Poema 89: El ocaso púrpura

   El ocaso púrpuraIMG_20160819_212839

El ocaso púrpura, doliente,

solo para ojos aguerridos,

te recibe bárbaro, símbolo

de otros tiempos enfangados

en que mirar al cielo era imposible.


Decenas de burbujas presiden tus recuerdos

en este pequeño espacio,

en el oasis de tu juventud feraz,

nostalgia, felicidad, melancolía,

nombres que aún ignorabas.


Los adobes centenarios, barro

descolorido y desconchado,

fealdad y dejadez en algunas tapias,

te reciben cuando vuelves de tu ruta

ciclista y dejan tu estética en suspenso.


Amistad y deporte, y siempre

el refugio inestimable de la familia,

la paz del caserón heredado,

reconstruido, lleno de alegría y color,

dan vida a tus difusas rememoraciones.


Un verano fue Crimen y Castigo,

otro el Kaspar Hauser de Hesse,

las Elgías de Duíno

o el antiquísimo ejemplar de La Galatea

en horas sustraídas al sueño o a la fiesta.


El cielo encierra toda la belleza,

al fin levantas la cabeza orgulloso

miras con toda la emoción posible

el desgarro de un ocaso desde la atalaya

de la construcción mental de ti mismo.

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Poema 77: La vida en mayo

  La vida en mayo
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Lentitud. Los ojos mínimos
perturbados por algún polen.

Belleza, tanta, tan inasible,
un ondulante mecer
de un centeno allí donde lo esperas.

En el cruce del camino pinariego
no hay sembrados este año.

Corre cantarina el agua del río,
entre juncos y sauces,
allí hubo un pueblo
antes de que la riada lo arrastrase.

Mirlos y grillos se disputan
el registro sonoro.

Cardos verdes; allá en el abandono
nadie los erradica.

Aún el calor no ha despertado
los aromas tan intensos,
la embriaguez olfativa.

El viaje ideal, detener el tiempo
en una isla griega,
flores y brisa marina,
las altas cumbres todavía blancas,
sin nubes en la mente lúcida,
sin pensamientos de soledad
frente a una fortaleza veneciana.

Ese momento vital de pensamiento,
ora recuerdo, ora futuro perfecto,
se funde con tu yo esencial
lo abraza y lo confunde,
forma parte ya de tu sustancia íntima,
te nutre y te sustenta,
fortalece cada una de tus partículas,
elonga tu espíritu,
lo funde con la belleza primigenia.
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Poema 70: Belleza

Bellezalee miller solarizada

Miro y vuelvo a mirar,

mis ojos seguro que me engañan,

amplío y amplío y observo

los rasgos hermosos, la fotografía

solarizada de un rostro de mujer.

El tiempo efímero de mi retina,

la sugestión de lo que se oculta

tras una mirada o el tacto, ya imposible,

de una piel, el deseo estalla,

denso y erótico, podría moldearse.

Aún no he contemplado sus fotos desnuda,

hoy ya arte, seducción impresa,

objetos de museo, de contemplación,

difundidas por internet al detalle,

cuando el futuro era imposible de predecir.

Percibo detalles, aquí y allá, poses,

la búsqueda de una historia previa,

cada foto es un poema brevísimo,

elíptico y subyugador, pleno de belleza,

de un cuerpo creado para el arte.

 

La forma de un pezón, el dibujo

de líneas de campo magnético en la piel,

la torsión del cuerpo sin rostro,

estimulan toda mi sensibilidad atrofiada,

despiertan el ansia creativa.

 

He disfrutado del descubrimiento,

cada instantánea ha buscado su acomodo

en los intersticios de mis circunvoluciones

cerebrales; ya forman parte de mí.

Celebro con gozo mi nueva forma de mirar.

lee miller campos magneticos

 

Poema 46: Vértigo

VértigoIMG_20150806_103440
Vértigo en el cómputo de cosas,
tiempo, libros por leer, páginas:
unas vidas con tanta ansia, a sorbos
de aprehenderes, y otras tan nimias,
dejar pasar el tiempo entre lamentos.
La belleza de un bosque de castaños,
la sensación de fuerza en las piernas
entrenadas, en el camino polvoriento,
descubrir, transmitir alegría, viveza,
frente al dormitar continuo, egoísta,
quejas y lamentos, desprecio vital
del que todo le es debido y nada entiende.


La belleza asimétrica del paisaje,
el movimiento suave y cadencioso
de una mujer en la calle, su seguridad,
unos jóvenes que fuman su tiempo
para establecer redes de comunicación
estrechas entre ellos, puro humo;
una palabra de hace cuatrocientos años
cae en picado sobre tu cerebro moderno,
activa circuitos desconocidos,
abre una compuerta de emociones,
descubrimientos, el vórtice de internet,
lluvia de conocimientos indexados,
vídeos, música, lugares inaccesibles para ti:
cuando te has asomado ya no existe cura.


