Poema 710: Me diluiré en la nada

Me diluiré en la nada

Me diluiré en la nada cuando me detenga.

¡Hay tantas cosas que limpiar!

Me llaman constantemente,

acude aquí o allá, disfruta y publica

eres un pixel contributivo a la nada cotidiana.

Se volvió gris el día y también las conciencias,

vuelve el patíbulo público

arraigados, enraizados, evitativos.

Sonríe la luz un día y florecen los vestidos

en una montaña rusa de bufandas y miedos.

Estulticia y negligencia contra la excelencia,

ruido y suciedad, la tontería amplificada

llena de colores verde-rojigualda.

¿Dónde estás, agenda infinita?

La introcepción me pide ahora escribir el poema,

sufrir el frío burgués del esfuerzo voluntario.

La belleza se ha ocultado mansamente

aún no se han diluido la música ni la poesía

perdura el esfuerzo titánico del arte contra la guerra.

A punto de detenerme un instante.

Poema 573: Blues de la mañana de un sábado de noviembre

Blues de la mañana de un sábado de noviembre

Inesperadamente cuando me levanto es tarde,

ni el placer del desayuno calmadamente,

ni el desahogo de un poema leído o escrito.

Ha caído un chaparrón de otoño, lucen las hojas,

decadencia en esa belleza efímera.

Solo mis manos enfermas se despellejan sin solución:

he limpiado el baño y aspirado toda la casa,

el polvo se acumula y vuelve a salir enseguida,

tengo el regusto amargo de una serie maravilla,

el peso en la conciencia de siglos de dominación masculina.

La tristeza de baja intensidad se acumula

en las capas superficiales de los muebles,

–son como el polvo en el camino, no son nada

(un hombre solo una mujer)–

clamaba hace un rato en la música del coche

Paco Ibáñez, cuando volvía de comprar un pan magnífico.

Hay una efervescencia imposible, sueños, caminar

en los bosques húmedos, compostándose,

en la vega estrecha de un río de montaña.

Amarga lucidez, otoño de luz y de levedad,

ansia aprehendedora sin ningún objetivo.

Saldré a correr.