Poema 659: El otoño del ciclista

El otoño del ciclista

Una suave llovizna impregna la tierra seca,

huele a petricor en un horizonte plúmbeo

sin apenas movimiento en el campo visual.

Pedaleo contra el viento, entre ocres y amarillos,

dejando que la llanura penetre en mí,

vacíe mi mente, consiga integrarme con el paisaje.

Mínimas mariposas blancas sorprendidas

alzan el vuelo desde los cardos resecos de la cuneta,

cruje el suelo, saltan las piedras,

respiro, olfateo, fotografío, me embeleso con todo.

Soy un ser mínimo entre viñas y girasoles renegridos,

rastrojos, lavajos vacíos de fondo seco y cuarteado,

un redil desierto y la inmensidad de un rayo de sol

que asoma en el confín del planeta.

La velocidad de contemplación ideal de la bicicleta

es ahora un ritmo meditativo,

una aproximación al trance alejándome del vértigo.

Vacío por fin la mente y el cuerpo suda con el esfuerzo

solo existe el camino en esta levedad otoñal.

Poema 614: Márgenes

Márgenes

Escribo desde la centralidad del sistema,

no en los márgenes ni en la periferia,

lejos de la montaña y la llanura,

esas que a veces me llaman

y a las que acudo desde mi privilegio

de hombre blanco hetero con estudios.

Acomodado en mi sofá se infiltran noticias de magnates

o desdichados paganos de la avaricia;

se entrelazan con avances científicos

o pequeñas joyas culturales no para cualquiera.

Fotografío la luna creciente o la puesta de sol abrileña

preludio de las mil lluvias del refrán,

escucho Pulchinella potenciando los graves,

mientras paseo la vista por docenas de libros

a cuál más fascinante y prometedor.

Casi en los márgenes he debatido sobre el miedo,

el temor, la preocupación, el efecto subjetivo

que las palabras producen en quien las recibe.

Mi subconsciente ha evaluado a un sospechoso:

forma, tamaño, volumen, actitud al caminar;

lo he ignorado al no considerarlo peligroso.

Hoy no he paseado ningún libro en la tarde calurosa,

he leído una inscripción en la Fuente de la Salud

sobre unas tropas francesas acantonadas allí

hace dos siglos y medio largos, sin continuidad de días,

y he caminado de vuelta a mi referencia hogareña.

Un cierre cíclico del deambular centrífugo,

el placer de estar clausurando la tarde poética.