Poema 608: Planificación

Planificación

La idea fue suya, antes incluso de subir al Pinajarro.

Debía de llevar meses siguiendo desplazamientos de auroras,

estudiando la ubicación de cascadas y lagunas glaciares.

Examinamos juntos un rango de fechas y ciclos lunares,

un calendario escolar que fuimos postergando

hasta encontrar unos vuelos decentes y asequibles.

Cuando cerramos la primera fase en agosto

mi hijo ya tenía señalada en un mapa cada visita,

cada punto de interés en una zona acotada de la isla.

Hubo que enfocar para reservar alojamientos,

trazar un plan de viaje y alquilar un coche,

promediar distancias y visualizar emplazamientos.

Al acercarse las fechas indicadas observamos el clima,

un temporal de viento y nieve dificultaría el viaje.

Eligió tres alojamientos estupendos:

la cabaña del lago, que amaneció nevada y casi aislada,

un cubo en medio de una pradera despejada,

y un bungalow de madera con un jacuzzi exterior.

Perseveramos en la observación de las auroras boreales

hasta que en la última noche se manifestó el prodigio:

destellos que asomaban entre las nubes,

formas caprichosas, el baile voluble de los fotones,

una clausura apoteósica en medio de la nieve.

Poema 607: Recuerdos del viaje

Recuerdos del viaje

El viaje se difumina en los detalles,

se agrandan algunas sensaciones

y se pierden sucesiones de momentos

ideas, emociones y preocupaciones.

Pasan los días e Islandia es cada vez más verde

en el concepto, en la idea preconcebida,

en las auroras tan fotogénicas en la noche.

La iglesia de Vik es cada vez más roja

y Gullfoss helada es cada vez más blanca.

La casa del lago se ha convertido en idílica

aún sin café y sin apenas víveres,

desayunando el último sobre de jamón,

caminando por sendas ocultas por la nieve.

No conocí la moneda local, ni apenas islandeses,

vimos muchos más caballos que personas

y decenas de japoneses en cada cascada.

Tuve muy poco tiempo de escritura,

imposible afianzar las impresiones

del frío extremo, de la fuerza de la naturaleza.

El resultado es una amalgama de belleza,

de descubrir un lugar mítico en pocos días,

de haber disfrutado intensamente de cada instante.

Poema 606: ¿Qué te ha gustado más de Islandia?

¿Qué te ha gustado más de Islandia?

Según se alejan los círculos de amistad

me preguntan tópicos: –¿hacía mucho frío?

–¿la gente allí qué come? –

Y yo recuerdo ventiscas de nieve,

Un paisaje todo blanco que antes fue castaño,

torrenteras de agua por doquier,

el blanco azulado o verdoso de una lengua glaciar,

iglesias rurales mínimas rodeadas de tumbas,

pequeñas cruces en el suelo de tierra,

franjas de playa de arena negra volcánica,

y el asombro emocionante de las auroras boreales.

También recuerdo el precio desorbitado de las cosas,

la sorpresa de un faro meridional

bajo el que deberían de pivotar cientos de pingüinos

que no vimos.

Un amanecer junto a un lago, un paseo hollando la nieve,

y siempre la añoranza del estilo plácido de vida

que atesoras en tu hogar.

–¿Qué te ha gustado más de Islandia? –, te dirán,

y responderás con calma que las múltiples sensaciones,

la austeridad y grandiosidad del espacio,

la sencillez tecnológica para el autoturista.

La amistad íntima no pregunta, escucha activamente,

intuye las sensaciones y las ilusiones,

contribuye a expandir el viaje una vez terminado,

a identificar recuerdos y a etiquetar todos los detalles.

Poema 604: Iceland

Iceland

Ventisca de nieve, dolor de frío en la piel,

conduzco un coche que aún no es mío,

automatismo de supervivencia: lo que hay que hacer.

La ciudad nevada duerme,

códigos numéricos facilitan la impersonalización,

luz blanca y calor interior.

Caballos islandeses inmunes al frío,

agreste es la palabra elegida.

Granjas reconvertidas en alojamientos turísticos

vertebran el territorio

y mantienen algunos animales domésticos.

Sagas, epopeyas, un jinete que atraviesa Gullfoss

para unir dos familias de pastores míticas:

se vieron desde ambas orillas de la catarata

y la falla natural nada pudo contra el deseo sexual.

Los pingüinos inexistentes

rivalizan en ocultación con las auroras boreales

entre cielos cubiertos y costas azotadas por el viento.

La ventisca de nieve es efímera y periódica,

también el viento que abre puertas y desata locura.

Los cazadores de reflejos magnéticos

recorrieron decenas de kilómetros en busca de estrellas;

les sonrió la suerte cósmica, verde, improbable y magnífica.

Fue a causa de la perseverancia y la tenacidad.

La aventura es opuesta a la tecnología,

libera sustancias mentales impagables

pese a los inconvenientes físicos.

Sueño con una nieve en polvo volandera

que se desprende de las ruedas de invierno

y aterriza aleatoriamente en el centro auditivo.

Los días de magnificencia natural terminan,

vuelve la rutina laboral y placentera

de máxima exigencia mental.

Poema 603: En medio del caos

En medio del caos

Dice mi hija:

–Un viaje así no lo organiza cualquiera–

Todo era más difícil antes de la era tecnológica,

también más simple e incierto.

Veo cientos de imágenes en las pantallas

verdes pastos, glaciares, arenas negras,

volcanes amenazantes, geiseres,

un atisbo verde difuminado de aurora boreal.

El contraste anunciado de intenso frío

y el calor humeante de las aguas termales.

Paisajes inhóspitos desiertos de humanos,

la luz escasa del invierno aún vigente,

y el vigor de una naturaleza nórdica

que hizo a los vikingos fuertes y agrestes.

Dicen las estadísticas que son gentes amables,

sin apenas población reclusa,

proclives a la igualdad de género,

un pueblo abierto y orgulloso de su naturaleza.

Veo mapas, alojamientos, distancias,

puedo sentir esa sensación térmica en el rostro,

el frío intenso y el viento que llega desde el mar

como una fuerza envolvente inevitable.

El caos está en la mente del viajero

que imagina todas las posibles adversidades,

también todas las maravillas visuales y estéticas.

Comienza la aventura de transitar por la vorágine.