Poema 554: Septiembre, despunta el día

Septiembre, despunta el día

Un amanecer entre coches, luz:

se abre paso entre las tinieblas

horizonte, cerro testigo, frenos rojos,

aún la música de los Proms veraniega

en la emisora clásica,

rostros recién aclarados en vehículos rivales

la ebullición de la aurora en la mente

y la visualización de las tareas diarias.

El trazado visual del GPS en modo nocturno

de aquel pueblo intermedio lagunar

evocaba una tela de araña expansiva

que tenía atrapados dentro a sus habitantes.

Dos corzos cotidianos saltan delante

¿qué probabilidad hay de que los atropelle?

¿Cuántos albores aún contemplaré?

He sonreído tras el trampantojo de la belleza,

tristes miradas alienadas,

el espectáculo de los pájaros

tendidos en los cables, ateridos o expectantes.

Poema 462: En la mañana nublada de septiembre

En la mañana nublada de septiembre

En la mañana nublada de septiembre

atisbo nubes,

me rodeo de libros, bolígrafos, cultura,

un pequeño placer de unos minutos

en los que pueda expresarme y leer,

un flujo de ideas, de respuestas a problemas

que ya fueron formulados.

Quietud,

tejados húmedos,

el flujo de vehículos contaminantes detenido,

solo un instante de paz:

los árboles aún muy verdes, aún es verano.

La lectura me abre los ojos sobre la estructura

desigual, injusta, sexista:

experimentos, ideas, sutilezas para ocultar

una forma de convivencia en desigualdad,

violencia, mecanismos de protección,

la forma ilógica del desarrollo

incluso en esta punta de lanza que es Europa.

Y bajo todo este aprendizaje-conflicto,

asuntos estructurales, miedos, muerte,

condiciones laborales y nimios problemas

que me buscan y me encuentran.

Estos remansos de placer infinito son efímeros,

y sin embargo se remontan a mi paternidad

de al menos tres lustros,

son una búsqueda expresiva y aprehensiva

de ideas, palabras, belleza,

mecanismos ocultos a la mirada banal,

a la pervivencia de tradiciones no muy loables.

Retraso el momento de sumergirme

en la vorágine laboral también jugosa,

animada, vital, otro mundo paralelo,

el lugar imaginado de decisiones trascendentes,

otro juego social efímero de gran implicación.

Allí la risa y la palabra organizan y distribuyen

los roles y los espacios,

sociabilizo como puedo, soluciono y propongo,

en aras de mejorar la luz individual y colectiva.

Desde la cadencia temprana y solitaria

me dispongo a consumir otra porción de vida

otro día luminoso de septiembre,

lleno de la belleza y el deleite de todos los sentidos.

Poema 461: El cielo, los cielos, septiembre

El cielo, los cielos, septiembre

La puesta de sol detrás de la ventana abierta

es un escándalo naranja, violeta, azul,

el final de un día anodino

en el que la vuelta ciclista lo impregnó todo.

Hay imágenes que ruedan y ruedan

que aparecen de repente en un texto poético

y te recuerdan que una vez las absorbiste:

una pradera en un día de primavera

por la que corretean perros y niños,

incluso tu hijo pequeño corría por allí.

Una playa de cuerpos desnudos,

podría ser un cuadro de Sorolla

pero es un recuerdo de un verano en Cantabria,

días efímeros en los que no fijaste el tiempo,

no lo pudiste clavar en tu recuerdo

y lo mitificaste para poder vislumbrarlo.

Los cielos transmiten paz y ganas de vivir,

también dolor:

el sol que parece morir y se resiste en sus reflejos,

la noche baldía,

el inicio del declive horario que nos llevará al invierno.

Pasan los veranos, –el número finito de veranos–

que escribió Aurora Luque,

todas las posibilidades que dejaste escapar,

también las que conseguiste coleccionar en tu piel,

imágenes que aún no has asimilado,

días hermosos, amaneceres, caminatas, bicicletas,

algunos poemas que surgieron por necesidad,

palabras que alguien te dirigió,

los libros que has leído y dejaron una impronta triste

o deliberativa.

Vislumbras personas bronceadas por la calle

de las que imaginas otros veranos diferentes,

esos que no has conocido y fantaseas con que existen.

No caben todos los detalles que querrías recordar,

traer al primer plano de tu pensamiento:

momentos captados en fotos o en aquella frase

que escribiste en un cuaderno que no vas a mirar.

El cielo, los cielos, señalan toda la belleza aleatoria

de nubes vulgares iluminadas por el sol cautivador,

de momentos estelares en días insustanciales.

La nada aparece cuando menos te lo esperas

y tienes que llenarla con los cielos de septiembre.

Poema 288: Septiembre

Septiembre

La luz de septiembre desciende hasta el equinoccio,

día a día, minuto a minuto,

puesta de sol enardecida a puesta de sol,

lágrimas de lluvia desgajadas de nubes negras.

Las emociones viajan en un tobogán incontrolable,

pequeñas perlas en forma de fotones

se convierten en arte, en imágenes o música,

un águila que sobrevuela un rastrojo

o un conejo desorientado que cruza un camino.

La dinámica laboral se transmuta en niebla,

difumina la belleza de los días del sol de vendimia,

colapsa las redes neuronales apresuradas,

deja resquicios en los que tu ser se expande sin límites.

Septiembre es un mes animado,

a un tiempo cálido y desapacible, mes de cambios,

de rutinas que regresan y de rutas que comienzan,

la transición poética entre los cuerpos veraniegos

y la ropa de temporada que al fin podemos estrenar.

Es un entrenamiento progresivo para la noche,

una decreciente sucesión de voces que se alejan,

de la algarabía cesante, de las bandadas de aves

retornando al sur cálido en el que guarecerse.

Septiembre es cine, es la lectura sin terminar del verano,

es una orgía de violines que distorsionan el aire,

una preparación estética para los graves estudios,

para fundirte en un abrazo o en una mirada acogedora.