Poema 570: Imágenes, belleza cotidiana

Imágenes, belleza cotidiana

Incluso en los días oscuros

puede surgir la belleza cósmica,

el olor del otoño al pisar las hojas secas,

una instantánea del río entre los árboles.

Hay que mirar afuera, olvidar tus conflictos,

dolores, enajenaciones, fracasos,

elevar la vista al cielo casi siempre es estimulante.

La cúpula se alza de nuevo majestuosa,

trece metros de altura, liviana y traslúcida;

es un momento único, –me digo–,

mientras leo al menos una página perturbadora

de La Vegetariana.

Belleza, cultura, historia, algunas rutinas

se oponen al dolor, al cansancio,

al lento decrecer de los días novembrinos,

cuando el mundo parece abocado al extremo

en el que no te encuentras tú.

Eres una hormiga obrera más, un instante

en los eones etéreos del universo,

con el único objetivo de fluir sin memoria

y sin embargo deseas aprehender cada átomo

cada partícula aromática que puedes oler,

cada instante que puedas convertir en belleza.

Poema 488: Concatenaciones

Concatenaciones

Los conos de la niebla son incontables,

efímeros, no existen.

Existe la luz, el polvo cósmico, la oscuridad.

No hay tiempo para observar,

apenas para meditar, salvo prescripción psicológica.

Más efímera aún es la agenda comunicativa:

se enfoca en un tema que a nadie importa

hasta que importe, hasta que incomode y perturbe.

El desasosiego domeña la risa, el humor,

aumenta la velocidad vital, la insignificancia que somos.

Trato de identificar, de adivinar la nimiedad

que una lectora avezada extraerá del poema,

–de la pretenciosidad con la que llamo poema al texto–,

quizás estará aquí, en la ostentación cursiva…

Existe el día que se abre paso en la tiniebla

entre sopladores de hojas y paseantes de perros

y sus conversaciones trascendentes y emotivas.

Existe la luz diáfana, las horas productivas,

el trabajo rutinario que nadie mira.