Poema 321: Un final posible

Un final posible

Imágenes de primavera florida,

datos, vacunas, ciencia,

el olor salvaje de las flores de saúco,

las escobas en flor amarillo intenso en los ojos,

el movimiento humano que resurge,

un artículo sobre cuadrillas de amigos,

caminantes de todo tipo y condición

hacen elevar la esperanza,

prometen días de vino y rosas en sazón.

Solo la lluvia y el dolor acumulado

contraponen la magia del despertar natural,

las densas nubes de Lola,

el silencio de las aves ante la tormenta,

teorías conspirativas varias,

un fascismo que nada bueno recuerda,

tañen notas de prudencia ancestral.

Es un tiempo de perseverancia, lujoso

como todo tiempo vital, como todo gesto

amistoso de ojos que bailan al verte,

como cada conocimiento que atesoras,

la voz afinada de una soprano a capela

o el vuelo afilado y certero de una cigüeña.

Se repite un ciclo humano, las sensaciones,

el ansia de caminar por una playa ahora prohibida,

poder programar un viaje,

leer sentado en un campo de cereal

consciente de que los alérgicos, ciegos o sin olfato

no van a disfrutar de esos momentos.

Tendrán otros, desenfrenos que no imagino,

anhelos largo tiempo durmientes,

la risa coordinada y cómplice con otros grupos humanos,

la preparación de un banquete

o el fin del Archipiélago Gulag tan extenso.

Se acerca un final posible, un relato de futuro,

una salida venturosa reconvertida en continuidad,

el instante en el que las mentes vacías

descargarán cada ítem que otros han sabido colocar.

Poema 319: Achicar

Achicar

“L’enfer c’est les autres”

J. P. Sartre

La vida te mantiene siempre alerta:

un egoísta que no quiere vacunarse,

el negacionista de la pandemia,

un crédulo al que le conviene el error,

todos los compromisos contraídos.

Si un día descansas por obligación,

–enfermedad, placer, agotamiento–

al día siguiente tienes la barcaza medio hundida,

y ahí comienza el achique.

El destino de tu barca es hundirse,

pero la adornas, amplías, embelleces y cuidas,

procuras que no sea fuente de disgustos.

Escribe, escribe, escribe, lee, lee, lee,

entonces el agua ha entrado ya a chorro limpio,

lo sientes en las pantorrillas,

tienes cubos grandes y pequeños,

pero sobre todo necesitas tiempo, tiempo, tiempo.

Cuando el agua aparece por las rodillas

dispones de múltiples recursos:

cubos grandes y pequeños, bombas de achique,

pero también existe la suerte y las ayudas,

otros brazos, un sol que ilumina tus ojos,

una dosis de autoestima que te encandila.

Has aprendido con el tiempo que la barca se hundirá,

pero también que lo más probable es aún no lo haga,

y vives como si no fuera a hundirse,

cuidando de que no se encharque demasiado.

Cada vez hay más boquetes

pero soportas el agua con más estoicismo

disfrutas incluso con la forma de la inundación,

te estás convirtiendo en agua y adoptando sus formas.