Poema 665: Estados de ánimo

Estados de ánimo

Un individuo es un estado de ánimo.

Jorge Valdano

La luz, el viento, el desorden, una sonrisa al levantarse

predisponen el estado de ánimo del día,

también los rostros que encuentras por el camino.

Nada es más volátil ni menos trabajado:

diríamos que es puro azar y, sin embargo

ahí reside el optimismo, cierta felicidad instantánea

el cúmulo de imágenes mentales que proyectamos

en los demás.

Los procesos estocásticos fluyen con continuidad,

aceleran o deceleran,

expectativas a medio, corto y largo plazo se solapan:

un encuentro, una liberación dopamínica, otras sonrisas,

a veces una noticia, lo cambian todo.

Uno es rehén de su propio rostro en el espejo,

de sus horas de sueño, de la calidad de su comida,

de sus lecturas o la ausencia prolongada y eterna de estas.

Un olor a naturaleza recién regada por la lluvia ansiada

de un otoño cálido y multicolor,

nos devuelve la esperanza y amplifica las vivencias.

Voces desagradables y dañinas emponzoñan las ideas

los prejuicios políticos, la sensación de desastre permanente,

y sin embargo esas voces lejanas radiadas o televisadas

no nos atañen apenas en nuestras vicisitudes diarias.

La esperanza a veces está en los cielos fractales,

en un razonamiento lógico-deductivo elegante,

en esa música que tarareas sin parar mientras te contoneas,

en la maravilla exclusiva de cada día que habitas.

Poema 438: Zombis

Zombis

Los zombis caminan por la calle

la cara iluminada por su pantalla retina,

ajenos al canto alegre o temeroso de los pájaros.

Hay quien desearía ser de nuevo confinado

para explotar toda la funcionalidad de su tesoro,

comunicarse todo el tiempo de forma aséptica.

Alguien ve una foto de un ciclista en medio del campo,

expresa su temor alérgico a las gramíneas,

el gran satán: aire libre y flores en primavera.

Hay una colección pasmosa de rosas olorosas,

que como mucho serán captadas por la cámara:

–mira, había unas flores–, dirán al mostrarlas orgullosos

de su captura sabatina en ese lugar ajeno a sus costumbres.

El encuadre es la clave de bóveda,

no existirán ni la luz, ni el aroma, ni la suave brisa,

solo los personajes de su juego interactivo,

el combate o la aventura virtual

en una realidad inexistente y simplificada.

En ese mundo no salen conejillos de sus madrigueras,

ni se ortigan al atravesar una zona de escombros:

saltan bloques, trampas inesperadas, simas infinitas,

consiguen monedas o energía para sus avatares,

en un tiempo acelerado ajeno a su memoria y su vida.