Poema 214: Cambios

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Sonrisa desconfiada de un día de primavera,

los tulipanes aún no se han abierto,

hojas ralas despiertan de su letargo,

las rutas de los pájaros migratorios han cambiado

o yo no he mirado lo suficiente.

 

Voces y manipulaciones en la tienda de pollos

de enfrente, el silencio de una mañana de domingo,

el perro enorme campa a sus anchas entre las bombonas,

mientras me escucho leer en un inglés anémico

los últimos poemas del libro de Simic.

 

Fin de ciclo, de libro, de estado de ánimo,

dolor de tanta luz incrustada en un pecho invernal,

dos mil diecinueve, no me gustan los nueves,

ni la atonía de mi cuerpo en el cambio de hora,

remiro la pila de libros con mucha curiosidad.

 

Hay pequeñas cosas que me sostienen:

una canción con voz grave y segura,

acariciar un libro antes de abrirlo con devoción,

sostener mi cámara de fotos con una mano,

antes del disparo que fijará el ángulo hermoso.

 

Ciertas pequeñas ilusiones, la mirada poética

recuperada, una sonrisa incrustada en un texto,

la visera que impide ver más allá y protege,

continuidad y cierta esperanza fértil de lluvias,

son suficientes para empezar, confiado, un nuevo ciclo.

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Poema 213: Metapoema

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Atonía de espacios abiertos llenos de luz,

demasiada luz,

cerebro y flores demasiado expuestos,

ángulo agudo al despertar del sueño

de media tarde.

 

Voy en el coche conduciendo,

leo un poema de Simic en un semáforo;

–esto no puedes escribirlo, alguien te denunciará–,

pero podría habérmelo inventado,

–¿qué estás diciendo que mientes en tus poemas?

¿Toda tu poesía es mentira?–

 

Reviso los doscientos doce poemas de mi blog,

quizás he inventado historias en algunos,

quizá en todos…

 

Acabo de despertar, soñaba

con vecinos que tendían la ropa en los columpios.

Era bonito, parecía un barco con velas remendadas,

un colorido de espantapájaros,

el sonido del viento deshidratando la colada,

–eso lo has visto en una película china–

 

–Este poema terminará en tu blog–

no hay problema, no lo lee apenas nadie,

puedo poner mi sueño y decorarlo

con una puesta de sol sobre una ría

o con flores amarillas de tojo en un sendero.

 

–Demasiada luz–.

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