Poema 54: Nueva York, Madrid, Londres, París

Nueva York, Madrid, Londres, ParísIMG_20140813_005053


Un pájaro sobrevuela la ciudad vacía,
el murmullo está encerrado tras los postigos,
no es el Cid camino del destierro,
los fusiles han cesado su siniestro tronar.

Coordinación y muerte. Consternación,
el deseo de muerte convertido
en la muerte deseada,
el terror del azar, meteorito no monitorizado.

Una ciudad escaparate, soldados,
las guerras han camuflado su estampa,
dolor de unos cuantos, terror de muchos,
algunas voces serenas, no muchas.

Velas, oraciones, símbolos, catarsis
desesperadas, miedo y vacuidad,
bajo la niebla del paisaje uno olvida
la cronología, la historia y trata de sobrevivir.

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Poema 33: El eclipse verde

                El eclipse verdeIMG_20150320_095146

El eclipse verde nos miraba hambriento,

pavor solar ante el apetito desmesurado

de la luna, hordas de miradas, temor

genético a la luz filtrada, a la oscuridad diurna.


Clichés, lugares comunes, un perro que aúlla

en la luz menguante, miedo de las criaturas,

atmósfera y gravedad perturbadas, dolor

premonitorio de cabeza, sensor orbis terrae.


Uno contempla el eclipse en verde, sintiéndose

afortunado y mínimo; ancla sus ojos a esa luz

rebosante y mortecina, luz fugada, luz de sombras

lunares, epíteto complejo de órbitas entrelazadas.


En la mirada sorprendida de un niño,

la luz es una excusa de un dibujo animado,

demasiado lento en su avance, excitación

ante la imposibilidad adulta de una explicación.


Imaginación libre, de predicadores harapientos,

capuchas protectoras de tela áspera,

hambruna y fin del mundo, un ágape

espiritual, dominio y prédica del bardo ciego.


En las cuencas vacías de los ojos se acumula

el miedo cerval, la sucesión de injusticias

terrenales, el hábito y el báculo otorgan

poderes taumatúrgicos a la palabra volandera.


El eclipse derrota a la forma perfecta,

el círculo sin aristas vencido por la masa

ochenta y una veces menor, asombro

en ojos diminutos, alegría del astrónomo.


El juez solar no permanece impasible,

se deja anular un instante para recobrar

su cetro, su color, su señorío sobre las formas,

ya sombras de insignificancia humana.


La luz verde imposible de fotografiar,

me acompaña hoy en mi penitencia insomne

alejado del oro infinito, de voces poéticas,

pegado a la sustancia lujuriosa de la tierra.

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Poema 28: Muñones

                       MuñonesIMG_20150226_144533

En la foto, los muñones sobe el cielo

dan un miedo espantoso,

por sí mismos explican la metafísica

de la quietud, la presencia mitológica

de criaturas suprahumanas.


Los días se vacían de su morfología,

aún conservan intacta su sintaxis,

la savia ya no desangra a los dioses,

los humaniza en formas desoladas,

triduos omnipotentes en la nada.


Las formas ocultas del amor,

cambian de acera, disimulan su mirada,

se atrincheran en fes a su medida,

dotan al carbono de entidad manifiesta

frente a los cometas que rondan la órbita.


En el invierno de bidones encendidos,

flotan partículas asesinas,

se construyen túneles ocultos, toperas,

la vida fluye pujante en las caderas,

amasa corazones que ya han florecido.


En el vacío existencial de un día,

caben todos los cachivaches mentales,

se limpia la sentina, se adereza el rostro,

fluye nocturna la sonrisa en un escorzo,

voz con voz, recuerdo, promesa cinematográfica.


La foto gris de la mañana, mente abierta,

deshace las sombras y las siluetas,

enarbola banderas y estandartes,

el aire renovado hincha mi pecho de ideas

domestica los muñones y los perfila.


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Poema 8: Miedo

   Miedo???????????????????????????????

Dentro del coche te crees a salvo;

has levantado la cabeza un instante

del libro que estabas leyendo;

no lo has visto, mas

has percibido el movimiento.


Tu instinto te hace bloquear las puertas

mirar por todos los espejos;

en medio del pinar sólo hay sombras,

el movimiento suave de la brisa

en las secas plantas aromáticas.


Sabes que estos pinos enormes

suelen ulular con el viento,

aguzas el oído: nada, un relé del coche

o un moscardón que impacta

con la masa negra de la carrocería.


Por tu mente cruzan imágenes

a una velocidad desmesurada,

sombras, fantasmas, espíritus,

animales salvajes, quizás cazadores

que pueden erróneamente dispararte.


Dudas de los ángulos muertos,

te sobrepones, destierras ideas

poco probables, irracionales;

quizás ha sido un pájaro, o un conejo,

no debes estar allí y ese es tu miedo.


Has perdido unos minutos preciosos

escuchando al picapinos,

evaluando posibilidades razonables,

sólo la fortuna del meteorito

te dejará salir de allí con vida.

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