Poema 586: El canto del mar

El canto del mar

Lejos, en el itsmo de la playa

atisbo una mujer desnuda;

camina, se oculta en la cueva,

se baña, se seca al sol como una diosa.

El acceso es complicado,

subir y bajar por rocas húmedas,

resbaladizas, líquenes centenarios.

Comienza el año con una bajamar

como la que yo recordaba de antaño,

un día frío y ventoso, solitario,

en el mismo lugar, en el metaverso.

Canta el mar sobre las rocas,

en las que ella se oculta para vestirse

e integrarse, ya mortal, entre los caminantes.

La luz, el azul del cielo, todo coadyuva

para crear un idílico paraíso en la playa:

una cascada, reflejos, gaviotas planeando,

un hermoso perro que juega con las olas.

Didáctica, ha explicado a una pareja

el camino posible hasta la playa;

después ha continuado su ruta.

La imagino con una sonrisa en el rostro

tras la fusión natural con el mar

en estas primeras horas del nuevo año.

Poema 482: Rituales de año nuevo

Rituales de año nuevo

Claridad, el cielo empedrado de los refranes,

otro clima, el deseado pero complejo;

rituales, una piedra erosionada por el mar,

algunas repeticiones año tras año en este día primerizo

en el que parece que todo vuelve a comenzar.

Los ritos son tan antiguos como la consciencia de la especie,

supersticiones reincidentes, emular la felicidad de ese instante,

aquel baño joven de divinidad en la playa dividida

quizás ya no se repita en mis años de madurez.

Voltean campanas en alguna iglesia remota

en la que se adorará una efigie niña;

acudirán los fieles conservadores con sus mejores galas,

dejarán unas monedas como símbolo de estatus,

rezarán y repetirán oraciones como instrumento de meditación,

la estructura ordenada antes del posible desenfreno.

La playa y un libro son una forma hermosa de inauguración,

el deseo de vivencias y lecturas, de transporte

más allá de los límites rígidos que la vida diaria nos impone.

Un paseo, sentir el viento en el rostro,

observar la belleza natural de los acantilados horadados y esculpidos

por la aleatoriedad de las olas marinas,

esos placeres ceremoniales, elevan el espíritu hacia la eternidad.

La fuerza de los versos bimilenarios de Safo, traducidos y cantados de nuevo,

constituyen el hito-guía para navegar entre incógnitas y esperanzas

en el año que comienza bajo el signo del viento y el sol

que asoma ávido bajo el cielo empedrado de los refranes castellanos.

Poema 152: En el litoral de las Cerrias

En el litoral de las CerriasIMG_20180101_121743

Cada piedra en el camino del acantilado

retumba en mi cabeza,

mi lengua pastosa

aún recuerda los excesos del fin de año.
Al llegar al mar

mis pulmones se ensanchan al fin.

Ha llovido más que el fin de año

y la playa nudista está totalmente desnuda.

 

Leo versos terribles en un libro rosa.

 

El sol cambia el color de las dunas.
Viento y olas,

el espectáculo de oleos de Turner en la bruma.
Una pareja,

ajena a mi presencia lectora,

se desnuda y se acerca vacilante

a las olas de la orilla.

Ese baño sella su amor por este año.

Enormes masas de agua les hacen retroceder,

mas han completado su inmersión.
Dice Helder:

“Espero que o amor enleve a minha melancolia.
E flores sazonadas estalem e apodreçan
Docemente no ar.”

La muralla de agua

con los picos nevados al fondo

atrae a los paseantes y ocasionales fotógrafos.
Permanezco leyendo para purificar el año nuevo.IMG_20171231_115430