Poema 757: Desapacibilidad de ambiente

Desapacibilidad de ambiente

Cuando agosto se torna desapacible

después de un verano de calor inmenso

de cuerpos adaptándose a ritmos y horarios

el ánimo se encoge y disuelve en la oscuridad.

El polvo de los caminos anuncia la lluvia

el frío, el viento y el refugio en habitáculos,

el final de la luz intensa y el sudor.

Los equilibrios tejidos durante meses

se tambalean y agitan cual ramas arbóreas,

se flexibilizan y sueltan lastre para no romperse.

El cómputo de daños y las pequeñas reparaciones

llegarán cuando decrezca la tempestad:

una vasija, una amistad, ramas colaterales

algunas heridas mentales propias de la edad.

Penetra la reja en la tierra aún reseca

y la prepara para el agua siempre regeneradora

levantando una nube inmensa de polvo,

ese que nos oculta e invisibiliza proverbialmente

antes de hallar nuevos caminos neuronales.

Nadie está a salvo de sus propias miserias,

a las que llegó por circunstancias ya olvidadas

y en las que permanece con la energía disponible.

No volverán los días del eclipse de cielos azules,

de esperanzas intactas y alegrías en el horizonte,

todo habrá mudado inevitablemente

equilibrando las órbitas con pesos plomizos.

Poema 137: Sequía

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Las tierras altas calizas, aparecen descarnadas,

hay urracas famélicas:

asustadizas de natural, apenas se mueven.

 

El suelo cruje cuando avanzas campo a través,

los lavajos están cuarteados:

una vez hubo agua de lluvia aquí.

 

Docenas de palomos picotean el césped ralo,

en las aceras, regateras y orines se suceden,

una cierta pestilencia lo invade todo.

 

Aún hay belleza en la luz y en el cielo,

los árboles se decoloran deshojándose,

un riachuelo moribundo serpentea en el ocaso.

 

El arado se desvanece en una cortina de polvo,

cuesta respirar,

los ojos se secan sin alcanzar el horizonte.

 

Sigue saliendo agua del grifo,

ignorantes, olvidamos conductas preventivas,

la historia de la lucha por la subsistencia.

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