poema 363: Hastío

Hastío

En el hastío hay silencio

una nota de música es una gota de color

rojo en medio de una niebla pucelana,

el canto de un pájaro simultáneo

en los oídos cómplices de una pareja.

Respiras el aire filtrado de la ciudad

caminas y caminas, estación, cuarteles abandonados

tal vez te aventuras por la antigua judería

una hermosa casa muy simple

rodeada de toda la ciudad.

Ha dejado de interesarte el poema que lees

por una conversación en una mesa ajena,

qué crítica mordaz a la familia

cuánto desprecio en las palabras comadreadas,

un desahogo en medio de la nada.

Hay un rumbo débil hacia el que te diriges

dando rodeos, siguiendo hilos torpes

deslavazados, incompletos:

te detienes a comprar algo de comida

en el más triste de los supermercados vacíos.

Una ventana con luz y sin cortinas

es un acontecimiento que ilumina la tarde,

el libro al que te aferras te ancla al mundo

como si en él habitara el mejor de los regalos

y tal vez sí: la melodía agotada de una vida plena.

A la luz del día, ha desaparecido el árbol

que tanto te gustaba,

las máquinas, grúas, camiones, escriben sus rutinas,

caminos y tareas grises sin alma ni música ni olor,

solo en tus ojos cobra vida la trasparencia mundana.

Poema 298: Los ejecutivos viajan en moto

Los ejecutivos viajan en moto

Los ejecutivos viajan en moto

a la conquista del espacio urbano.

Tengo una imagen efímera de mí mismo

tomando un verdejo

en la terraza de una calle peatonal.

Otro recuerdo del último día

en que compré un libro.

Solo una mujer puede fotografiar

mujeres desnudas (aunque sean fotos estupendas)

(aunque posen seriamente, sin erotismo aparente).

Las mujeres hermosas se abrigan y ocultan

su sonrisa bajo la mascarilla.

Nunca observé tantas frentes eróticas.

Patinetes eléctricos circulan

cuál saetas que cortan el aire frío de noviembre.

La normalidad soy yo.

Al atravesar el río recordé el poema titulado:

Debería pasar cada día por aquí.

Era otro río y otra estación, pero el flujo de la corriente

y estar suspendido en medio del cauce asociaron las ideas.

Los adictos a la barra del bar sostienen vasos con café

en una mano,

despojan al cigarrillo de su esplendor con la otra.

El mundo nuevo se sustenta en una catedral de luces navideñas,

en aproximarte de nuevo al pequeño comercio.

Un libro nuevo en mis manos es el tesoro de mi sonrisa.

Poema 204: Noctem

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Cae la tarde y llueve.

No es verdad que llueva,

puedo visualizar esa lluvia

pero hoy ha hecho una tarde espléndida

y el ocaso es lento y sereno,

desgrana naranjas sobre los tirantes del puente,

hiela el rostro de los ciclistas que regresan

de esos caminos de la tarde.

 

No llueve, no hay lágrimas,

las oculta el deseo y el verbo,

las luces de los coches restringidos

por la contaminación invisible,

hacen vibrar levemente los cristales.

 

Desde mi atalaya en penumbra

atisbo peatones de invierno,

aves sueltas en la curva del Pisuerga,

quietud de la ciudad que se dispone

a la fiesta del sábado noche.

 

Lloverá y los reflejos de los semáforos

en el asfalto producirán destellos,

encogidos los transeúntes caminaran erráticos,

las palabras llevarán el ritmo de la lluvia

y se escuchará el cántico de árboles

alimentándose del agua celeste.

 

La ciudad se abre a la noche,

enciende sus luces, se enniebla

se traviste de gasa y rocío

cierra a cal y canto sus calles

a la música atronadora de locales subterráneos.

 

No hay lluvia ni viento, ni las nubes caprichosas,

es la noche de los focos y el alcohol,

de cuerpos girando en busca de trance,

permuta de noche por día,

destellos de verdad y de dolor,

la soledad interior de quien se despoja de todo.

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