Poema 636: Las amigas

Las amigas

Murmullo del mar, risas crecientes

adolescencia en vena,

cierta vanidad de lector-poeta.

Las amigas se han reunido en el spa

hablan sin parar acercándose,

se bañan libres disfrutando de su edad

caminan, ríen, bailan,

planifican lo justo y coreografían

canciones de su juventud.

Según avanza el día recuperan la intimidad

el roce, la costumbre que un día tuvieron.

Los roles se perfilan ante la imparcialidad del poeta:

una dormilona que conserva un cuerpo atractivo,

la voz cantante de la coreógrafa,

la seriedad de quien relata sus asuntos laborales.

Bailan y disfrutan desinhibidas, sin el peso familiar.

Se han concedido un permiso que moldea su plano vital,

una deformación atractiva y animada llena de vida.

Los hombres esto no lo entienden–, dirán en un instante,

antes del ocaso y de la fiesta, cargadas del deseo

del sol y la sal marina en la piel.

El poeta es un ser invisible en su jolgorio colectivo,

más allá de algunas miradas individuales de reconocimiento.

El lunes la deformación plástica de su universo

volverá a su configuración original,

mas quedará el recuerdo mitificado y desinhibido

la energía amical profunda en suma amplificada

el sonido del mar de suaves olas en la ribera de la ría.

Poema 489: Aprendiz de poeta

Aprendiz de poeta

Entonces, de repente, se abrieron los recuerdos

y accedí a mi vida pasada,

a quién era y cómo me comportaba,

al acomplejado y taciturno, siempre testigo,

narrador exagerado y fiel solo en la esencia:

aprendiz de poeta.

Los rostros han cambiado, pero no la voz,

la risa tras las palabras banales de él,

el tono profesoral de ella, tan Rotenmeyer,

ese orden de su universo en equilibrio dinámico.

Aprendí a canalizar y transformar,

a enriquecer cada una de mis experiencias,

a darle una voz precisa y elocuente y también épica

hasta que fui moderado por las safos del veintiuno.

Aprendo cada día y abro y cierro la puerta del recuerdo,

no siempre contento, no siempre satisfecho.

Poema 350: Lectura

Lectura

Leo a una poeta truculenta,

magnífico el ambiente y los giros inesperados,

historias condensadas en un poema.

No hay felicidad en ella,

Se acerca siempre a un abismo que atisba,

nos lo muestra y antecede,

una sombra, una metáfora.

Me hace pensar, abre hilos e ideas

reafirma mi cariño por las personas amadas,

me muestra la cara oculta de cada risa

de cada instante feliz.

Puedo encontrar resonancias de otras lecturas,

narraciones bíblicas o mitológicas,

puedo imaginar su vida sentimental,

sus dudas, sus caídas,

evaluar el daño irreparable;

observo como amasa todo ello y lo convierte

en palabras, en ritmos, en elipsis.

La poeta tiene el oficio y la suficiencia

de muchas arrugas y mucha introspección;

me llama pidiéndome explicaciones

a tanta tranquilidad en medio de la incertidumbre,

a tanto optimismo en medio de la pandemia.

Poema 97: Oficio de poeta

       Oficio de poeta

img_20161121_093016 

El calor de la lumbre de un poeta

está en la llamada de un espacio en blanco,

en la voz dubitativa, en la imagen

que aparece en un limbo mental.


Ahí reside su alegría, su esperanza,

¿cómo se pesa el cariño?

¿cuál es la idea que quedará en el lector?

¿puede un escritor aficionado llamarse poeta?


El calor está en la mirada,

en el árbol decadente iluminado por el sol,

en unas hojas volanderas multicolores,

en un encuadre que nadie más puede ver.


Ahí reside el secreto iniciático,

en una combinación ilegal de palabras,

en el traspaso de los límites cotidianos

o en la huida de los lugares comunes tan nefastos.


El calor está en la necesidad creativa,

forja sin ideas preconcebidas,

o germen impúdico, dinámico

transformado y alabeado en cada instante.


Ahí reside la gracia, la metacognición,

el instante de desánimo convertido en poesía,

la lucha constante de la mirada, la ética

la lógica y el estado de ánimo tan tenue.


El calor está en algunos mágicos instantes,

en la chispa que prende con fiereza

y ya no es posible renunciar a ella,

en la capacidad aprendida de moldear un verso.

img_20161117_183216

Poema 61: El invierno del poeta

El invierno del poetaIMG_20160119_180227
Las redes sociales, obstaculizan
el mirar delicado del poeta,
en una tarde fría de niebla y colores grises.
Un tuit, una foto del trabajo en grupo
para conmemorar el día de la paz,
el espejismo de cientos de amigos
sociales, pequeñas píldoras de conocimiento,
ideas que almacenas en el magín
para proyectos futuros,
y sin embargo puedes sentir el aroma
de la superficialidad, la liviandad y el olvido.
Basta sin embargo la lectura de un poema
sintético, un laberinto de curiosidad,
citas de un pasado elegante,
para que se despierten los sentidos:
observas y recuerdas el muñón de unos árboles,
los colores que ya describiste,
un orador que inventaste sobre una marquesina,
la magia precaria de una pareja enamorada,
identificas algunos de tus versos
extraídos en una noche de graves estudios
por alguno de tus seguidores sociales;
sientes entonces un calor amigo,
elevas tu mirada a los cielos dolorosos
del invierno, buscas dentro de ti el milagro
de un comienzo para un poema, una idea,
una imagen, el círculo que cierre el día
con la precisión de unos versos, la sonrisa
satisfecha de un creador ante su obra,
el ansia contenida ante un comentario
o una interpretación inédita. Quizás
un reflejo de inteligencia en unos ojos hermosos.

IMG_20160122_100603

Poema 31: Lorca, Poeta en Nueva York

1eM2bKVb3Mb2bNTbb0UUFXgD    Lorca, Poeta en Nueva York

La música sorda sobrevuela una mezcla

de presagios, cenizas de la civilización,

el despertar a la consciencia surrealista,

voz del caballo, de la iguana, simbolismo.


Los automatismos aparentes no existen:

el autor soterra la percepción de una ciudad

presa de la Gran Crisis, cieno, drama social,

el dinero o la negritud, la alienación de la urbe.


Colorista, hurga en sí mismo, preconiza,

alterna la técnica de fondo con el impresionismo,

cada verso es una incitación a la locura poética,

sangre, lujuria colectiva de vísceras.


Lorca corrector, Lorca preciosista,

Lorca solo en medio de una vastedad terrible,

vómitos y orines, desgracias infantiles,

teléfonos diamantinos, desmitificación del paraíso.


El Hudson emborrachándose de aceite,

¡dios mío! Hilillos de aceite brillan en el agua,

Muchachos en la arena, cuerpos, mariposas

en la barba del viejo Walt Whitman.


Escucho cantar un vals a Leonard Cohen,

¡ay, ay, ay! Take this waltz, el pequeño vals

vienés de Lorca, la música otra vez, la adoración,

el impulso creativo irrefrenable en la lectura.


Él ha condensado el mundo, el de aquí,

el de allá, el de todas partes, todas las pulsiones,

la vida por encima de todo, la muerte al acecho,

y una vorágine de metáforas que te engulle.


IMG_20150306_160923