
Los cielos imperfectos
Estás aquí en medio del mes de agosto
tirado en la playa nudista de difícil acceso.
En el cielo hay un águila o un escorpión,
según el viento marino que en la bajamar
se desordena en el itsmo, aquí llamado tómbolo.
Placidez, soledad, cuerpos desnudos
de la forma más natural posible.
Ruido de olas, un libro, unos frutos secos,
un poema recitado en voz alta,
contrapesos para una felicidad al sol,
equilibrios en los que buscas cada día
un resquicio elocuente, una fantasía.
No fui consciente del komorebi en la tormenta,
hasta que el relato construyó un poema.
El cielo es la medida de mi insignificancia,
la caída en las márgenes del río casi fue alivio,
dejarme ir como si eso amortiguase mi peso
la expiación de todas mis faltas.
Falto donde tengo que estar y estoy donde no debo,
entre rocas y desconocidos iconoclastas desnudos.
La periferia alejada del fuego, los días imperfectos.
