
Domingo por la mañana
La felicidad era madrugar para correr por el pinar
día calmo entre borrascas nominales temibles
flores sueltas en versos sueltos
tal vez almendros o prunos solitarios.
La vida intensa no cesa ni un instante:
basta levantar la vista alrededor
obligaciones y devociones sucesivas
belleza, piar de pájaros, confianza
y la presión de la agenda real o impostada.
Hace seis años del virus asesino:
han cambiado las amenazas globales
nubes de tensión, armas insospechadas,
la tiranía ostentosa de exhibición mediática,
artículos explicativos o poéticos,
destrucción y ruina activadas desde lujosos palacios.
Perlas de felicidad en todos los sentidos,
lucha feminista, escuchas múltiples,
una torre de libros y revistas por leer,
el sosiego de abrir la ventana y atisbar el río
entre árboles llenos de brotes, aún pelados.
Toda la mañana por delante,
sol y mínimas decisiones enmarcan un día hermoso
en la flor de la vida, con el privilegio enorme de vivir.
