Poema 580: La huella no obedece

La huella no obedece

He perdido la consciencia de los sucesos

de la pura velocidad vital de los tiempos:

la virtualidad me lleva a más,

a rozar si acaso cierta perfección,

abundar aquí y allá en los placeres:

cine, lecturas múltiples en múltiples capas,

superficialidad, sueños desiguales.

Abro mi ordenador,

–la huella no obedece–

elijo una de las variadas posibilidades,

un instante de escritura automática,

una profunda opinión sobre lo que me desconcierta,

o la tendencia del momento.

Leo una crítica devastadora de Cien Años de Soledad

adaptada a la plataforma de las plataformas;

al escritor, –hedonista holístico–,

eso le lleva a la lectura estocástica del nobel,

una vez más, una aleatoriedad en un libro aleatorio.

 A mí me lleva a ver la serie, a retazos, a mi manera;

aprecio la música, el arte, los encuadres, la actuación.

He conseguido alejar esta obra de la narrada.

Aquí está el deseo, la magia, las apariciones

y de cuando en cuando el texto en off

capaz de erizar el vello de los antebrazos.

Macondo y sus chozas originales, el hielo

y todos los Buendía dispuestos a ofrecer belleza,

con independencia del imaginario de cada cual.

El mundo veloz en la huella de tu dedo anular.

Poema 549: Poder y despilfarro

Poder y despilfarro

No hay luna y la masa se agolpa en la semioscuridad

expectante ante la novedad tecnológica.

Una voz femenina anuncia la virtualidad,

el futuro que nos ha alcanzado veloz,

las luces en escuadrón y la música cinematográfica.

Las hormigas organizadas en células amistosas

graban con sus móviles los movimientos precisos

de los trescientos drones con luces de colores.

La figuración espacial bien podría ser proyección,

ilusión, apariencia, una cierta y segura irrealidad.

Tuve la sensación terrible de una guerra futura,

el ataque aséptico de máquinas exterminadoras,

el poder, allá donde se encuentre, mostrándose,

una cúpula ovni capaz de absorber las voluntades

y de generar susto, sobresalto, pavor y terror.

Boquiabiertos contemplamos los dibujos cautivos,

lugares y símbolos emblemáticos de esta ciudad,

y la sobrecogedora vuelta de la perfecta escuadra

en múltiples planos de roja incandescencia

a sus bases logísticas para ser abastecidos.

El espectáculo inocuo del despilfarro

concluye de forma marcial y magnífica.