Poema 277: Entre libros

Entre libros

Ayer me devolvieron el Génesis de Robert Crumb,

al colocarlo vi algunas pilas de no leídos,

otros de lectura más o menos reciente,

los más, olvidados, hasta que poso la mirada en ellos:

–ese lo leí estando en Creta hace más de veinticinco años­–,

las portadas, el grosor, el color del papel,

cada cosa me trae un recuerdo, un olor, una sensación,

un viaje, una obsesión;

a veces una frase se desgaja de un capítulo:

Amanecieron otra vez abriles en el aire

y la harina de los días se hizo pan[…]–;

a la antología poética de Claudio Rodríguez 

se le desgaja el lomo al abrirlo con fuerza 

por el principio de Casi una Leyenda:

lo cerré leyendo: –tú no sabías que la muerte es bella,

triste doncella–.

El placer del recuerdo y del conocimiento es exquisito,

hilvano una imagen sobre otra, un instante, 

esa ebriedad de una noche de junio eterna

en la que el viento trae el olor del cereal en sazón,

la envidia que me daban los paseantes enamorados

en la época en la que estaba estudiando:

acribillado a exámenes, 

pasaba de las amapolas de principios de mes

a los ocasos interminables en torno a San Juan.

Tengo libros que no leí y que durante mucho tiempo

me esperaron, me depararon la ansiedad de la abundancia,

libros que hojeé y que ahora yacen amarillentos,

no conseguí abrir el candado psicológico 

que me permitiera adentrarme en ellos

como un amante atento, deseoso de todos sus secretos.

Entre libros encontré la paz y el sosiego

en otras vidas que ya apenas recuerdo;

algunos libros poéticos me dieron el tono vital

cada día, verso a verso, poema a poema,

la nostalgia del autor desterrado

o la hermosura verbal de una polaca de apariencia sencilla.

No sé que hacer con los libros amontonados,

solo sé que entre ellos me siento bien,

aislado y protegido, en otra burbuja de felicidad.

Poema 276: Lentitud

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El lujo no es la velocidad si no la lentitud,

la ausencia de prisa, un paseo en bicicleta

acompañado por tus hijos,

las pequeñas cosas de la vida detenida

en la que todo se ha apreciado mucho mejor.

 

La feracidad de la primavera que solo traía el viento,

o el ruido de voces en una terraza de verano,

son las sorpresas ocultas que no estaban

en el radio que alcanzaban tus sentidos,

esa bola de la que no te has movido en tantos días.

 

Extraer quirúrgicamente las preocupaciones

del centro de tu procesador de ideas,

convertir esos huecos en banalidades cotidianas,

es la tarea del psicoanalista en estos días

ahora que el mundo se mueve otra vez tan deprisa.

 

Otra vez se me escapan los libros entre los dedos,

los días se acortan irremediablemente,

el cansancio se apodera de todas mis neuronas,

la belleza de la estación solo me roza al pasar

y los números crecen hasta ocultar la puesta de sol.

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Poema 275: Flores

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En el atrio de la modernidad

las letraheridas van sonrojándose,

algunos tatuajes brillan en la piel

aún indemne por los daños del tiempo.

 

En el arco de la luz de junio

sacan todos sus vestidos al césped,

recitan poemas que no entienden,

versan la carnalidad en un susurro.

 

En la terraza de verano

el dinero se alía con colores y banderas,

flotan en el aire los deseos no cumplidos,

las trincheras cavadas en el lujo.

 

Una ola de estupor desconocida,

cambia la mezcla de color en las pupilas,

desencadena sonrisas y arrumacos

rotos todos los frenos y preámbulos.

 

En el atrio de la modernidad

insulsos contendientes reposan alineados,

observan las flores exquisitas

abiertas por la luz de un bello día.

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