Vértigo en el alféizar del viaje, cúmulo
de lecturas preparatorias, cultura,
la concesión necesaria para la poesía,
desorden onírico, una perturbación
en el recuerdo sumado de tantas camas
diferentes, de tantas comidas, amasijo de luz,
vórtice de emociones, vértigo de la invariabilidad,
del olor de la tierra al recibir la lluvia en verano,
del viento en el rostro sobre un pedaleo rítmico
superpuesto a otros tantos céfiros.


Ímpetu desbordado, aferrado a la vida,
nuevos sabores, nuevo tacto, la mirada
poética cual lupa de hipersensibilidad,
una voz, un susurro, la oscuridad profunda,
la belleza deslumbrante del ocaso marino,
la curiosidad exponencial en el cénit vital,
un todo animado que te eleva y te desciende,
el vértigo cada vez que despegas la mirada
del suelo para observar las estrellas fugaces.


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Poema 42: Centro comercial

       Centro comercialIMG_20150610_193624

Deambulan bostezando, bajo el ruido

insolente del centro comercial,

niños, la primavera ahí afuera, verde,

una mujer muy hermosa con vestido azul,

piernas de arquitectura esmerada,

y zapatos anudados en tobillera de cuero.


Embozo de acero, torniquete neuronal,

viento, voces y alegría, demasiada luz,

uniformes, todo el mundo consulta el móvil,

foro inmisericorde, lumbago voraz,

escenas de caza en un mundo armado.


Los somníferos muestran su sombra

en estos días alargados: sólo observo tacones

de los que surgen piernas esbeltas,

pantalones blancos sin una sola arruga,

el celo constante de los abuelos en el columpio.


Un mundo acabado e inane, fugaz

el recuerdo del suicida, vehículos

solitarios, la paz intrínseca de un poema,

continuidad elegante, compras,

ecuación simple con velocidad de la luz.


La mujer solitaria de las piernas cruzadas,

componía un haiku-tuit en su sonrisa satisfecha,

el tamaño de los caracteres enciende la hoguera,

guía inmarcesible entre simios pacíficos,

cadencia de caderas, seducción hermética.


El ruido y el movimiento perpetuo,

producen agotamiento plástico;

sólo los niños deambulan con ojos abiertos,

los ancianos han muerto en el hall senatorial,

en los verbos amarillos la vida se desvanece.

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Poema 38: Azul

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Busco mi sombra sensual, en azul

protegido por un primer plano de nubes,

desórdenes, voces de un anverso desvaído,

filtros, hechizos, palabras enfebrecidas…


La mirada poética es agotadora,

la expongo a un día claro de primavera:

un naufragio en el mar interior,

una muerte inesperada se pasea por mi mente.


Sonrisas cotidianas al filo de ecuaciones,

voluntades débiles, flancos desprotegidos,

anuencia en la suerte, oficio de débiles,

un vestido y una voz limpia que desbroza el aire.


Levanto la vista una vez más, un instante más,

convencido de la hermosura de cuanto me rodea,

persuadido de la estética extraída de la avaricia

de cuantos deforman, alteran, arruinan, desbaratan.


Una voz suave, dulce, un ukelele, inesperada

belleza sensual, bienestar feliz entre mis hijos,

deleite de los sentidos, imágenes de dicha:

un alto azul de maravilloso contraste fotográfico.


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Poema 37: En esta nación

            En esta naciónIMG_20150418_191940

En esta nación los hombres son todos camioneros,

pernoctan en gasolineras con mujeres solitarias.

En esta nación, todos los cultivos son de garbanzos,

y los pájaros levantan el vuelo al unísono.


En esta nación no hay trigales de regadío,

arracimados, de un verde intenso al atardecer.

En esta nación los ríos permanecen estáticos,

y el viento no hace mover las aspas de los molinos.


En esta nación las miradas terminan siempre en peleas,

la palabra apenas tiene valor y no hay poesía.

En esta nación, las gallinas se alejan de los gallos,

y las flores no son polinizadas por abejorros.


En esta nación no existe el mar y uno tiene que imaginarlo,

las olas son pensamientos extraídos con dolor.

En esta nación nadie levanta demasiado la voz

y en los entierros predominan las sonrisas.


En esta nación no existe el malhumor,

ni la prisa, ni el agotamiento, ni el llanto.

En esta nación los cuadros se exponen en los hospitales,

y los enfermos sanan por imposición de las manos doctas.


En esta nación los locos no viajan en segunda clase,

ni los amantes se miran nunca a los ojos.

En esta nación las palabras tienen todas un color,

y en los alféizares de las ventanas se acodan los enanos.


En esta nación nadie comparte el botín de sus rapiñas,

ni disfruta de la agonía de una puesta de sol.

En esta nación huele siempre a naturaleza virgen,

y los besos abren las puertas a mundos incógnitos.


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